El reto del teléfono

por Fer Población

Ayer viendo una serie vi una imagen que me trajo muchos recuerdos. Vi a un chico joven con el teléfono en la mano marcando el número de la chica que le gustaba. Se oía una voz que respondía. Él se asustaba y colgaba. La clave del tema es que el teléfono era un fijo. Y es que antes, a tu tierna edad de 15 años, cuando lo que se asoma por debajo de la nariz no es más que una pelusilla bastante ridícula, tenía que enfrentarte al terrible reto del teléfono. Porque tú llamabas a la casa de la chica, rezando para que fuera ella la que te lo cogiera, pero podía cogerlo su padre, su madre, su hermano, el perro (vale, aquí estoy exagerando)… Vamos que tocaba conocer a sus padres mucho antes de que ella se hubiera molestado si quiera en saludarte. Qué malos ratos aquellos.

Como anécdota de algo parecido recuerdo a mis 16 años que un día llamó un amigo a mi casa.

– Hola ¿está Fernando?

– Sí soy yo

– Fer, que esta noche salimos, nos emborrachamos y he quedado con unas chicas algo ligeras de moral (cierto, no lo dijo así, pero por si me leen menores…)

– Alberto espera que te paso con mi hijo.

Imaginaos.

¿Y ahora? Ahora si te gusta alguien, las buscas en facebook, le mandas un privado y no te pones ni “colorao”. No voy a negar que es más sencillo lo de ahora, pero ¿de verdad pensamos que más sencillo significa mejor? Últimamente hecho en falta un poco más de valentía, de sinceridad, de ponerse cara a cara delante de una persona y contarle lo que quieres, lo que piensas, lo que sientes.

Y confieso que soy el primero que está cayendo en esa comodidad. Hace poco me apetecía quedar a cenar con una chica. Le mandé un whatsapp. Deberíamos plantearnos más veces si hacemos uso de estos medios (mails, sms, whatsapp, facebook…) por un tema de agilidad o por falta de “arrestos”. Confieso que en el caso mío con esta chica fue lo segundo. Cuando ya tienes el sí, cuando ella ya me había dicho que quería cenar conmigo, todos nos crecemos y vamos relajados siendo previamente  aceptados. Lo de antes, la llamada al fijo, era un salto al vacío sin red. Un acto valiente.

Creo que las personas nos forjamos a base de pequeños actos diarios. Que superar, y no esquivar, una dificultad es lo que nos va haciendo más grandes. Mejores. Lo confieso, quiero volver a cenar con esta chica, pero no sé si no volveré a mandarle un whatsapp.

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