Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: septiembre, 2012

¿Bueno o malo? Pues según se mire…

Hoy quiero contaros algo en lo que he pensado mucho. Algo que tengo en mente y muy presente en mi día a día y que quiero compartir con vosotros. Todos los días nos pasan cosas. Todos los días tenemos experiencias y vivencias que nos van dejando poso, nos van marcando. Quizá como el suave roce del agua que va horadando la roca. Lentamente, pero con enormes resultados. Y nunca sabemos cuáles de esas pequeñas vivencias son las que nos van a marcar, las que van a hacer de punto de inflexión en nuestras vidas. Las que nos van a definir o redefinir como personas.

Os cuento mi caso, mi historia. Cuando yo tenía 17 años un día jugando al fútbol me rompí la segunda cervical por dos sitios, muchos piensan que fue montando a caballo y que no lo quiero reconocer, pero no, fue jugando al fútbol. El caso es que desde ese día pasé más de un año con una armadura de cuello a la cintura que ríete tú de los caballeros del zodiaco. Por aquél entonces ya conocía a Jose y Alfonso Vázquez, dos chicos que vivían en San Rafael (antes del túnel de Guadarrama) y que, junto con su padre, se dedicaban a montar a caballo. Y claro estaba claro que yo no iba a poder montar en mucho tiempo, así que les mandé el caballo a ellos.

Empezamos a hablar con frecuencia (los Vázquez y yo) y muchos fines de semana mi padre me llevaba a su casa a ver a mi caballo, a que me distrajera. Entender que con aquello puesto yo no podía hacer muchas cosas. El caso es que acabamos teniendo una buena y sana (quizá lo segundo es lo más complicado de conseguir) amistad.

Pasaron años y yo me di cuenta de que estaba estancado, enquistado en Salamanca. Tenía que irme, tenía que entrar en otra dinámica. Decidí marcharme. Todo encajó cuando me di cuenta que en el pueblecito donde vivían ahora Jose y Alfonso (Villanueva de la Cañada) había una pequeña universidad donde impartían periodismo, la Camilo José Cela. Con la seguridad de ya tener dos buenos amigos ahí decidí emplazarme en ese lugar. Fue un gran acierto. He conocido a gente increíble a los que tengo por grandes amigos (Jose, Kike, Chemari, Sergio, Diego…) y he aprendido a sonreir, a relajarme, a vivir. Villanueva de la Cañada ha sido para mí mi UVI vital particular.

El caso es que tras unos años en este pueblecito volví a mudarme. A Madrid esta vez, no por gusto, sino por trabajo. Y creo que todos os dais cuenta de que muy contento en este trabajo no estoy. Más bien al revés (ya sé que muchos no tienen trabajo y yo sí, no hablo de eso). Por eso empecé a escribir este blog. Una forma de darme un descansito diario, de relajarme, de soltar presiones y tensiones. Y de paso de intentar que vosotros tengáis la misma sensación.

Sé que me estoy enrollando, pero esto tiene una conclusión. Si no me hubiera roto la segunda cervical no habría mandado el caballo a casa de los Vázquez, no habría hecho amistad con ellos, no habría ido a vivir a La Cañada, no habría conocido a tíos tan cojonudos, no me habría mudado a Madrid a trabajar y no estaría aquí sentado escribiendo. En cierto modo lo que leéis ahora es gracias a que tuve aquel accidente.

Puede que la vida os dé palos, que tengáis reveses, pero quizá con el tiempo aquello que fue una desgracia puede aportarte algo. Busca la parte positiva, siempre la hay. Si no puedes verla hoy, puede que sí mañana. Pero claro, es solamente un consejo.

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Soñando en voz alta

Hay que ver cómo somos todos en general, y puede que yo en particular. Lanzamos la vista al futuro con una facilidad que, pese a verlo a diario, no deja de sorprenderme. La frase que más estoy oyendo últimamente es “bueno, si dentro de nada ya estamos en navidades”. Lo que es soñar. Señores, quedan tres meses. Aún estáis morenos (los que se molestaron en bajar a la playa o piscina, yo no). Todavía os huelen los polos a barbacoa ¿y ya estáis pensando en navidades? Si es que el que no se consuela es porque no quiere.

Tenemos un problema en la vista que los oculistas deberían analizar. Sólo nos fijamos de tres en tres meses. El año se reduce a vacaciones de verano, vacaciones de Navidad, vacaciones de Semana Santa y, para algunos, puentes varios que haya por ahí sueltos. De lunes a viernes no existe ¿Quién ha tenido el mal gusto de inventar los días laborales? Desde luego que como nos enteremos lo ponemos de segurata en la puerta del Congreso.

Esto de ir pensando así, tan a largo plazo, es como si en primer día que tomas café (curioso eso de quedar a tomar un café, realmente creo que luego lo que menos tomamos es café, pero bueno) con una chica le sueltas… total como dentro de nada estaremos casados. Te quedas solo en menos de cinco minutos. Seguro.

Pero la culpa no es sólo nuestra. La culpa la tiene la lotería. Estás en Agosto a 50 grados al sol (25 a la sombra que en los bares hay aire acondicionado y bebidas fresquitas) y ya estás viendo los carteles de “hay lotería de Navidad”. Y claro, entre tinto de verano y tinto de verano (tonto de verano que dice un amigo) estás pensando en el turrón, el pavo y las uvas… uvas con las que se hace el vino para el tinto de verano, a fin de cuentas es un círculo cerrado.

Y todo esto me viene porque hoy por primera vez me he puesto una cazadora después de verano, que ya estaba pensando en bufanda, en frío, vamos en las navidades… En fin, por si se me olvida… Feliz Navidad a todos. Total ya no queda nada.

¿Verano?

¿Verano? ¿Estás ahí? Pues no, no está. Ya se ha ido. Sin avisar, sin fecha concreta de vuelta. Y nos ha dejado con las chanclas, los bañadores, los flotadores, las camisas de flores… huérfanas de uso. Hala a meterlas otra vez en cajones al fondo del armario, o en cajas en el trastero. En general lo de los cajones solemos hacerlo nosotros y lo de las cajas ellas (más que nada por el volumen de ropa). Lo que me da que pensar que a veces ellas quieren vivir con nosotros simplemente por tener más armarios. Si una chica te dice ¿nos vamos a vivir juntos? realmente está diciendo: me quedo la mitad de TU armario (el suyo es suyo, claro).

Pero bueno que ya se ha ido el verano. Y debo confesar que ayer me pilló, que salí a la calle en camisa y no veas qué fresquete. Pero es que yo soy muy organizado, un invierno, un catarro. Que me dura hasta primavera que empiezo con la alergia. Si ya lo he dicho, que con la de árboles que talan para mi nariz hacíamos el arca de Noé (y ya si hacemos la versión Axe y vienen todas las mujeres a por mí… pues oye no voy a decir que no).

Y es que deberían darnos unos días de adaptación. No vale eso de ponerse a hacer frío así sin avisar. Hace tres días estaba con mi hermana muerto de calor en su habitación y ayer estaba ella dormida con la manta. Y encima llueve. Que más de una he visto hoy con sandalias abiertas bajo la lluvia. Ventaja: será la única manera de que alguna (o alguno) se lave los pies. Inconveniente: que eso resbala.

Y hay algo aún peor con el tema de la lluvia. El olor a perro mojado es desagradable ¿no? Pues anda que el de viajero de metro mojado… te dan ganas de ir en el metro con la mascarilla esa de los chinos, gorra y gafas de sol. La mascarilla por los olores, la gorra y las gafas para que nadie te reconozca por las pintas que llevas. ¡Mira mamá un famoso de  incógnito! No hijo es sólo alguien que no aguanta los olores del metro.

Llega la hora de cambiar chanclas por botas, polos por sudaderas, lino por lana, bermudas por pantalones de pana. Lo siento Judith, pero se te acaban tus días preferidos.

Servicio de compañía hospitalario

Que a nadie le apetece ir a un hospital es evidente, bueno menos las personas que trabajen ahí y guardo mis dudas. Que a nadie le apetece dormir en un hospital es más evidente aún. Pero no nos engañemos, aquí los grandes sacrificados no son los enfermos. Qué va. Son los acompañantes. Y es que para el enfermo tiene sentido estar ahí. Me siento mal, estoy hecho mierda y tengo los médicos cerca por si me da por montar un show que ríete de Eurovisión ¿pero el acompañante? Pobre de él (o ella). Porque te encuentras bien, no te duele nada y pese a eso tienes que pasar la noche en una habitación que es una mezcla entre la sala de espera de un aeropuerto y el camarote de los hermanos Marx (si alguien quiere encontrar a algún familiar desaparecido que se ingrese una temporada en un hospital, que ya verá como por su habitación pasa todo el mundo).

Bueno, eso de que al acompañante no le duele nada… no le duele nada al principio de la noche, que al final tienes la espalda como una ficha de tetris, los nervios a flor de piel de los sustos que te dan las enfermeras al entrar y unas ojeras rollo gótico de las horas de sueño que debes a tu cuerpo. Y digo yo ¿tan complicado es tener un sofá cama decente? Que miras dónde se supone que tienes que dormir y dices… no si estaría estupenda, lástima que yo no sea un click de playmobil… Pero si ya existe Ikea, que los sofás están baratitos (aaaaaaaaaay payo lo estoy dando lo estoy regalando). Y es que esos sofás son de lo más cariñoso. Te sientas un rato en ese plasticorro de Cuéntame y a la que te despistes lo tienes amarosamente pegado en donde la espalda pierde su honrado nombre. Pero vamos, todo esto si hablamos de un hospital privado. En la sanidad pública darías lo que fuera por un sofá como esos, y ante todo, por poder tener una habitación individual.

Del color de las paredes en los hospitales, pistacho, no voy a hablar. Bastantes vueltas le he dado ya a ese tema.

Luego tenemos el curioso momento en el que llega la comida. Para el enfermo. No para el acompañante. Enfermo come, acompañante no. Es decir, que estás ahí para que el enfermo no esté solo y no tienes más remedio que irte un rato porque sino pasas más hambre que Carpanta. ¿Nadie ha pensado en poner menús para acompañantes? Que fijo que alguno tomaba algo. Vale que la comida de los hospitales no es que sea de Arzak, pero algo caía fijo, que antes que gourmets somos vagos. Eso es así.

Y de remate, esa sensación de ser invisible. No hables, no preguntes, no comentes, no opines. Da igual. Digas lo que digas te van a hacer el mismo caso. Ninguno. Ni te esfuerces. Quizá las primeras horas te dan ganas de dar saltitos y decir… eh que estoy aquí. Pero poco a poco vuelves a tu sofá a dejar las horas pasar. O quizá es que lo tienes tan pegado ya al culo que no puedes separarte de él (hay casos de cirugía para despegar a acompañantes de estos sofás).

Lo dicho, que estar enfermo es una faena, pero tener enfermo a algún pariente muy cercano también lo es. Camas restform en las habitaciones ya (por favor).

Lunes al sol, lunes quemados

Me da a mí que ése era el auténtico significa del título de la película… que los lunes estamos todos más quemados. Y yo, claro, no soy la excepción. Pues sí, hoy estoy de mal humor. Y es que hay cosas que no entiendo. De vez en cuando me encuentro con algunos personajes que se dedican a molestar a los demás. Sin motivo, sin buscar nada, sin conseguir nada a cambio, simplemente porque sí.

Por ejemplo el otro día por la calle vi dos contenedores quemados. Bueno más bien vi los hierros que quedaban de ellos y una mancha de plástico derretido en el suelo. Que alguien me explique la gracia. No creo que los chavales tuvieran frío la verdad, que por la noche estamos a unos 16 grados y eso se aguanta bien. Es más, tampoco creo que los personajes (por no decir hijos de puta) se quedaran a ver su obra. Gamberros sí, pero cobardes también.

Además están los que aparcan su coche ocupando dos plazas… es que así no me lo rayan… bueno a menos que venga otro igual de “educado” que tú (por no decir hijo de puta) y te haga la firma del zorro con una llave en tu coche. Y claro, si eso pasa el aparcador espacioso chillará al cielo pidiendo venganza. Sin pensar en las vueltas y vueltas que ha hecho dar a otros para que se coche descansara en cama de dos por dos.

Tenemos a los que rompen cristales por las calles, tiran botellas en el suelo, hacen pintadas en las paredes… vamos una colección de joyas que lucirían con luz propia en la pasarela Cibeles o cualquiera que quiera llevarlos alrededor del mundo.

Y de remate este fin de semana. Yo en mi casa, pijama limpio, una pizza y dispuesto a ver el partido del Madrid. Pues no. No hay partido mire usted. Que alguien ha decidido cortar los cables y, a menos que los futbolistas usen casco de minero, no hay manera de jugar. Pues mira qué bien.

Lo dicho que es lunes y estoy de mal humor. A ver si mañana es mejor día.

Limpiadores de calles, ensuciadores de personas

Esta mañana me he duchado. Dos veces. Iba por la calle, pasaba un camión con chorros de agua de esos que limpian las calles y… segunda ducha del día. No me ha empapado, pero sí que una suave capa de agua se me ha pegado por todo el cuerpo. Efecto que disfrutamos por primera vez en la Expo de Sevilla y que ahora tenemos en toda terraza que se precie. Vamos que cuando te sientas a tomar algo te sientes como un ficus, no paran de regarte. El caso es que el agua de este camión revota en el suelo, arranca la suciedad (o mierda) o se va a por ti a darte un tono de piel estilo los baños de caña de azúcar que se dan las mujeres para disimular que están morenas. La mierda del suelo para mí… y eso que me enseñaron de pequeño que las cosas del suelo no se tocan…

Pero bueno al menos, al menos esa mierda es refrescante y en tiempos de calor… oye algo es algo. Tenemos un caso sin duda peor. Los sopladores de hojas. Estos aparatitos inventados por alguien sin duda en un mal día, aparte del ruido que hacen (que muchas veces a sufrido mi amiga Blanca) te lanzan todo el polvo, arena, basura, a la cara sin darte si quiera los buenos días. Llegas a la oficina llorando… ¿te ha pasado algo? ¿te encuentras bien?… tranquilos, es que me ha atacado un soplador de hojas.

Además está manía de los porteros y las porteras. Todo el jabón a la calle. No me refiero a que según pasas te enfríen te pongan como una sopa al lanzar el cubo (eso ya sería mala leche), pero señores, el jabón resbala. Jabón en el suelo, tapa de alcantarilla y tacones… mala combinación. He visto auténticos casos de patinaje artístico de mujeres (y algunos hombres) que ponen todas sus ganas en no acabar lavándose la cara con el jabón del suelo que tan amablemente ha colocado el portero (o portera, claro).

De remate sé que los conductores madrileños hay una pesadilla que tienen. Algo que no les deja dormir, que les hace despertarse sudando por las noches. Ir justo detrás de un camión de la basura en una calle de un solo carril. Para ellos lo más frustrante es no perder cinco minutos de su valioso tiempo. Para mí (en caso de ir de copiloto) es el ratito que pasas con un agradable aroma a o de basur.

Que sí, que hay que tener Madrid limpito, pero, como diría mi amigo Carlos, esto no son formas, son alardes.

Caritas felices

Ayer leí que los emoticonos cumplen 30 años… ¡casi los mismos que yo! Vamos que son algo que he tenido ahí toda la vida, no voy a decir desde que tengo uso de razón que os pongo la broma a huevo. Esas caritas son quizá el símbolo de la nueva forma de comunicarse. Para mí que decimos más cosas, pero con menos ganas. Personalmente prefiero oír a alguien reírse a carcajadas (con el riesgo de llevarse algún que otro salivazo) que leer un jajajaja. Cosas mías eh.

Pero es que nos estamos haciendo adictos al móvil. No es difícil entrar en algún restaurante y ver a los comensales jugando con sus respectivos móviles. Vamos que si los cambias de mesa igual ni se enteran. Que a veces quedas a comer con un amigo y te es más sencillo que te haga caso si le hablas por whatsapp. En serio. Me ha pasado.

Y digo yo… si alguien que tiene un iphone ¿puede salir con uno de BB? ¿tiene que pedir permiso a apple para casarse? ¿cuál de los dos tiene que cambiar de móvil? Me imagino la escena… es que hemos roto… ¿perdisteis la chiste?… no, nos quedamos sin wifi.

Y los emoticonos siguen… vamos que estoy seguro que más de uno se ha quedado con ganas de colocar alguno en mails del trabajo. O incluso que lo ha hecho y al mandarlo se ha quedado acongojado pensando ¡por dios voy a quedar como un friki! Me ha pasado. Las palabras se las lleva el viento, pero los emoticonos permanecen.

Por otro lado… son fáciles de interpretar (los emoticonos digo). Las personas muchas veces tienen una cara de poker que no sabes por dónde van a salir (las mujeres más). Estaría bien poder decir ¿te importa ponerme el emoticono de la cara que estás poniendo ahora? Seguro que se ahorraba más de una discusión, pelea, conflicto o situación bochornosa.

Un cita.

Él: me está comiendo con la mirada, fijo que hoy triunfo.

Ella: pero qué asco, debería lavarse los dientes.

Lo dicho, que como todo en esta vida (que Dios hizo el mundo en siete días y se nota) tiene sus ventajas e inconvenientes. De todos modos, y por si quedan dudas, os dedico a todos un 🙂

Crisis y despilfarro

Estamos en crisis. La olemos, la comentamos, la vivimos, la odiamos, la sufrimos, la tenemos… crisis. Y por mucho que estemos en crisis hay cosas que, por rutina, seguimos despilfarrando, tirando.

Y es que esto es sencillo, vas al Burger y pides comida para llevas… ¿de verdad alguien necesita tantas servilletas? ¿alguien guarda las bolsitas de ketchup que no usa? Eso sí, normalmente se olvidan de meterte la pajita y te hacen una faena, pero eso tiene más que ver con la ley de Murphy que con la crisis.

Nos encanta tirarlo todo. Por la calle te van repartiendo panfletos (flyers sé que suena más moderno, pero son los panfletos o papelotes de toda la vida) de todo tipo. La papelera más cercana es su hogar natural. Si el mismo que los reparte se dedicara luego a recogerlos y reciclarlos igual sacaba un dinerillo. El ciclo de la vida.

Lo de usar y tirar va con nosotros. Recuerdo que no hace mucho una amiga me comentó que cada vez que se va unos días de casa su hermano (viven los dos juntos) hace acopio de platos, vasos y cubiertos ¡de plástico! Qué tío más grande o más vago. Según se mire. Pero estamos en crisis. Y seguro que este hombre protestará de que gana poco, de que la cosa va muy mal…

Aunque en este sentido los reyes de la inutilidad son los cacharritos de ensalada de col de algunas hamburgueserías… creo que ni sé a qué sabe. El enigma del origen de la ensalada de col en estos platos es casi tan intrigante como por qué siempre que ya casi no puedes más el baño está ocupado. En fin dejemos estas cosas para profesionales, que lo resuelva Iker Jiménez.

Cursis y repipis

Nos estamos haciendo cursis, repipis, ñoños. De verdad. Y no digo que haya una plaga de lacitos rosas y globos en forma de corazón en cada rincón al que mire, lo que me refiero es que con el tema de lo políticamente correcto somos cada vez más sosos. Nos estamos quedando con lo peor de los americanos, con su cinismo y su falsa moral, pero se nos ha olvidado su capacidad emprendedora y su facilidad para adaptarse al mercado.

Papá ¿quién es el malo de esta peli? El que fuma hijo. Es decir… que todos los que fumáis si os graban en un vídeo tenéis que ser los malos. Ah se siente. Y claro si sois chicas que fuman sois… bueno eso es otro tema. Papá ¿cuál de los tres de la foto es Obama?  el de color hijo.Pero… ¿de qué color? Hasta en eso nos hemos vuelto cursis. Obama es negro. No es tan difícil. Yo soy blanco ( I am white), Obama es negro (he is black). Si hasta Jesús Gil lo tenía muy claro en su día.

Los enanos son señores bajitos, los homosexuales gente que entiende, las limpiadoras auxiliares de limpieza, las secretarias administrativas, los gordos personas anchas, los flacos de cintura estrecha, los feos son simpáticos, los bordes de carácter complicado, algo viejo es vintage, algo cutre es diferente… vamos que en este pelea con plumas de ganso dialéctica que hacemos a diario, de tanto que tratamos de no molestar a nadie, ya no se sabe cuáles son las cosas que se dicen de verdad.

Vamos que si a Arévalo se le ocurre contar hoy en día un chiste de gangosos lo lapidan en medio de la Plaza de Colón. Con la que se ha armado con la Roja Coja. Y ya el colmo fue cuando se oyeron comentarios por la “alegría” de la Roja (la de verdad, la que no cojea) al celebrar el título en Madrid. Daban mal ejemplo para la juventud. Venga ya. Lo siento, pero no soy fan de vivir en La Casa de la Pradera. Me gusta Torrente, Jesús Gil, Sabina y El Follonero. Así que, al menos por mi parte, tened claro que si digo algo, es de verdad.

Dudas equinas y otros menesteres

Pues ya estamos de vuelta. El pistacho vuelve a rodearme por los cuatro costados o por las cuatro paredes, según se quiera ver. He vuelto a esbozar sonrisas de camino a la oficina con mis desconocidos habituales. He vuelto a la ducha sin ganas y el maldito sonido del despertador. La rutina, el mismo proceso, sistema o modus operandi que llevo desarrollando durante dos años y medio largos (y tan largos).

En fin, vamos a lo que nos interesa. El caso es que el otro día, cuando aún era feliz y estaba de vacaciones (aaaaayyyyyy) vi un comentario que de una amiga en fb. Decía que en 23 estados americanos es legal tener sexo con un caballo, pero sólo en 6 los homosexuales pueden casarse (igual no he dado los números exactos, mi memoria pez me traiciona, pero la idea va por ahí). Eso me dio que pensar, y ya sabéis que en mi caso que me ponga a pensar es sin duda peligroso. Ah, antes de que se me olvide, os recomiendo encarecidamente el blog de esta amiga. Es divertido, fácil de leer, ocurrente, espontáneo… vamos lo que viene siendo cojonudo.

La dirección es http://www.albaamoros.wordpress.com

Bueno como iba diciendo (que hoy ando poco centrado), el tema de los caballos me dio que pensar. ¿Eso quiere decir que los americanos ponen a los caballos por encima de los homosexuales? ¿acaso habría que cambiar la expresión “soy un hombre objeto” por “soy un caballo objeto”? y además (cosa que Alba prometió investigar y espero con ansia la respuesta) ¿en cuántos estados me puedo casar con un caballo? Con la falsa moral americana… vamos que me parece feo engañar al animalito para llevártelo al huerto (así matas dos pájaros de un tiro, de paso el bicho come algo) y luego no pasar por el altar (o quizá en este caso el guadarnés).

Y claro… como yo cuando montaba siempre tenía caballos (machos) ¿quiere decir eso que tengo tendencias homosexuales? Aunque debo decir que en mi caso fue amor platónico eh, vamos como el matrimonio de la Duquesa de Alba (espero, por el bien de su marido). Y ya que estamos… como montaba varios caballos ¿podía denunciarme el mío por promiscuo? ¿será que soy jinete mormón?

Uy, uy… esto de los caballos se me está yendo de las manos, porque ¿me podría denunciar mi caballo por los fustazos? eso son malos tratos fijos. Me imagino a mi caballo en Tele5 llorando y diciendo…. “mi jinete me pega”. Entonces, entrar en su cuadra era allanamiento de morada. Y si compras una yegua podías incurrir en trata de tordas.

Vamos, que menos mal que vivo en España y no en Estados Unidos, que sino termino en Guantánamo fijo. Hala, lo dicho, que ya estoy de vuelta.