Sonrisas forzadas

por Fer Población

No hay nada más triste, más patético y que menos me guste que alguien que intenta ser simpático y no le sale. Y es que cuando alguien trata de ser gracioso y no se le da bien pasa a ser un graciosete, y no es lo mismo. Los ejemplos más claros en este sentido los tenemos en los trabajos que son de cara al público. Pero si hablamos ya de los bares, restaurantes y demás la cosa se multiplica.

Hay una cantidad de graciosetes detrás de las barras españolas que asusta oye. También hay gente agradable, simpática y que te hace estar cómodo, pero esos son a los que sueles acudir cuando ya te has cansado del graciosete. Las buenas personas, las que valen de verdad, no suelen asomarse a primera línea, sino que permanecen tranquilos en la retaguardia.

Una amiga ha comentado hoy que si te comportas como no eres, te encuentras con lo que no quieres. Pues eso, si no eres gracioso, no tienes ese don, por favor, no lo intentes. Sé correcto y profesional. Y ya. Es más que de sobra. Pero no tenemos confianza para según qué bromas, no nos conocemos de hace tanto y puede que consigas que no vuelva.

Desde luego que está el caso contrario. Gente que te hacen sentir como en el salón de tu casa. Cómodo, agusto y en un buen ambiente. En este sentido es recomiendo mi último descubrimiento, un restaurante (más bien bar) italiano MUY pequeños (vamos que sólo tiene dos mesas para sentarse y tres altas con taburetes) llamado Da Gavino en la calle Santa Teresa. Barato, rico, cómodo… no podéis pedir más.

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