Sacarina por favor

por Fer Población

Ya lo he comentado alguna vez, pero lo que más nos gusta es engañarnos a nosotros mismos. Ayer fui a comer con mi hermana Reyes y su marido (no me acostumbro aún eh) y la verdad que nos pusimos las botas. Me acordé entonces de esas escena que creo que todos hemos visto. La escena sería algo así como: vemos a un hombre (o mujer, nada de sexismos) que se sienta a comer. Se pide de primero una fabada, de segundo un entrecot y de postre flan (podemos cambiar los platos, pero lo que importa es la idea), eso sí… ¡el café con sacarina!

Pero vamos a ver… ¿de verdad que piensan que quitando un mini sobre de azúcar la comida pasa a ser light? ¿qué tipo de magia es esa? Me recuerda un hombre que trabaja en mi oficina… siempre está a régimen, pero yo le he visto tomarse cuatro huevos fritos después de comer (prometo que no estoy exagerando). El día que con esa dieta consiga perder un gramo, que la patente que se hace de oro fijo. Hasta hoy no ha perdido ni un gramo, claro.

Otros ejemplos de mentiras varias pueden ser cosas como, no importa comerme dos tarros de guindillas, me he tomado un vaso de aceite al salir de casa. No pasa nada por tomarme quince copas, he bebido un par de botellines de agua y he ido al baño. Tranquilo, nos hemos dejado las llaves dentro, pero la puerta se abre con una tarjeta de crédito.

En fin, que nos ponemos las mayores excusas para ignorar la realidad y buscar la felicidad. A fin de cuentas la realidad es sólo una alucinación producto de la falta de alcohol.

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