Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: agosto, 2012

Los diez mandamientos

Vale que la Ley del Talión (ojo por ojo, ojo al cuadrado) estaba bastante desfasada. Pero seamos sinceros, tampoco es que los del Antíguo Testamento estuvieran mucho más finos con aquello de los diez mandamientos. Vamos a ver un poquillo las diez frasecitas en cuestión, que la cosa se las trae.

1- Amarás a Dios sobre todas las cosas.

La primera en la frente. Así sin anestesia ni nada. Vamos a conceder que con lo de cosas no se quedan en objetos inanimados. Querer más a Dios que a un boli lo veo correcto. Pero… ¿no se supone que Dios creó el hombre a su imagen y semejanza? Entonces ¿amar a otra persona no sería también amar a Dios? ¿tengo que amar a Dios más que a mi madre, padre, hermanos, pareja (el que la tenga)? Si es que hay que concretar… si pretendes poner normas de obligado cumplimento por los siglos de los siglos, te lo podías currar un poco más. Vamos digo yo.

2- No tomarás el Nombre de Dios en vano.

¡Dios mío! Vaya, ya la he cagado. Pero si hasta las monjas (especie en extinción de mujer de uniforme y tocado en el pelo dedicada a servir a los demás, pueden confundirse con las azafatas, pero pueden diferenciarse por el rosario) lo dicen constantemente…

3- Santificarás las fiestas

Éste sí. Éste sí que me gusta. Las fiestas hay que santificarlas, vamos que en fiesta no trabaja ni dios (hala, me he vuelto a saltar el segundo). Si ya lo hice Jesús en la última cena… comer y beber… eso se nos da muy bien. Primer milagro de Jesús: el agua en vino. Que se emborrachen pero bien… ahí el asesor de marketing de Dios estuvo fino. Venga Jesusito tú dales bien de vino y luego les sueltas que eres el hijo de Dios… que así es más fácil que lo pillen. Evidentemente las cosas a la mañana siguiente no se recuerdan con claridad… que de la cruz no le salvó ni dios (oops I did it again).

4- Honrarás a tu padre y a tu madre

Bien, muy loable, pero… ¿cómo? les ponemos en un pedestal, les hacemos la ola, les mandamos una postal de un gatito… si es que no hay datos suficientes. Qué manía con dejar cabos sueltos de verdad.

5- No matarás

A ver, no es tan complicado. Si con una palabrita bastaba. Atentos… No matarás PERSONAS. ¿Acaso Dios quería que todos fuésemos vegetarianos y no lo hemos sabido leer? ¡Suelta ese chuletón hereje o irás al infierno! Que si lo pensamos bien comulgamos con pan y vino… y que yo sepa el pan no tiene ningún animal como ingrediente. Uy, uy, que empiezo a temer que la Iglesia va a prohibir los condones y los chuletones (y hasta riman).

6- No cometerás actos impuros

Vamos a ver, vamos a ver. Hay una serie de rutinas diarias que tenemos que no son muy “puras”, pero sin duda sí son necesarias. También las llamamos la llamada de la naturaleza, lo que nadie puede hacer por ti… creo que la idea ya se ha entendido. Mi abuelo siempre decía que eso con ganas es el mayor placer que se puede teenr sin cometer pecado ¿se equivocaba? He oído hablar del sexo tántrico, con eso de eyacular hacia dentro… ¿tendremos que aprender a hacer nuestras cositas para dentro también? Sólo de pensarlo me asusto.

7- No robarás

Y después Dios nos dejó tener políticos… ¡qué falta de coherencia por dios! (hala el segundo de nuevo, si es que se me escapa). La idea es buena, pero tiene la misma posibilidades de éxito que un nuevo disco de jesulín de Ubrique. Aunque este mandamiento es casi igual de imposible que el siguiente…

8- No dirás falso testimonio ni mentirás

¿He hablado de los políticos? Aparte ¿no os habéis planteado lo complicado que sería un mundo sin mentiras? Cariño ¿cómo me queda este vestido? Te hace un culo enorme ¿te apetece cenar con mis padres mañana? tu madre cocina fatal y tu padre me aburre con sus historias ¿me quieres? te aguanto y con eso vale ¿qué te parece lo que escribí ayer? eres un engreído sin talento… vamos que lo habéis pillado ¿no?

9- No consentirás pensamientos ni deseos impuros

Claro, si esto está genial, como todos podemos leer la mente de los demás… ¿y yo qué sé lo que está pensando la persona que tengo al lado? y mejor aún ¿cómo consigo que no lo piense? Un poco de ayudita hombre, bueno, Dios, quizá es que te olvidaste de actualizarnos con los superpoderes que hacen falta para cumplir los mandamientos. Si es el caso… ¿me puedes dejar los ficheros en mi dropbox? ya tengo curiosidad.

10- No codiciarás los bienes ajenos

Pero si la envidia es lo que mueve el mundo. Vamos que la envidia es tan importante para nosotros que hasta la hemos puesto categorías. Envidia de la buena y envidia de la mala. Básicamente la envidia buena es veo lo que tienes y me alegro, y la mala es veo lo que tienes y me jode. Pero envidia a fin de cuentas.

Vamos que a los diez mandamientos habría que darles una vuelta, que tiempo hemos tenido eh. Eso sí, debo reconocer que en el resumen de los mismos estoy bastante de acuerdo.

Amarás al Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo.

En la primera parte de la frase me remito al primer mandamiento, pero la segunda… es curioso que la frase de trata a los demás como quieres que te traten a ti, que nos parece tan chula y tan moderna, en el fondo la tenemos ahí desde hace siglos. Y es que las modas siempre vuelven.

 

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Insisto… me hago mayor

Ya sé que ya lo he dicho, ya sé que soy pesadito con el tema y que le doy vueltas a lo mismo, pero el caso es que me hago mayor. Y os preguntaréis ¿qué le ha pasado a éste para darse cuenta hoy de su edad? Pues bien, en este caso ha sido por una hamburguesería. Llevo años veraneando en Santander y desde hace unos 15 años me gustaba ir a una pequeña hamburguesería en el Sardinero que se llamaba Eros.

Lo mismo que tenía de pequeña lo tenía de cutre. Como bien sabéis no es lo mismo viejo que antiguo, este sitio era viejo. Y ya lo era cuando empecé a ir con unos 15 años. Pero era nuestro sitio. Y es que el secreto del Eros era buen precio, dos tíos sanotes detrás de la barra y un gran precio. Para un chico de 15 años ésa es una gran combinación. Y lo bueno que tiene convencer, enganchar, a un chico de 15 años, es que al crecer mantiene sus costumbres. Las cosas que aprendes de pequeño son las que se te quedan grabadas.

Tiendes a pensar que siempre todo va a permanecer igual. En el Sardinero estaba la playa, el Casino y el Eros. La playa sigue. El Casino sigue. El Eros no. ¿Os dais cuenta que me estoy poniendo sensiblón por una hamburguesa? El caso es que el hacerte mayor significa usar una frase que suena algo así como “aquí antes había un sitio que…” Seguro que la frase os suena, que se la habéis oído decir a vuestros padres más de una vez. Cuando la dices tú, es que te haces mayor.

En fin, para los que alguna vez vinieron conmigo al Eros, fue un placer, para los que ya no pueden venir, es una pena. En cualquier caso saludos a todos.

Recuerdos del pasado

Ayer mientras me vestía me di cuenta de que en la etiqueta de mis calzoncillos había cosido un botón. Vaya… y este ¿dónde se abrocha? pensé… no vamos a hablar del agujero que tenía más cercano porque no van por ahí mis intenciones, pero entonces me di cuenta, que ese botón que se asomaba orgulloso ahí, y que lamento que tenga aún peores vistas que yo en su lugar de trabajo, se trata de un botón de repuesto. Un por si acaso. Fue entonces cuando entendí que esta costumbre de situar botones extras en las prendas viene de antaño, de tiempos pasado. Estimados señores fabricantes de prendas, o ponedores de botones (según sea el caso) déjenme explicarles el proceso que ocurre con estos botones hoy en día. Tengo una camisa (seguir hablando de calzoncillos ya me parece soez) a la cual se le ha caído un botón. Puede que me lo haya arrancado una mujer en un arrebato de pasión (ya me gustaría) o puede que mi protección estomacal frontal y lateral (los envidiosos lo llaman michelín) haya forzado el suicidio de dicho botón. El caso es que tengo el botón de repuesto, el sitio dónde debe ir situado y… ¿ahora qué? ¿lo grapo? ¿lo pego con loctite? ¡No sabemos coser! Hay algunas señoras, casi piezas de museo, que aún conservan este oficio/arte. Pero el común de los mortales lo más parecido a un dedal que conoce es un pedal (bien por su habilidad al volante, bien por habilidad en la barra).

Poner botones escondidos igual antaño era útil. Hoy… pues no mucho. Pero no es lo único que se está perdiendo. Recuerdo los tiempos en los que en todo hogar español (hablo de lo que conozco, mi estudio no ha podido ir allende las fronteras patrias, pero en caso de que alguien esté dispuesto a patrocinarme lo haré encantado) había una caja de herramientas. Cierto es que luego nunca contenía la herramienta necesaria, que era un caos de tornillos y tuercas desparejados, que el bote de pegamento estaba seco, la cinta aislante ya no pegaba y las alcayatas eran o más grandes o más pequeñas que las brocas de la pistola. Pero era una caja de herramientas. Señores yo no tengo. Los únicos que se han dado cuenta de este fenómeno son los de Ikea. Si quieres montar tu estantería Klavtrsmform tienes incluido en el kit la llavecita. Vale, la llave puede ser un arma mortal que te deje las manos como hubieras tratado de impedir una orgía de puercoespines… pero la llave está.

Otra de las cosas que me llamaban la atención era recortar los cupones de los periódicos para las promociones. Últimamente los periódicos parecen un bazar, que si sartenes, cuchillos, libros, cinturones, mochilas… pero eso es otro tema. Me refería a los cupones. Los recortabas, los pegabas y a por tu regalo. No había bar que se preciara que no tuviera los periódicos con los cupones convenientemente recortados. Y digo yo… ahora que muchos se suscriben al periódico por internet… ¿qué hacen? ¿un pantallazo diario al cupón?

En fin que en muchas cosas nos va mejor que hace años (crisis aparte), pero si seguimos así en nada veremos tarjetas de visita donde figure como profesión “técnico especialista en reposición y reemplazamiento de botones, bajos y cremalleras”. Vamos, una costurera de toda la vida.

El que tiene tienda…

Tengo un buen amigo, Ramón, que tiene un bar de copas (en realidad el bar es de Ramón y de Camilo, pero en este caso hablamos de Ramón). El caso es que Ramón suele decir “el que tiene tienda, que la atienda”. La frasecita, que podría de primeras parecer una tontería, es una verdad como un templo (one truth as a temple). Y digo yo, ahora que estamos en crisis ¿no sería inteligente cuidar más a los clientes? Oye, pues ni por esas.

Dejando de lado el tema de las revisiones del gas, lectura de la luz, del agua… (por cierto si alguien consigue adiestrar a mascotas para que abran la puerta a estos señores se forra fijo) me sigue sorprendiendo lo poco amable que es la gente para con los demás. Vamos a ver estimado camarero, yo soy cliente, es decir pago. Podría tomarme una cerveza en mi casa y me saldría más barato, pero no, he decidido hacerlo aquí. En medio del bar hay una cosa que se llama caja, si la caja se llena podrás cobrar, sino lo normal es que el bar cierre y dejes de cobrar. ¿Entiendes? Que no estoy diciendo que me pongas pétalos de rosa al entrar… pero una sonrisa… ¡que son gratis!

Caso aparte el tema de los funcionarios. Todos tenemos la imagen de la señora sentada al otro lado del mostrador, con la lima de uñas y hablando con su compañera mientras la cola se va haciendo más y más larga. El que no haya visto una imagen similar que me lo cuente. Una de dos, o debe pasarse por la ONCE, o tiene una secretaria la mar de eficiente.

Todo esto viene porque esta mañana, al venir a la oficina, he entrado en una panadería a por algo de desayunar. Me han atendido con una sonrisa (la chica era bastante guapa, pero no hablamos de eso), me han dado las gracias y los buenos días ¡y me ha sorprendido! ¿No debería ser lo normal? Vamos digo yo…

Éxodo

¿Alguna vez habéis echado una gota de aceite en una sartén muy caliente en el centro? Si os fijáis al contacto con el calor el aceite sale disparado hacia todos los lados. Una cosa parecida la sucede a España, y es que en cuanto en el centro, en Madrid, se empieza a notar que hace mucho calor, todos salen disparados hacia todos lados. Todos, o muchos.

La ciudad no parece la misma. Esta mañana iba andando con la sensación de ciudad desierta. No me he agolpado con nadie en los semáforos, no me he cruzado con las caras conocidas de diario y no he visto periodistas y cámaras a la puerta de la Audiencia Nacional (trabajo al lado).

Madrid se convierte en una ciudad a medio llenar, perezosa, aplastada por el calor y la falta de brazos. Mientras el número de personas por metro cuadrado baja de modo espectacular, el nivel de mal humor se dispara. Trabajar mientras otros disfrutan, mala combinación. Cómo entiendo a los camareros ahora.

Mi pared pistacho y yo os deseamos felices vacaciones, al que las tenga.