A la vuelta de la esquina

por Fer Población

Me llama la atención la obsesión que tenemos las personas con las esquinas. Si queremos decir que algo está cerca decimos que está a la vuelta de la esquina… pero vamos a ver… ¿de qué esquina? Con la cantidad de calles que hay en Madrid, me da a mí que tiene que haber unas cuántas esquinas también. A la tienda de cerca de casa la llamamos la tienda de la esquina, igual que al bar. No hay persona que se precie de vivir en una ciudad que no tenga su tienda de comestibles de la esquina (ahora se llaman chinos) y su bar de la esquina. Lo curioso de todo esto es que muchas veces ambas están en media de una manzana, vamos que de la esquina nada.

Las esquinas nos fascinan y traumatizan. Tenemos encerrado ese miedo desde pequeños cuando, con mucha crueldad por cierto, nuestros padres o profesores nos castigaban al rincón, de cara a la pared por supuesto. ¿Es que no había otro sitio? Y claro ya de mayores miramos las esquinas con recelo y cierto miedo. En muchos libros encuentras la frase de fue sorprendido al girar la esquina, vamos que yo por lo menos, que soy algo miedica como ya os he dicho, si tengo que girar una esquina de noche le doy cierta distancia para poder mirar al otro lado. Y vamos que una mujer de la esquina… todos sabemos lo que es.

Sólo hay un caso, al menos que yo sepa, en el que la esquina contenía algo con encanto, con gracia. Era “La tienda de la vuelta de la esquina” ¿recordáis de qué película es?

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