“Grandes” inventos de la humanidad

por Fer Población

El hombre ha ido evolucionando, ya no digo si a mejor o peor, pero ha evolucionado. Y al mismo tiempo ha ido creando una serie de artilugios, descubriendo nuevas teorías, nuevas formas de hacer las cosas. Hemos podido descifrar el genoma humano, mandar un hombre a la luna, indagar sobre el secreto del universo… y con todo esto… ¿de verdad que nadie se ha dado cuenta de que en el espacio asignado no hay manera de firmar una tarjeta de crédito?

En serio, nos obsesionamos con grandes logros y se nos olvidan las cosas que nos harían la vida mejor, más sencilla. Debo decir que poco a poco sí que voy viendo pequeños avances en este campo. Por ejemplo, el botón para llamar al camarero que hay en algunos restaurantes… ¿cuántas veces nos hemos sentido invisibles, pequeños, sentados en nuestra mesa notando cómo van pasando camareros? Y es que yo creo que antes de contratarme en algunos restaurantes te dan un cursillo de esquivar miradas y de desconexión de oído. Pues mire usted, alguien ha pensando en eso, y ha creado un aparatito con tres botones. Uno para llamar al camarero, otro para pedir la cuenta y otro para anular la llamada. Pero claro… un español que sale a comer fuera bebe. Un español que ve un botón lo presiona. Un español bebido con un botón a mano lo machaca. Te aguantas camarero, es nuestro momento de venganza.

Otro de los inventos que me tiene encantado es el kindle (sí, es una marca, y si cuela y me paga algo… yo feliz). Antes si te querías llevar un par de libros de vacaciones ya podías ir al gimnasio a ponerte en forma. Bajar a la playa con un libro era similar a bajar las palas… las usas diez minutos y molestan toda la mañana. Pero es que encima en esta época de los vuelos vuelos low cost (que teniendo en cuenta el salario medio en España los costs no son tan low) podías elegir entre leer o vestirte. En la maleta libros y ropa juntos se pasaban de peso. Pues bien, han llegado unos señores que han conseguido meter la diversión del verano en unos gramos (y que nadie se vaya por oscuros derroteros), pues ole por ellos.

Pero sin duda el objeto que más me apasiona… es el escanciador de sidra. Para los que somos analfabetos en las rutinas sidriles el enfrentarnos a una botella de destilado de manzana supone todo un reto. Subes la botella, lanzas la sidra y entra en el vaso. Bueno, yo consigo dos de tres, no está mal. Pero alguien, seguramente igual de torpe que yo, ha diseñado un aparato en el que puedes encajar la botella y escanciar si problema. Mira qué bien.

Los torpes somos más. Menos ir a la luna y más darle una pensada a los abre-fáciles, reescribir las instrucciones de los electrodomésticos, reeducar a las trabajadoras que te informa en el metro y encontrar una crema que de verdad impida que los que somos de piel madridista (vamos que el sol lo vemos en postales) nos quememos. Entre cinco millones de parados, a alguno le podía dar por pensar… vamos digo yo.

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