Gira el mundo gira

por Fer Población

Uno de los temas estrella de esta ventana que os he abierto es el tiempo. El tiempo pasa nos guste o no. No podemos pararlo, ni ralentizarlo. El tiempo está diseñado a mala leche, pasa rápido cuando sonríes y muy lento cuando lloras. Así es el tiempo. Y como consecuencia lógica del paso del tiempo está el cumplir años. Nos pasa a todos. No olvidemos que es mucho peor no poder cumplirlos.

Y así, segundo a segundo, vemos que las hojas del calendario van cayendo, expresión totalmente fuera de tiempo, puesto que deben quedar ya muy pocos calendarios de hojas. Y te das cuenta de todo lo que has hecho, y de lo que no. De lo que has disfrutado, y de lo que no. De lo que has hecho bien, y de lo que no. Y a veces, las menos, aparte de darte cuenta de estas cosas eres hasta coherente con ellas. Intentas aprender de fallos pasados, repetir éxitos y buscar los momentos en los que sonreías. Como digo es sólo a veces.

Es curioso que nos embarquemos en cruzadas que sabemos de fracaso seguro. Algunos lo llamarán valor, otros inconsciencia… según se mire. Pero somos así. Necesitamos sentir que el futuro no está escrito. Que lo tenemos en la palma de la mano y podemos modelarlo y definirlo. Queremos tener la opción de meter la pata y el derecho a revancha.

Y sigue pasando el tiempo. Y nos hacemos más viejos, dicen que más sabios, pero no todos, porque las canas no son sinónimo de poseer la verdad absoluta. Seguimos en el mundo con aspiraciones de dejar huella. De ser recordados. No siempre elegimos la mejor forma, pero todos tenemos esa pequeña (o gran) necesidad de protagonismo. A nadie le amarga un mail, una llamada, un whatsapp…

Al final, en estas últimas líneas del post de hoy, soy un poco más viejo que al principio. El tiempo pasa, queramos o no.

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