Limpiadores de calles, ensuciadores de personas

por Fer Población

Esta mañana me he duchado. Dos veces. Iba por la calle, pasaba un camión con chorros de agua de esos que limpian las calles y… segunda ducha del día. No me ha empapado, pero sí que una suave capa de agua se me ha pegado por todo el cuerpo. Efecto que disfrutamos por primera vez en la Expo de Sevilla y que ahora tenemos en toda terraza que se precie. Vamos que cuando te sientas a tomar algo te sientes como un ficus, no paran de regarte. El caso es que el agua de este camión revota en el suelo, arranca la suciedad (o mierda) o se va a por ti a darte un tono de piel estilo los baños de caña de azúcar que se dan las mujeres para disimular que están morenas. La mierda del suelo para mí… y eso que me enseñaron de pequeño que las cosas del suelo no se tocan…

Pero bueno al menos, al menos esa mierda es refrescante y en tiempos de calor… oye algo es algo. Tenemos un caso sin duda peor. Los sopladores de hojas. Estos aparatitos inventados por alguien sin duda en un mal día, aparte del ruido que hacen (que muchas veces a sufrido mi amiga Blanca) te lanzan todo el polvo, arena, basura, a la cara sin darte si quiera los buenos días. Llegas a la oficina llorando… ¿te ha pasado algo? ¿te encuentras bien?… tranquilos, es que me ha atacado un soplador de hojas.

Además está manía de los porteros y las porteras. Todo el jabón a la calle. No me refiero a que según pasas te enfríen te pongan como una sopa al lanzar el cubo (eso ya sería mala leche), pero señores, el jabón resbala. Jabón en el suelo, tapa de alcantarilla y tacones… mala combinación. He visto auténticos casos de patinaje artístico de mujeres (y algunos hombres) que ponen todas sus ganas en no acabar lavándose la cara con el jabón del suelo que tan amablemente ha colocado el portero (o portera, claro).

De remate sé que los conductores madrileños hay una pesadilla que tienen. Algo que no les deja dormir, que les hace despertarse sudando por las noches. Ir justo detrás de un camión de la basura en una calle de un solo carril. Para ellos lo más frustrante es no perder cinco minutos de su valioso tiempo. Para mí (en caso de ir de copiloto) es el ratito que pasas con un agradable aroma a o de basur.

Que sí, que hay que tener Madrid limpito, pero, como diría mi amigo Carlos, esto no son formas, son alardes.

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