Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: junio, 2012

Magdalena de luto

Vender magdalena en la puerta de un funeral no es bonito. Vale que las niñas tenían unos 12 años, pero… Oye Manolo lamento mucho tu pérdido ¿quieres una magdalena? Queda raro. El don de la oportunidad es algo que estamos perdiendo. La gente empieza a ir tanto a lo suyo que le da igual ocho que ochenta.

No confundamos ser poco oportuno con meter la pata. El resultado es el mismo, pero depende de la intención. En metidas de pata soy todo un expertos. Las tengo de todos los colores y sabores (por cierto las magdalenas ni siquiera eran de chocolate), pero una de las más grandes que recuerdo me sucedió hace unos años en Salamanca. Iba yo camino a mi casa despistado (como siempre) pensando en mis cosas (como siempre) cuando me saluda un amigo al que yo ni había visto (como siempre). Estaban un grupito de conocidos en la puerta del local y comenté… “Venga vamos para dentro y tomamos una caña”. Respuesta: “Fer esto es un funeral”. Tierra trágame.

Recuerdo otra bastante antológica. Yo trabajaba en el periódico de Salamanca, vamos en La Gaceta (hay otro, pero no hay color) y me mandaron una noche a entrevistar a Drag Queen. Llego al bar de la actuación, le hago unas fotos y quedamos en que al día siguiente hablamos por teléfono y le hago la entrevista. El caso es que al día siguiente “el teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura”. Los que trabajáis o habéis trabajado en prensa sabéis que la página ya estaba pintada. Para los ajenos a los medios os comento que el espacio que se dedica a cada artículo está asignado desde por la mañananita. Es decir, que si tengo espacio para una entrevista, y no tengo entrevista, lo que tengo es un problema.

Llamo a la relaciones del bar donde fue la actuación. Me da el fijo de su casa. Llamo y responde un señor:

– Buenas tardes podría hablar con Manolo (por ejemplo)

– No está en casa ¿de parte de quién?

– Soy Fernando Población de La Gaceta

– Vaya, perdone ¿para qué quiere hablar La Gaceta con mi hijo?

– Por su actuación como drag queen de ayer

– ¡Que mi hijo qué!?

Muy bien Fer, lo has vuelto a lograr. Creo que ya habéis pillado la diferencia entre ser inoportuno y meter la pata. De todos modos os digo, no le des recetas de cocina a una persona que está a régimen. No hables del día de la madre a un huérfano. No te acoples a un viaje romántico de una pareja. No metas en un tuper y te lleves a tu casa la comida que tu madre iba a servir en una fiesta al día siguiente. Y sobretodo, y por favor, no vendas magdalenas en la puerta de un funeral… o al menos que sean de chocolate.

Anuncios

Invasión gatuna

No me gustan los gatos. No me caen bien. Los veo ariscos, independientes, intrigantes, pasotas… me da la sensación que un gato podría tenerte a ti de dueño o a cualquier otro y le iba a dar bastante igual. Con tener comida y agua el “suministrador” es lo de menos. Los gatos miran por encima del hombro. Los gatos te juzgan y te lanzan una mirada al salir de casa en plan “pero dónde vas con esa cara”.

Queda claro que no me gustan los gatos (y para gustos los colores). El problema es que cada vez hay más gente que tiene gatos. Vivimos más solos, en espacios más pequeños y tenemos menos tiempo… y hay que reconocer que con esos condicionantes los gatos sí que se adaptan mucho mejor que sus enemigos perrunos. Lo que nos pasa en el fondo es que queremos algo que nos haga compañía, que haga que no nos sintamos tan solos. Llámalo tele, gato, tamagochi…

Hay una frase que escucho mucho. “A mí tampoco me gustaban los gatos, pero es que el mío…” El tuyo es un gato, con patas de gato, bigotes de gato, andares de gato y actitud de gato. ¡Un gato!

Si viviéramos en un mundo perfecto todos tendríamos un chalet, con psicina, con jardín, con amigos, con buen tiempo… ¡y un perro! Por desgracia muchos vivimos solos en un piso pequeño y sin mucho tiempo libre. Podéis conformaros con un gato. Yo prefiero el tamagochi.

Los rescatadores

Me acuerdo de unos dibujos animados que se llamaban así, Los Rescatadores, y nadie me puede decir que no viene mucho a cuenta hoy. Pero no, no es mi idea hablar de política o de economía por dos razones fundamentales, primero porque no soy ni mucho menos un experto y segundo porque me aburre soberanamente el tema. De lo que sí que estaremos todos de acuerdo es que la cosa pinta mal. Poco a poco los países europeos se dan cuenta de la situación de España y va a ser complicado sorprenderlos como hacíamos hace unos años. Nuestro planteamiento y nuestra forma de encarar los retos ya no son tan válidos ni tan aplaudidos… y es que claro… a quién se le ocurre jugar sin un delantero para fijar las defensas…

Que sí, que por mucha crisis, mucho rescate, mucho Rajoy o Rubalcaba… a nosotros lo que nos importa es la Eurocopa. Vaya por delante que me gusta el fútbol. Veo los partidos del Madrid (campeón de liga ejem), de la selección y si me aburro hasta puedo verme los del Castilla. Pero algo pasa cuando el país se hunde y estamos pensando en si hay que jugar con uno o dos mediocentros. De verdad que deberíamos hacérnoslo mirar.

Volviendo a los dibujos de los que hablaba recuerdo que los protagonistas eran chip y chop (dos ardillas). ¿De verdad que nadie se ha dado cuenta que las ardillas en realidad son ratas de cola ancha? El publicista de las ardillas es un genio… es el único roedor al que vemos como entrañable. La gente da de comer ratones a las serpientes (otra mas cota absurda), pero ¿alguien le daría una ardilla? Uy no, eso sería muy feo.

Y ya para terminar de liarme hoy… ¿soy yo o a Rajoy le cuesta tanto decir la palabra rescate como en su día a Zapatero decir crisis? En fin, cosas que se me pasan por la cabeza. Perdonarme, es lunes.

Camino del altar

A la gente buena le pasan cosas buenas. No sé dónde he oído esta frase, en una película, me la ha dicho alguien, lo he pensado yo… no me acuerdo. El caso es que es una frase en la que creo, en la que quiero creer, necesito creer. Y en nada voy a tener un perfecto ejemplo de ello… mi hermana se casa.

Recuerdo perfectamente el día que nos lo dijeron… me quedé sin palabras. Yo, sin palabras, raro eh. Y es algo que, como diría el rey, me llena de orgullo y satisfacción. Para un hermano mayor no hay nada mejor que ver felices a sus hermanas, y éste es el caso. Uy que me estoy emocionando.

A la gente buena le pasan cosas buenas, y qué mejor que encontrar la persona indicada para compartir tu vida.

Envidia ajena

Ayer iba andando por la calle camino a la oficina (otra vez). Notaba que la gente me miraba con una mezcla entre odio y envidia. No era algo casual. Con cada persona que me cruzaba notaba esa mirada por encima del hombro, ese leve giro del cuello, un ligero fruncimiento de ceño. No lo entendía… me miré de arriba abajo buscando el motivo… Llevaba un polo liso, es decir sin banderas, ni imágenes, ni frases (mi hermana Reyes tiene una camiseta que me hace gracia que pone “If you thinck I am a bitch wait until you meet my sister”). Entonces ¿qué le pasaba a todo el mundo conmigo?

Luego ya me di cuenta, lentito que es uno. Me estaba comiendo un helado. Parece que por fin la señora del puesto de Frigo (toma publicidad) de la calle Génova y yo nos vamos poniendo de acuerdo. Que yo entiendo que las cuatro de la tarde es una hora que da mucha pereza meterse a trabajar… pero señora… son las horas de más calor.

Yo no sé vosotros, pero a veces en el proceso de compro de un helado me siento como un auténtico yonki de las barranquillas. Lo primero es el mono. No te apetece un helado, lo necesitas. Y puede tanto tu ansia de helado que es de las pocas cosas que puede hacerte levantar del sofá, tumbona, toalla, hamaca… y vas hacia esa casetilla cutre donde se supone que venden helados, pero que te venden desde eso hasta pilas, pasando por flotadores y cámaras de fotos de usar y tirar. Y llegas. Si tienes suerte no tienes que esperar, pero si no la tienes comienzas a rebuscar en los bolsillos las monedas. Si no te llega para lo que querías comienzas a mirar opciones más baratas. No importa tú lo que necesitas es tu dosis. Con tu helado ya en la mano, allí mismo comienzas a degustarlo sin esperar ni medio segundo. Te vence el ansia.

Como iba diciendo parece que mi camella y yo poco a poco nos vamos poniendo de acuerdo. Ayer, tras abrir la temporada de helados del verano 2012, creo que tendré que hacer enormes esfuerzos para no caer en sus redes. Estoy enganchado. Pero quién se resiste a un magnum, con su chocolate crujiente, sus almendras, su vainilla cremosa… creo que más de uno de vosotros ahora mismo me odia, pero cuando os toméis vuestro helado acordaros de mí.

Los mundos de yupi

Yupi era la imitación mala de Espinete. Un quiero y no puedo. Un bicho grande, de sexo confuso, amigable… Yupi es un ejemplo claro de coger una idea que ha tenido éxito y tratar de volver a desarrollarla. Pero todos sabemos que nunca segundas partes fueron buenas. Ejemplos en ese sentido hay varios. No hay más que pensar que en breve van a emitir un remake de Dallas, que he visto capítulos de Los Ángeles de Charlie 2012, que al mayordomo de Tenn le han tenido que hacer un lifting, pero sigue con el mismo uniforme de rayas verdes y negras…

Y esto si nos referimos a la televisión, pero en la música nos encontramos con lo mismo. Jennifer López hace nada ha hecho una versión de la Lambada… Dicen que las modas siempre vuelven. Vamos que si tienes un vestido de tu abuela, lo puede pasear orgullosa diciendo que es vintage. Es preocupante.

¿Ya hemos inventado todo? ¿no queda nada nuevo, ninguna idea que podamos aportar al mundo? Realmente no hemos cambiado tanto en estos últimos años. Menos de lo que pensábamos o esperábamos. La prueba de ello es que si vemos alguna película futurista rodada en los 80… veían el año 2000 lleno de coches voladores, comida en tubos, teletransporte… oiga pues no.

Hemos caído en una enorme crisis de creatividad, de imaginación. De nuevas apuestas, nuevas ideas. Hemos recogido el modelo y costumbres de la generación pasada y nos limitamos a ponerle pequeños parches para la futura. Parece que es suficiente. Qué pena.

Navidades en Agosto

Tengo algunos amigos que viven en el hemisferio de más abajo, o que son de ahí pero viven en este. El caso es que una de las cosas que siempre me han resultado más extrañas es asociar la navidad con el verano. Blanca navidad… ni de broma. No nos engañemos, la navidad está pensada para que haga frío. Para empezar, ¿os imagináis a Papá Noel con ese traje, botas, gorro… paseando por Sevilla en agosto? Fijo que le tiene que ir siguiendo una ambulancia del Samur porque no dura ni dos telediarios. Como forma de adelgazar la veo algo agresiva la verdad.

Pero pensemos si ahora nos da por encender en agosto las chimeneas de las casas… muy bucólico, muy bonito, romántico si quiere… pero… ¡muy peligroso! Que los pirómanos fijo que nos denunciaban ante la UE por competencia desleal. Mamá, mira cuántas luces de navidad en las montañas… no hijo, es un incendio.

¿Y las comidas? ¿Pero de verdad que alguien se puede meter un cordero, pavo o similar un 25 de agosto? Hospitales llenos de cortes de digestión y los vendedores de almax y sales de frutas haciendo su agosto… en agosto (mira, esto sí tiene sentido).

Los Reyes Magos irían desnudos debajo de las túnicas. Como los señores con gabardina. Por cierto ¿alguien ha visto a algún señor de estos? No es que tenga interés, es que quiero saber si existen o son una leyenda urbana como la explosión frontal de Ana Obregón, la nocilla de Ricky Martin o la carne de rata del Burger King.

Los camellos… eso sí que estarían encantados. Los pobres bichos estaban hartos de pasar frío. Que son del desierto hombre. En agosto iban a estar mucho más calentitos y contentos (estamos hablando de los de cuatro patas, que nadie se haga ilusiones).

En fin, mejor dejamos las navidades donde están. ¿Os habéis dado cuenta de lo mucho que necesito vacaciones?

Hola

Hola. Sí, me refiero a ti. A la persona que está leyendo estas líneas ahora mismo. No sé si estás en tu casa, en tu oficina, en un bar, un aeropuerto… pero el caso es que te has molestado en dedicarme estos minutos. Gracias.

El caso es que poco a poco me voy sintiendo más cómodo en este espacio que voy creando. Me gusta que os guste. Me gusta compartir mis ideas, mis locuras, mis reflexiones. Y me sigue sorprendiendo que muchos de vosotros me hagáis comentarios cuando nos vemos acerca de alguna de las cosas que me ha dado por escribir.

Dos frases que me han llamado la atención. Me han dicho que tengo la capacidad de saber expresar lo que muchos piensan y que por las mañanas en el trabajo buscan mi texto del día para tener un respiro. Eso llega.

No puedo negar que necesito que sigáis ahí. El hecho de saber que estáis pendientes de lo que vaya a escribir es uno de los motivos principales para seguir haciéndolo. No todos los días tengo ganas y no todos los días tengo el mejor de los humores para encarar esta tarea. Más en esta época que las cosas no están del todo bien y hay tendencia al pesimismo. Pero me ayudáis con vuestras exigencias (y alguna regañina) a volver a abrir esta página y seguir juntando letras. Gracias.

Se nota que hoy es lunes. Estoy con menos energías, más distraído, menos entusiasmado… pero que nadie olvide que sin los lunes no podrían existir los domingos.

Los viernes al sol

¿Los lunes al sol? No, yo los lunes los paso metidos en mi cuarto pistacho. Pero hoy es viernes. Me he puesto un polo de viernes, me he colgado mi sonrisa de viernes, tengo actitud de viernes. Hoy, al salir de estas paredes, sí que voy a estar al sol. ¡Que además hace bueno! Todo este mensaje positivo, agradable y esperanzador se rompe cuando recuerdo un pequeño matiz. Tengo alergia.

Dios hizo el mundo en siete días… y se nota. ¿Pero en qué momento se le ocurrió crear la alergia? ¿en el mismo que creó los mosquitos? Dios tiene que tener novia, mujer o esposa, porque sólo una mujer es capaz de cabrearnos tanto para tener tan malas ideas. Y es que encima la alergia me ha llegado así, sin avisar. Hola, soy tu menstruación. No, hola soy tu alergia.

Síntomas alérgicos: ojos inyectados en sangre al estilo de antaño cuando se podía fumar en los bares y aquello parecía Londres (parece que fue hace siglos). Nariz al estilo reno Rodolfo roja y moqueante hasta el punto que el kleenex se considera ya prolongación de la nariz. Estornudos continuos y constantes:. No tos, estornudo… de esos que parece que te vas a romper y al terminar una serie prolongada (se han dado casos de muerte por agotamiento estornudil) parece que has corrido la Maratón de Nueva York un día de resaca.

Al final me paso el invierno acatarrado y el verano con alergia. Mocos por doquier. Vamos que si alguien quiere hacerme un regalo al estilo abuela (de eso que “te va a venir muy bien”) que me regale un cargamento de pañuelos. Dicen que el mundo es un pañuelo… yo de mocos voy sobrado.