Siesta cerebral

por Fer Población

Ayer cometí un error de principiante. Partamos de algo básico para que me entendáis, vivo solo. El caso es que ayer estaba viendo un ratito la tele después de cenar (sí, la tele, esa cosa que está en el salón y que muchos dicen no ver, pero todos conocen lo que ponen) y me enganché con un capítulo de Castle. Para los que no conozcáis la serie os comento que es una pareja que resuelve crímenes en clave de humor. Este capítulo iba de unos locos que se disfrazaban de zombies. Sé que era una serie, sé que era de humor, sé que los zombies no existen… pero al apagar la luz… oye que tenía yo mi miedito.

Que no lo entiendo, no entiendo la gente que les gusta ir al cine a pasarlo mal… si yo sólo con la música de tensión estoy que muerdo la silla. Y claro cuando dan el susto puedo pegar un bote que mejor no tener una bebida en la mano o hay ducha de coca cola para los de delante mío (la idea de la dicha de coca cola me sigue pareciendo poco agradable Cris).

Y no, no me las voy a dar de cinéfilo, ni mucho menos. Me gustan las pelis tontas, cuanto más tontas mejor. Me gusta “Princesa por sorpresa”, me gustan las pelis de Adam Sandler (sí, habéis leído bien). En este sentido me resulta curioso que los mismos que me miran raro cuando digo que me gustan esas pelis, están de acuerdo conmigo cuando les digo que les gustan las de animación. ¿Una peli sólo puede ser simplemente divertida si está generada por ordenador?

Y a veces me vienen con el tema del humor inteligente. No mezclemos, el humor tiene que ser divertido. El objetivo del humor no es hacer pensar, sino entretener. ¿Hay algo menos inteligente que una caída? Pues poca gente (yo incluído) puede resistirse a una risita al ver una.

Nos pasamos la vida afrontando problemas. En el trabajo, en la familia, con los amigos. Buscamos formas y fórmulas para ir solucionando cada prueba que nos va poniendo la vida. A veces lo conseguimos, a veces no. Si lo conseguimos tendremos que pensar en cómo afrontar el próximo reto. Si fallamos tendremos que pensar el modo de volver a intentarlo. Pensar, pensar, pensar… ¿no creéis que mi cerebro merece una siesta de vez en cuando? Aunque sólo sea de dos horas.

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