La ciudad desierta

por Fer Población

El efecto de las vacaciones se nota en Madrid. Poco a poco la ciudad se va vaciando de gente y los que nos quedamos vamos estando más solos. Habrá quienes digan que estar en agosto en Madrid es una delicia porque se puede ir sin agobios a ningún lado. Dos opciones, o se han olvidado de los 40 grados o no quieren asumir que algunos, como yo, no tenemos vacaciones hasta setiembre.

Entre que hay menos gente y la crisis, los restaurantes se ven cada vez más vacíos. Se comenta que han visto a varios camareros por la calle pidiendo comandas… pídame una lubina por favor, que tengo cuatro hijos. Desolador. Los taxistas han empezado a hacer juramento sobre la Biblia de elegir la ruta más corta delante del cliente, para que la gente recupere la fe en ellos. Dejan de lado comentarios como… es que esto es un atajo… ya pero esa calle está cortada… por aquí hay mejores vistas… desolador.

En las oficinas del paro se han montado dos colas paralelas. Una, la de aquellos que van a sellar la cartilla. La otra la de mendigos que van a pedir limosna, y es que en estos sitios es el único punto en el que se asegura que vaya a haber gente. Desolador. Miembros del Gobierno se han puesto en contacto con publicistas. Si las rebajas tienen tan buena acogida, quieren hacer lo mismo con los recortes. Se proponen sloganes como tus recortes y cada día los de más gente y los almacenes de moda son el Re-corte Inglés (o alemán, depende del caso). Desolador.

Los camareros de bares de copas empeñan su sueldo en servir gratis a clientes por aquello de no estar solos, su ego después de un tiempo tras la barra necesita de una atención que no se les puede quitar de golpe a los pobrecitos. Desolador. Las “mujeres de vida alegre” buscan trabajos de asistentas, a fin de cuentas, lo suyo es el polvo. Desolador.

Y en todo este follón, y para rematar la faena, tenemos funcionarios, mineros, indignados… todos juntos y protestando por la calle. Pues eso, desolador.

Anuncios