La señora de

por Fer Población

Muchos sabéis que me llamo Fernando Población Población (para los que no lo sabíais, sorpresa). El caso es que, logicamente, cuando a mi madre le piden el nombre en alguna tienda, al hacer un pedido, reservar algo… dice Macarena Población. Y seguro, seguro, que mucha gente pensará que mi madre va con aires de grandeza habiendo adoptado el apellido de su marido. Punto número uno, opinar sin tener toda la información suele dar lugar a metidas de pata. Punto número dos ¿de verdad que a estas alturas alguna mujer se siente cómoda siendo simplemente la señora de? Acabo de darme cuenta de que me falta un matiz, y es que sea una mujer joven.

Y es que eso de mujer de me suena a la guarnición de un plato, los sugus azules, la ensalada de col de las hamburgueserías (¡cuántos kilos de eso se tirarán al año?), los folletos que te dan por la calle, un segundo entrenador… vamos a algo de “acompañamiento”. Lo que era una mujer florero en tiempos de cine casposo (¡que vienen las suecas!).

No me gusta. El único momento en que lo acepto es referido a señora de la limpieza, que suena mucho mejor que chacha y muchísimo mejor que el apelativo, según ella cariñoso, que empleaba una amiga mía: esclavilla.

Mi hermana se ha casado este fin de semana. Mi hermana es la mujer de Juan Mata, pero no la señora de Mata. Igual que Juan no es el señor de Población. El señor Población era mi abuelo, mi padre es Don Fernando y yo… yo soy Fer.

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