Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: octubre, 2012

Mi tren y yo

Empecemos confesando algo, no tengo carnet de conducir. Seguro que a alguno os ha sorprendido, pero no lo tengo. Nunca me lo he sacado, así que no lo tengo, es así de sencillo. El caso es que cuando como hoy me quiero ir a pasar unos días en Salamanca uso bien el bus, bien el tren. Esta vez me iré en tren.

Primer consejo que debo dar a los que vayan a viajar en tren, revisar muy bien los billetes. Y es que en este momento no hay que pensar sólo en lo desastre que podemos ser nosotros mismos, sino en lo desastre que puede ser la persona que nos está vendiendo el billete, quién no ha ido un día de resaca a trabajar… El caso es que si no tienes cuidado en este punto te puedes encontrar con cosas divertidas, como por ejemplo aquella vez que me dieron un billete de tren para el día anterior. Vamos que el viernes me dieron un billete para el jueves, es decir para ayer. Puede decirse que viajé en el tiempo ¿no? Además justo coincidió que el tren iba lleno, que yo estaba de resaca (la resaca nos condiciona nuestra vida mucho más de lo que queremos reconocer) y, como único punto positivo, que el revisor al ver que el error era de Renfe (en el billete figuraba la fecha de emisión) me dejó ir en el tren. Vamos que Murphy con su mala leche me tuvo dos horas y media largas de resaca sentado en el suelo de un tren. Muy agradable a la par que divertido. Que conste que tengo pruebas gráficas de esto en una foto de FB.

Bien, pongamos que ya hemos entrado en el tren con el billete correcto, hay algo que siempre me ha puesto nervioso, si los asientos están asignados ¿por qué hay gente que se sienta donde le da la gana? Llegas, localizas tu sitio, ves a una señora sentada, compruebas tu billete (por si la resaca del taquillero como he comentado antes), comentas ¿perdone creo que ése es mi asiento? y entonces, de repente y sin avisar te sueltan la frase que todo el mundo teme: ya, pero es que yo prefiero estar en la ventana… no, la frase mágica no ésta, sino la que viene a continuación, la frase es… no te importa ¿no? qué modo más sutil y cruel de pasarte el marrón a ti. Porque vamos a ver, si dices que sí, que sí te importa resulta que luego te sientes como un maleduca, pero si dices que no te pasas el trayecto mirando a la señora con odio pensando… esta guarra está en mi asiento y encima sintiéndote como un pringado.

Bueno, pensemos que ya te has sentado en tu sitio (o no). En este punto hay dos tipos de personas, los que tienen cosas para distraerse y los que miran con envidia a los que las tienen. Si te subes al tren sin un libro, un pc, una revista… te pasas todo el rato mirando a los que sí lo tienen y viendo su cara de satisfacción. Y les odias. Y prometes que la próxima vez te llevas algo. Y por supuesto, se te olvida. Entonces decides tirar de lo único que tienes, el móvil, maldiciendo los tramos sin cobertura.

Tema aparte es el tema del “acompañante”, vamos de la persona que se sienta a tu lado. Puedes tener muy buena o muy mala suerte. Yo he tenido de todo. Conocidos, desconocidos, altos, bajos, guapos, feos… por el asiento de mi lado han ido pasando gente de todo tipo y condición. Como por mi vida. Y debo decir que en este sentido no hay nada peor que una huelga de desodorante en la persona de al lado. Hay dos motivos por los que yo puedo pasar un viaje en el suelo de la puerta del tren: huelga de desodorante y resaca del taquillero.

El caso es que llegas. Pasas al momento de temer por tu vida. Una lluvia de maletas te rodea de repente y apenas puedes ver de dónde salen o hacia dónde van. Hay que huir, salir de la zona de peligro y cuidar tu integridad física. Y ya, cuando el suelo de debajo de tus pies se para. Cuando se abren las puertas del tren. Llegas a tu ciudad de destino y entras en el peligroso mundo del taxi, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro post.

Por cierto, cierro por puente hasta el lunes. Nos vemos.

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Reencarnación perruna

Ayer una amiga me comentó que a ella le encantaría reencarnarse en perro de su madre. Ella se refería a que los perros de su madre viven a cuerpo de rey, y claro tal y como se presenta el panorama pues eso de tenerlo todo resuelto no suena nada mal. Pero a mí me ha dado por pensar, por darle una vuelta a la idea. Y como todas las cosas pues tiene sus puntos a favor y otros en contra.

En primer lugar lo del saludo no me convence. Eso de ir por ahí oliendo el culo a la gente no me parece muy apetecible. Entre otras cosas porque ahora que hay recortar gastos, y que los españoles somos como somos, más de uno se gasta en cañas lo que se ahorra en jabón. Y no olvidemos que la retaguardia humana puede dar desagradables sorpresas. No me explayo en el tema por si alguno está en el momento del pincho.

Sí que debo decir que si fuéramos perros, las perras (hembras de perro, sin dible sentido) fijo que encontrarían alguna excusa para seguir llegando tarde. Aquello de, es que tenía que arreglarme quedaría fuera de lugar, pero nunca hay que subestimar la impuntualidad femenina. Sustitutos válidos se me ocurren… es que tenía que quitarme las pulgas, es que el collar no pegaba con la correa, es que mi dueña me entretuvo… en fin que por ahí tampoco mejoramos. Van dos puntos en contra.

Además de ser perro el número de bares a los que podríamos entrar se vería muy reducido. Que nos quiten los bares no, eso sí que no, por ahí no paso. Vale que siendo perro podría pasarme horas durmiendo, tener siempre mi plato de comida (fría, eso sí), no venir ningún día a trabajar… pero no me convence. Casi que prefiero seguir siendo persona, o algo que se le aproxima.

Seamos creativos

Como estamos en crisis he decidido que voy a inventar algo nuevo y revolucionario que a todo el mundo le guste y que me haga ganar mucho dinero para poder dedicarme a la vida regalada del no hacer nada. La idea en sí no es nada mala ¿verdad? El problema viene cuando nos lanzamos a pensar en esa idea genial. Yo, después de darle muchas vueltas, que eso de dar vueltas a las cosas es algo que se me da bastante bien, he decidido que ya tengo la clave. He pensado en ponerle un palo a un caramelo para poder ir comiéndolo despacio y no necesitar tenerlo todo el tiempo dentro de la boca. Gran idea. Sólo tiene un pequeño problema, que ya está inventado, se llama piruleta.

Pero es que la mayoría de las cosas que están sacando últimamente ya están inventadas. Lo que más gracia me hizo fue una casa rural que ofrecía una terapia de desconexión tecnológica al no poder usarse móviles, ni tablets, ni portátiles… vamos a ser señores genios. Eso se le llama casa del pueblo. Si tenéis vuestro negocio en un sitio tan lejano de la mano de Dios que no llega ni la cobertura del móvil no hace falta que os montéis películas.

Llegas a cualquier restaurante de esos que el cocinero (ahora chef) lleva su nombre escrito en la chaquetilla y lo primero que te suelta es que su cocina se basa en productos de temporada dando protagonismo a los ingredientes. Vale, pues lo que hacían las abuelas toda la vida. Iban al mercado, compraban lo que había y si los ingredientes eran buenos pues la cosa se podía comer. Si eran malos se comía de todos modos, que había hambre. Pues eso que ya estaba inventado.

En televisión les gusta la frescura del directo, lo de antes. Y ahora me salen con la moda vintage… es que no puedo eh. Al final me voy a cabrear, me lanzo al monte con un rebaño de cabras y me paso el invierno ahí dejando el mundo de lado. Aunque me temo, que eso tampoco es muy original.

Sonrisas forzadas

No hay nada más triste, más patético y que menos me guste que alguien que intenta ser simpático y no le sale. Y es que cuando alguien trata de ser gracioso y no se le da bien pasa a ser un graciosete, y no es lo mismo. Los ejemplos más claros en este sentido los tenemos en los trabajos que son de cara al público. Pero si hablamos ya de los bares, restaurantes y demás la cosa se multiplica.

Hay una cantidad de graciosetes detrás de las barras españolas que asusta oye. También hay gente agradable, simpática y que te hace estar cómodo, pero esos son a los que sueles acudir cuando ya te has cansado del graciosete. Las buenas personas, las que valen de verdad, no suelen asomarse a primera línea, sino que permanecen tranquilos en la retaguardia.

Una amiga ha comentado hoy que si te comportas como no eres, te encuentras con lo que no quieres. Pues eso, si no eres gracioso, no tienes ese don, por favor, no lo intentes. Sé correcto y profesional. Y ya. Es más que de sobra. Pero no tenemos confianza para según qué bromas, no nos conocemos de hace tanto y puede que consigas que no vuelva.

Desde luego que está el caso contrario. Gente que te hacen sentir como en el salón de tu casa. Cómodo, agusto y en un buen ambiente. En este sentido es recomiendo mi último descubrimiento, un restaurante (más bien bar) italiano MUY pequeños (vamos que sólo tiene dos mesas para sentarse y tres altas con taburetes) llamado Da Gavino en la calle Santa Teresa. Barato, rico, cómodo… no podéis pedir más.

Los paraguas asesinos

No hay nada más peligroso que una señora mayor con un paraguas un día de lluvia. Eso es así. Ves desde lejos una especia de champiñón sin cabeza que se lanza hacia ti. Tratas de esquivarlo, quiebras a un lado, al otro, pero nada, te marca igual que si fuera Pepe, no entra a tus amagos y te acabas llevando un golpe fijo.

Los días de lluvia la Seguridad Social debería recomendarnos llevar gafas protectoras para proteger nuestros ojos. Más de un parche han causado las varillas de los paraguas fijo. Me gustaría saber quién diseño esos remates metálicos al final de las varillas de los paraguas… ¿un ninja para usarlo de arma? ¿un policía para abrirse camino en las manifestaciones? ¿simplemente un cabrón? De verdad que eso está puesto a mala idea… cada día de lluvia como hoy que llego con los dos ojos sanos dan ganas de gritar más que si hubiera ganado la champions. Y es que me he dado cuenta de algo fundamental. Con dos gotas que caen todo el mundo abre el paraguas. Pero no es por el hecho de no mojarse, es para defenderse.

Pero claro las señoras mayores, que es de lo que hablamos hoy, si ya hacen lo que les da la gana por la calle a diario por derecho de canas (cruzan donde quieren, se paran donde quieren, van por donde quieren, compran… mmmm bien comprar compran lo que pueden) con lluvia más. Porque encima esconden su rostro en el paraguas y se permiten agresiones anónimas. Si una abuela atracara un banco sería con un paraguas seguro.

Además si os habéis fijado el modelo de paraguas de abuela es muy concreto (dejamos de lado el apaño bolsa de plástico en la cabeza que eso es otro cantar). Se trata de un paraguas plegable para que entre en el bolso (en ese bolso tamaño abuela que te entra un paraguas y un seat panda), de color marrón parduzco y con un estampado de cuadritos. Todas tienen uno a menos que haya sido sustituido por el siempre útil paraguas de publicidad. Muy apreciado por las abuelas por su esencial condición: es gratis. Y es que si algo es gratis una señora mayor irá a por ello fijo. Ya puede ser un kilo de patatas o tatuarse el conejito de playboy. Gratis, lo quiero.

En fin que espero que deje de llover para volver luego a casa. No por no mojarme, que me seco y listo, sino más bien por no quedarme tuerto, que dos ojos son para toda la vida a menos que una señora mayor con paraguas decida lo contrario.

Regalos de cumpleaños

Hoy es el cumpleaños de mi hermana Maca. Tranquilos que ya la he felicitado. El caso es que me ha sorprendido que su novio y yo hemos tenido la misma idea absurda, menos mal que ninguno la hemos hecho… mandarle unos mariachis a cantarle cumpleaños feliz. Y es que es el tipo de regalos que me gusta hacer, cosas que sean originales, pequeñas locuras… vamos qué otra cosa se puede esperar de mí. Aunque debo reconocer que en ese sentido el que se lleva la palma es mi primo Josina… el año pasado (o el anterior) me regaló un casco de obra blanco con manchas de vaca y posibilidad de llevas dos latas con sus correspondientes pajitas… ¿útil? nada ¿divertido? todo. Pues genial.

Y es que seguro que a todos os ha pasado que los padres alguna vez aprovecharon algo que os hacía falta para colároslo de regalo. Toma hijo una trenca, que ahora que empieza a hacer frío y la tuya está tan vieja… uff qué rabia daba. ¿Una trenca? ¿en serio? Yo quiero un He-Man. Aunque sí que es verdad que esa estrategia era algo más de abuelos que de padres. Cosas de la vida.

Es más conozco alguien (no diré quién) que cambia el 90% de los regalos que recibe… que a uno le da por pensar ¿no sería más fácil darle dinero y que se compre lo que quiera? Total cuando vaya a cambiarlo se va a enterar igual del precio.

Me pregunto de dónde habrá salido eso de que en tu cumpleaños te tienen que hacer regalos. No lo sé. Siempre me han gustado más los regalos porque sí, sin más, esos de me he acordado de ti y te he comprado esto. Son los mejores. Pero bueno, que quede claro que en breve es mi cumpleaños y quiero regalos eh. He dicho.

Gira el mundo gira

Uno de los temas estrella de esta ventana que os he abierto es el tiempo. El tiempo pasa nos guste o no. No podemos pararlo, ni ralentizarlo. El tiempo está diseñado a mala leche, pasa rápido cuando sonríes y muy lento cuando lloras. Así es el tiempo. Y como consecuencia lógica del paso del tiempo está el cumplir años. Nos pasa a todos. No olvidemos que es mucho peor no poder cumplirlos.

Y así, segundo a segundo, vemos que las hojas del calendario van cayendo, expresión totalmente fuera de tiempo, puesto que deben quedar ya muy pocos calendarios de hojas. Y te das cuenta de todo lo que has hecho, y de lo que no. De lo que has disfrutado, y de lo que no. De lo que has hecho bien, y de lo que no. Y a veces, las menos, aparte de darte cuenta de estas cosas eres hasta coherente con ellas. Intentas aprender de fallos pasados, repetir éxitos y buscar los momentos en los que sonreías. Como digo es sólo a veces.

Es curioso que nos embarquemos en cruzadas que sabemos de fracaso seguro. Algunos lo llamarán valor, otros inconsciencia… según se mire. Pero somos así. Necesitamos sentir que el futuro no está escrito. Que lo tenemos en la palma de la mano y podemos modelarlo y definirlo. Queremos tener la opción de meter la pata y el derecho a revancha.

Y sigue pasando el tiempo. Y nos hacemos más viejos, dicen que más sabios, pero no todos, porque las canas no son sinónimo de poseer la verdad absoluta. Seguimos en el mundo con aspiraciones de dejar huella. De ser recordados. No siempre elegimos la mejor forma, pero todos tenemos esa pequeña (o gran) necesidad de protagonismo. A nadie le amarga un mail, una llamada, un whatsapp…

Al final, en estas últimas líneas del post de hoy, soy un poco más viejo que al principio. El tiempo pasa, queramos o no.

Vergüenza

Quiero contaros algo. Es real, me pasó el viernes. A eso de las tres de la tarde fui a un conocido local de comida rápida americana cuyo nombre y logo tiene que ver con la realeza (vamos, el Burger King), por cierto ¿no os parece ridículo cuando en la tele hacen referencias a marcas comerciales usando este estilo sin decir el nombre? Pues a mí sí, pero bueno a los que íbamos, estaba yo en Burger King esperando que me dieran mi hamburguesa, por cierto ¿nunca habéis pensado que si cambiáis algunos de los ingredientes de las hamburguesas del Burger os darán una recién hecha y no de esas que tienen ya listas y calentadas en el momento? Pues yo sí. En fin que me lío, pues eso que estaba esperando mi hamburguesa (whopper con queso, bacon, sin pepinillo y extra de mayonesa) cuando vino una chica y me saludó.

El caso es que ella me saluda, me pregunta qué tal todo… y yo, en mi despiste habitual no tenía ni idea de quién era, pero claro, por lo apurado que me sentía por la situación le seguí la corriente. Hasta que al par de minutos de estar hablando me comenta “Bueno Luis y ¿qué tal tu primo?” Mi cara debió desencajarse casi tanto como la suya cuando, sacando valor de donde no lo tenía, le confesé que yo no era Luis. Ella a cuadros, roja, descolocada. Yo a cuadros, rojo, más descolocado aún. Y claro salió la verdad. Ella me había confundido con otro y realmente no nos conocíamos.

Estas cosas sólo me pasan a mí. Pero el caso es que muchas veces por no decir una verdad a tiempo nos metemos en unos líos que luego cuesta dios y ayuda salir. Y claro en vez de cortar el problema de raiz, lo vamos aumentando y aumentando. Mala idea.

Mi consejo de hoy (porque Fer enseña y divierte) al más puro estilo abuela es, más vale ponerse una vez rojo que cien “colorao”. Lo dicho, ánimo con el lunes.

Tortilla de patatas

Tortilla de patatas, tortilla española. A la altura de los trajes de flamenca, los toros y la paella. Topicazo español donde los haya. Y qué buena que está por dios. La tortilla es santo y seña de nuestra más arraigada tradición: ir de cañas. La tortilla puede encumbrar o hundir un bar. Si la tortilla es buena la afluencia de público está garantizada. Y existe tantas mejores tortillas como bares. Todo el mundo asegura que la suya es la mejor, o en su defecto la de su madre o abuela. Las hay más cuajadas, menos, con cebolla, sin ella, altas, finas… las tortillas son como las mujeres, las hay de todos tipos, pero todas tienen algo bueno.

Una caña y un pincho de tortilla, ése sí que es un matrimonio perfecto. No creo que nadie no haya gozado de este placer. Pero como dios manda, de pié, codo en barra y sonrisa por delante. Como hacemos las cosas en España, bien. En esta época de nacionalismos hay que buscar aquello que nos une. La tortilla lo hace. Desde Cataluña al País Vasco, entrando por Madrid y rematando por Andalucía los españoles vivimos y bebemos echándole huevos a la vida. Tortilla para todos que diría Iniesta. Propongo nombrar la tortilla de patatas embajadora española en el mundo.

Comidos somos todos más simpáticos y amables. La tortilla estrecha lazos, hace amigos, nos cuida y nos quita la resaca. Tres hurras para el inventor de la tortilla. Que Andreíta se coma el pollo que yo me quedo con mi tortilla. Que aproveche.

La maleta sin fondo

Llegas a un aeropuerto, estación de tren, de bus… y las ves. Hay maletas que se mueven solas, que corren por los pasillos sin destino aparente y se lanzan hacia su transporte en el último segundo. Y no, no es que yo vaya a estos sitios con un par de copas en todo lo alto (que sois unos mal pensados), es que detrás de esas enormes maletas… se esconde una mujer. No falla. Maleta enorme, es de una chica. Eso es así.

Y es que las mujeres con sus maletas tienen una relación amor-odio curiosa. Empecemos porque no vale cualquier maleta, tiene que ser la suya. Elegida cuidadosamente entre muchas maletas. Es su compañera de viajes, su cómplice. Perder la maleta para una mujer es como si nosotros nos quedamos sin electricidad en mitad de un Madrid-Barça… nos sentimos perdidos, indefensos, impotentes y muy cabreados.

El sistema que emplea una mujer para hacer su maleta se resume en una frase: por si acaso. La cantidad de por si acasos es inversamente proporcional al número de días del viaje. Si naufragas en una isla desierta y vas con una mujer tú tranquilo, que con que abra la maleta tenéis para vivir un par de años sin problemas. Eso sí, cuidado con mencionar el tema de que no hay enchufes para su secador, plancha de pelo, cargador de móvil… eso puede generar una crisis que termine contigo en el agua camino de otra isla.

Y claro a base de llenar y llenar la maleta, llega el momento que toda mujer conoce y practica. Sentarse en la maleta para cerrarla. Es una técnica que dominan con gracia y destreza. Se encaraman encima de la maleta y basculando de cachete a cachete van forzando la cremallera hasta que acepta las estrecheces. Sistema parecido a tumbarse en la cama para abrocharse los vaqueros, que siempre me ha llamado la atención ¿no es más sencillo comprar una talla más? vamos digo yo.

El caso es que en el fondo de no ser por esas maletas estaríamos perdidos en los viajes. La mente masculina cede el protagonismo a ellas y nos limitamos a un cómodo “seguro que ella trae”. Si vas de viaje con una mujer vigila su maleta, de ella depende vuestra supervivencia.