Promesas que no valen nada

por Fer Población

Esta mañana al salir a la calle me he dado cuenta de dos cosas fundamentales. Primera. Ponerse una camisa de lino un día que llueve es una mala idea. Vas por la calle haciendo un amago de concurso de camisetas mojadas, con la diferencia que ni tienes “motivos” para hacerlo, ni nadie te lo ha pedido. La segunda cosa de la que me he dado cuenta es de que no tengo paraguas.

Más de dos años en mi piso de Madrid y sigo sin paraguas. Evidentemente alguna vez ya me he calado por la calle por no tenerlo. Pues sigo sin él. Días como hoy son los que prometes que según sales del trabajo te vas a comprar uno, aunque sea en los chinos. Todos sabemos que no lo voy a hacer. Saldré a la calle, ya no lloverá y pensaré… bueno mañana en un segundito lo compro. Las promesas a nosotros mismos son las que más nos cuesta cumplir.

¿Quién no tiene una caja llena de papeles pendiente de ordenar? ¿un cuadro que hay que colgar? ¿una camisa a la que hay que coserle un botón? Son esas insignificantes tareas pendientes que pueden estar ahí años esperando que nos lancemos a por ellas. Y entras en casa, y el cuadro apoyado en el suelo te mira, y tú lo miras a él. La tensión se puede cortar con un cuchillo. Hasta que suspiras, miras a otro lado y piensas… mañana lo cuelgo.

Pues eso, que mañana me compro un paraguas.

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