Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: junio, 2012

Veranito musical

Mi hermana se llama Macarena (ah aaaaaaaaaah) y a veces tiene unas ideas que son la boooomba. El otro día celebró una fiesta, así que allí me colé y en su fiesta me planté. Coca cola para todos y algo de comer, mucha niña mona, pero ninguna sola. Bueno una sí, así que me acerqué a hablar con ella y al rato pensé, que la detengan, es una mentirosa malvada y peligrosa.

Es lo malo de Madrid en verano, que los que estamos es porque estamos trabajando. No es como por ahí abajo que la gente está de vacaciones, de chiringuitos, en la playa… vamos que está más receptiva. Que para hacer bien el amor hay que venir al sur y de vacaciones, yo quiero bailar toda la noche dando un pasito palante y un pasito patrás.

Verano, calor y un rayo de sol (ou ou ou). En la época en la que más latinos nos ponemos y nos puede dar hasta por bailar un mambo (si es el número cinco como chanel mucho mejor). No hay que olvidar los peligros del verano. Cuidado con los huevos (los de gallina mal pensados), os puede sentar mal la mayonesa y acabar en urgencias.

Como decía lo malo de Madrid en verano es que por mucha que no te quieras enterar, vaya vaya aquí no hay playa, así que o te buscas una chica ye ye que te distraiga o ya te puedes ir apuntando a la escuela de calor. Y si alguien es capaz de bajarte a ver a Madrid en esta época ten claro que vais a ser amigos para siempre (make you always be my friend).

Qué agobio de verano tengo el cuerpo empapado en sudor, se me cae la casa encima ya no aguanto el calor. Habría que mandar un correo a Dios para que bajar el termostato diez graditos. No me llames iluso porque tenga una ilusión. Que con este calor no sé qué le estará pasando al probe Migué que hace mucho tiempo que no sale.

En fin que tendremos que conformarnos con hacer una barbacoa (qué ricos los chorizos palilleros) y pensar que mañana mismo ya es saturday night. Hala os dejo que sigáis cantando mentalmente que fijo lleváis ya un rato haciéndolo.

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Amigos por pelotas

Ayer, como casi todos los españolitos, estuve viendo el partido de España. En mi caso en un bar (querencia a tablas que tiene uno). Fueron unas dos horas de emociones, sustos, gritos, saltos… y en este caso, como viene siendo habitual últimamente, con un final feliz. Pero no, no os voy a hablar de fútbol. Lo que me llamó la atención pasó al terminar el partido.

Se me acercó un chico, me saludó y me dijo “hola soy Manolo (lo mío con los nombres no es normal, no recuerdo ni uno oye) es que hemos visto el partido juntos… habrá que presentarse”. Curioso. El ver el partido ya era un nexo de unión, era algo que habíamos vivido juntos, era algo que no habíamos decidido, pero habíamos compartido.

Y es que es verdad que al final conoces a personas de las formas más insospechadas. Dejando de lado romanticismos de película en plan el amor puede estar en cualquier parte, prefiero pensar que puedes hacer amigos hasta viendo la tele. Y tal y como están las cosas… hay que hacer amigos, que eso es gratis.

“Noticias”

En agosto… hace calor. Parece una tontería por lo evidente ¿verdad? Pues esta noticia nos la encontramos todos los años en el telediario. Yo estoy por grabar un año esta noticia y comprobar el vídeo al año siguiente a ver si simplemente la han vuelto a poner. Evidentemente lo digo en broma. Aparte tengo varios amigos y conocidos que tienen que ponerse año tras año con Lorenzo en todo lo alto a contarnos que en agosto hace calor ¿de verdad que hace falta que nos lo digan?

Pero no es la única noticia de relleno, que no aporta demasiado. Los topicazos en navidades se disparan. Una mujer ha dado a luz al primer bebé del año. Bueno… las mujeres embarazadas suelen dar a luz bebés… si hubiera parido un puma eso sí que sería noticia. Gente feliz por que le ha tocado la lotería. Lo raro sería que un premiado se suicidara por depresión al enterarse, vamos digo yo. Estudiantes haciendo la selectividad. Noticia sería que se negaran todos a hacerla (mejor no doy ideas).

El refranero popular dice que de donde no hay, no se puede sacar. Que si no hay noticias, pues no las hay. Que como siga así la cosa me temo que en breve nos contarán que a mi prima le ha salido su primer diente o que en una panadería de Cuenca tienen dos por uno en chapatas.

Por cierto ¿os han dicho que en junio también hace calor?

La señora de

Muchos sabéis que me llamo Fernando Población Población (para los que no lo sabíais, sorpresa). El caso es que, logicamente, cuando a mi madre le piden el nombre en alguna tienda, al hacer un pedido, reservar algo… dice Macarena Población. Y seguro, seguro, que mucha gente pensará que mi madre va con aires de grandeza habiendo adoptado el apellido de su marido. Punto número uno, opinar sin tener toda la información suele dar lugar a metidas de pata. Punto número dos ¿de verdad que a estas alturas alguna mujer se siente cómoda siendo simplemente la señora de? Acabo de darme cuenta de que me falta un matiz, y es que sea una mujer joven.

Y es que eso de mujer de me suena a la guarnición de un plato, los sugus azules, la ensalada de col de las hamburgueserías (¡cuántos kilos de eso se tirarán al año?), los folletos que te dan por la calle, un segundo entrenador… vamos a algo de “acompañamiento”. Lo que era una mujer florero en tiempos de cine casposo (¡que vienen las suecas!).

No me gusta. El único momento en que lo acepto es referido a señora de la limpieza, que suena mucho mejor que chacha y muchísimo mejor que el apelativo, según ella cariñoso, que empleaba una amiga mía: esclavilla.

Mi hermana se ha casado este fin de semana. Mi hermana es la mujer de Juan Mata, pero no la señora de Mata. Igual que Juan no es el señor de Población. El señor Población era mi abuelo, mi padre es Don Fernando y yo… yo soy Fer.

Desde Polonia con amor

Últimamente con esto de la Eurocopa no hago más que pensar en otros países. Con los que jugamos, con los que vamos a jugar, con los que no jugamos, pero veo el partido…  el caso es que, lejos de lo que pensaba, me estoy dando cuenta de que no tengo tanto odio a otros países como pensaba, es más, me caen bien ¿me estaré haciendo mayor?

Puede que los franceses se miren mucho el ombligo, que pongan lo suyo por encima de todo. A mí eso me da cierta envidia. Si creyésemos en lo que tenemos en España la mitad de lo que creen ellos en sí mismos quizá no estaríamos metidos en este lío. ¡Y que venga alguien a decirme que no le gusta un buen cruasán!

Todos sabemos que a los ingleses no les sienta muy bien beber, pero tienen su extrema puntualidad y ese humor tan británico que nos ha dado personajes como Mister Bean (mmm esto no sé si es bueno o malo). Me gusta el respeto que tienen a las tradiciones. Me gustan sus valores, su sentido del honor.

A Alemania le tengo un cariño especial. Ya sé que en este momento con Merkel haciendo la puñeta queda mal decirlo, pero es así. Primero admiro a los alemanes por la capacidad de trabajo. Por cómo han sabido reconstruir su país a base de esfuerzo. Me gustan porque son gente directa, clara, honesta. Gente que va de cara y que se visten por los pies. ¡Y tienen unas jarras de cervezas que te puedes hacer unos largos!

Con los italianos tengo una anécdota curiosa. Hace años estaba de copas con unos amigos en una discoteca en Budapest. Se nos acercó un húngaro y me dijo… vosotros sois españoles. Yo, a cuadros, le respondí que por qué lo sabía. Fácil, dijo, son las cinco de la mañana, todos estamos muertos y vosotros seguís tan contentos, lleváis toda la noche a copas y chupitos, tonteando con la camarera y hablando con todas las chicas. Yo le comenté que podíamos ser italianos, pero no, según él si fuéramos italianos habríamos metido mano a las mujeres. Pues eso, que los italianos son como nosotros, pero algo más gamberretes.

Me dejo muchos países, lo sé, pero lo que quiero decir es que en tiempos que gracias al low cost viajar es relativamente barato, a más de uno le vendría bien salir a ver lo que hay fuera. Que sí, que en España se vive muy bien, eso es cierto, pero ni somos perfectos, ni tenemos toda la verdad. Ya vale de ver sólo lo negativo de los que no son como nosotros. Vamos a fijarnos en lo positivo que tenemos mucho que aprender y el saber no ocupa lugar.

A mí sí

¿Os gusta cuando alguien os sonríe por la calle? A mí sí. En ese momento siente unas pequeña afinidad con esas persona pese a no conocerla de nada. Parece que no estamos tan solos en el mundo, que no vamos cada uno por nuestra cuenta. Y lo bueno es que te dan ganas de sonreír a la siguiente persona con la que te cruzas y, a lo mejor, si hay suerte, vas a conseguir provocar la misma sensación agradable que tú has tenido.

¿Os gusta cuando alguien os llama simplemente porque se ha acordado de vosotros? A mí sí. Son las llamadas que más me gustan, Esas de simplemente quería saber cómo estás, cómo te va todo. Son llamadas que implican un te echo de menos que, no por no pronunciarse, deja de estar menos claro. Por desgracia estas llamadas escasean. En el mundo de prisas que vivimos estamos perdiendo esos momento importantes para echar de menos. Deberíamos hacer más llamadas de esas.

¿Os gusta cuando os encontráis a un amigo que hace tiempo que no veis por casualidad? A mí sí. Muchas veces estamos tan metidos en nuestra rutina del día a día que vivimos adormilados y pendientes de la próxima tarea que llevamos apuntada en nuestra lista. Estos encuentros son llamadas de atención, golpes de realidad, son paréntesis en el gris del día a día. Y nos dan alegría, energía. Lo malo es que muchas veces suelen concluir en un “a ver si nos vemos” que queda en eso, en una intención.

¿Os gusta miras a alguien y se sonroja? A mí sí. Aunque hace muchísimo que no me pasa. No sé si es que no causo ese efecto o simplemente que las personas con la edad hemos aprendido a domar nuestras mejillas.

A mí me gustan las sonrisas espontáneas, las llamadas sin motivos, los encuentros casuales y los sonrojos ajenos. Al menos a mí sí me gustan.

Promesas que no valen nada

Esta mañana al salir a la calle me he dado cuenta de dos cosas fundamentales. Primera. Ponerse una camisa de lino un día que llueve es una mala idea. Vas por la calle haciendo un amago de concurso de camisetas mojadas, con la diferencia que ni tienes “motivos” para hacerlo, ni nadie te lo ha pedido. La segunda cosa de la que me he dado cuenta es de que no tengo paraguas.

Más de dos años en mi piso de Madrid y sigo sin paraguas. Evidentemente alguna vez ya me he calado por la calle por no tenerlo. Pues sigo sin él. Días como hoy son los que prometes que según sales del trabajo te vas a comprar uno, aunque sea en los chinos. Todos sabemos que no lo voy a hacer. Saldré a la calle, ya no lloverá y pensaré… bueno mañana en un segundito lo compro. Las promesas a nosotros mismos son las que más nos cuesta cumplir.

¿Quién no tiene una caja llena de papeles pendiente de ordenar? ¿un cuadro que hay que colgar? ¿una camisa a la que hay que coserle un botón? Son esas insignificantes tareas pendientes que pueden estar ahí años esperando que nos lancemos a por ellas. Y entras en casa, y el cuadro apoyado en el suelo te mira, y tú lo miras a él. La tensión se puede cortar con un cuchillo. Hasta que suspiras, miras a otro lado y piensas… mañana lo cuelgo.

Pues eso, que mañana me compro un paraguas.

A la vuelta de la esquina

Me llama la atención la obsesión que tenemos las personas con las esquinas. Si queremos decir que algo está cerca decimos que está a la vuelta de la esquina… pero vamos a ver… ¿de qué esquina? Con la cantidad de calles que hay en Madrid, me da a mí que tiene que haber unas cuántas esquinas también. A la tienda de cerca de casa la llamamos la tienda de la esquina, igual que al bar. No hay persona que se precie de vivir en una ciudad que no tenga su tienda de comestibles de la esquina (ahora se llaman chinos) y su bar de la esquina. Lo curioso de todo esto es que muchas veces ambas están en media de una manzana, vamos que de la esquina nada.

Las esquinas nos fascinan y traumatizan. Tenemos encerrado ese miedo desde pequeños cuando, con mucha crueldad por cierto, nuestros padres o profesores nos castigaban al rincón, de cara a la pared por supuesto. ¿Es que no había otro sitio? Y claro ya de mayores miramos las esquinas con recelo y cierto miedo. En muchos libros encuentras la frase de fue sorprendido al girar la esquina, vamos que yo por lo menos, que soy algo miedica como ya os he dicho, si tengo que girar una esquina de noche le doy cierta distancia para poder mirar al otro lado. Y vamos que una mujer de la esquina… todos sabemos lo que es.

Sólo hay un caso, al menos que yo sepa, en el que la esquina contenía algo con encanto, con gracia. Era “La tienda de la vuelta de la esquina” ¿recordáis de qué película es?

Dudas

Tengo dudas la verdad. Todos los días desde la oficina me asomo en este rincón a contar algo que se me pasa por la cabeza. No siempre tiene mucho sentido, no siempre es muy profundo. Lo que noto es que (con salvedades) no consigo llegar. No logro que a la gente le interese lo que digo, lo que cuento.

Y la verdad, viéndolo así ¿tiene sentido seguir chillando en el desierto? Creo que no.

Por eso puede que esta sea la última vez que escriba aquí. Muchas gracias a los que me habéis dedicado un ratito de vuestro tiempo.

chaqués de usar y tirar

Después de un par de meses y unas cuatro pruebas (no digo que sea mucho, sólo digo que ha sido así) ayer por fin me pude llevar mi chaqué nuevo. Bueno… más que chaqué nuevo, mi chaqué, que sino parece que tengo varios y no es así. El caso es que cuando comenté a varias personas que me iba a hacer uno el comentario general era… Pues vaya tontería. Total si es para usarlo sólo un día. Yo para la boda de mi amigo Manolo (por ejemplo) me fui a una tienda que me costó 150 euros alquilarlo y además lo estrené yo…. Oye ya es casualidad. Todo el mundo que ha alquilado un chaqué lo han estrenado ellos ¿Serán chaqués de usar y tirar? Sino no me lo explico. Igual es que en la tela de estos chaqués las mafias introducen droga o algo así… sino no tiene sentido.

Y es que a la gente le encanta darte leccioncitas con lo que compras o dejas de comprar, lo curioso es que todo el mundo lo hace a posteriori. Te compras una camisa… anda pues yo conozco un sitio que te venden esta misma camisa a la mitad de precio… ¿no podías habérmelo dicho antes?

Pues sí, me he comprado un chaqué. No sólo eso, sino que me lo he hecho ha medida. Y sí, puede que me lo vuelva a poner dos veces más en la vida. Pero me apetecía, me hacía ilusión y me sienta genial (sé que queda muy presuntuoso decir eso, pero es cierto).

El agobio de mis paredes pistacho y mi pseudovida en Madrid se sobrelleva a base de pequeños detalles como éste. No es consumismo, es reilusionarse.