Ruidos y rugidos

por Fer Población

Hoy estoy oyendo ruidos. Rugidos que desgarran la quietud de la oficina. Sonidos que perturban el ambiente y crean incomodidad y sonrojo a cantidades iguales. Yo me sonrojo, la secretaria se incomoda. Y es que lo que suena es mi estómago. Tengo hambre.

Mira que he pedido veces que a estas horas de la mañana no se cuelguen fotos ni comentarios de comida en FB, pues nada que no hay manera. Hoy ha sido ver la foto de un pulpo del Castillo del Buen Amor y mi estómago empezar a berrear como un niño al que le han quitado el chupete. Fer Troco eres cruel.

Y es que parece que cuando tenemos hambre la comida nos persigue, bueno corrijo, imágenes de comida, olores de comida, comentarios de comida… vamos referencias a la comida mil, pero nada que realmente te puedas comer. Haced una prueba, un día con mucha hambre encender la tele… fijo que el primer anuncio que veis es de Telepizza, o McDonalds, o Burger King o… que esa es otra, yo cuando voy a un sitio de estos me dan ganas de denunciarlos. Qué mierda me has dado…. yo quiero la de la foto, yo quiero el antes, no ésta que es la de la foto después de que le pasara un camión por encima.

Es más, me he dado cuenta que este acoso de los anuncios no pasa sólo con el hambre. Si tienes sed, ganas de vacaciones o estás algo “cariñoso”… pues lo mismo. Aunque sin duda lo más complicado es eso de estar “cariñoso”. Nuestro cerebro (el de nosotros, hombres) ha desarrollado la extraña virtud de relacionarlo todo con el sexo. Casi cualquier frase sacada de contexto puede ser tomada como algo sensual. Es más, voy a hacer un experimento en directo… voy a entrar en la web del mundo, voy a abrir la tercera noticia y poner la segunda frase del tercer párrafo… a ver qué sale.

el ministro ha afirmado que la Sentencia no será firme hasta que pase un periodo de 10 días, tiempo en que la familia y la defensa deben decir si apelan o no.

Y es que claro… si no tienes la “sentencia” firme… es difícil que te la puedas pelar… lo dicho que al final si todo nos lo llevamos al mismo sitio.

Pero hoy no es mi caso, yo lo que tengo es hambre. Curiosamente ahora que protestan mis tripas, acaba de llegar el hombre para arreglar la nevera de la cocina. No es que yo tuviera nada ahí metido (dudo mucho que de dejar algo llegara a ser yo el que lo consumiera), pero claro, pensar en nevera es pensar en comida… vamos hambre otra vez.

En fin, una de dos, o me voy a comprar algo, o le pongo tapones en los oídos a la secretaria porque mi estómago no parece que tenga intención de dejar de rugir. Roooooooarg.