Recuerdos del pasado

por Fer Población

Ayer mientras me vestía me di cuenta de que en la etiqueta de mis calzoncillos había cosido un botón. Vaya… y este ¿dónde se abrocha? pensé… no vamos a hablar del agujero que tenía más cercano porque no van por ahí mis intenciones, pero entonces me di cuenta, que ese botón que se asomaba orgulloso ahí, y que lamento que tenga aún peores vistas que yo en su lugar de trabajo, se trata de un botón de repuesto. Un por si acaso. Fue entonces cuando entendí que esta costumbre de situar botones extras en las prendas viene de antaño, de tiempos pasado. Estimados señores fabricantes de prendas, o ponedores de botones (según sea el caso) déjenme explicarles el proceso que ocurre con estos botones hoy en día. Tengo una camisa (seguir hablando de calzoncillos ya me parece soez) a la cual se le ha caído un botón. Puede que me lo haya arrancado una mujer en un arrebato de pasión (ya me gustaría) o puede que mi protección estomacal frontal y lateral (los envidiosos lo llaman michelín) haya forzado el suicidio de dicho botón. El caso es que tengo el botón de repuesto, el sitio dónde debe ir situado y… ¿ahora qué? ¿lo grapo? ¿lo pego con loctite? ¡No sabemos coser! Hay algunas señoras, casi piezas de museo, que aún conservan este oficio/arte. Pero el común de los mortales lo más parecido a un dedal que conoce es un pedal (bien por su habilidad al volante, bien por habilidad en la barra).

Poner botones escondidos igual antaño era útil. Hoy… pues no mucho. Pero no es lo único que se está perdiendo. Recuerdo los tiempos en los que en todo hogar español (hablo de lo que conozco, mi estudio no ha podido ir allende las fronteras patrias, pero en caso de que alguien esté dispuesto a patrocinarme lo haré encantado) había una caja de herramientas. Cierto es que luego nunca contenía la herramienta necesaria, que era un caos de tornillos y tuercas desparejados, que el bote de pegamento estaba seco, la cinta aislante ya no pegaba y las alcayatas eran o más grandes o más pequeñas que las brocas de la pistola. Pero era una caja de herramientas. Señores yo no tengo. Los únicos que se han dado cuenta de este fenómeno son los de Ikea. Si quieres montar tu estantería Klavtrsmform tienes incluido en el kit la llavecita. Vale, la llave puede ser un arma mortal que te deje las manos como hubieras tratado de impedir una orgía de puercoespines… pero la llave está.

Otra de las cosas que me llamaban la atención era recortar los cupones de los periódicos para las promociones. Últimamente los periódicos parecen un bazar, que si sartenes, cuchillos, libros, cinturones, mochilas… pero eso es otro tema. Me refería a los cupones. Los recortabas, los pegabas y a por tu regalo. No había bar que se preciara que no tuviera los periódicos con los cupones convenientemente recortados. Y digo yo… ahora que muchos se suscriben al periódico por internet… ¿qué hacen? ¿un pantallazo diario al cupón?

En fin que en muchas cosas nos va mejor que hace años (crisis aparte), pero si seguimos así en nada veremos tarjetas de visita donde figure como profesión “técnico especialista en reposición y reemplazamiento de botones, bajos y cremalleras”. Vamos, una costurera de toda la vida.

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