Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: octubre, 2012

El Calderón tenía que ser

Ayer fui a ver el partido de fútbol de La Roja. Vamos de la Selección Española de Fútbo. Mi gran duda es ¿pero a quién en su sano juicio se le ocurre jugar en el Calderón? Claro, luego pasa lo que pasa y nos quejamos. Cantan los indios (hinchas del atléti) eso de “si no sufrimos no nos divertimos”. Pues mire usted, uno que viene de las blancas tierras de la Castellana eso de sufrir no lo lleva en el ADN. Lo nuestro es ganar, pero eso, y estaba claro, en el Calderón no podía ser.

Mi primera decepción fue nada más entrar en el estadio (olvidemos el asunto de tener que ir en Metro al extrarradio madrileño), uno que está mimado y bien acostumbrado (puede que demasiado bien) se pregunta ¿y dónde tienen aquí las escaleras mecánicas? Pues no, de eso no hay. Pues nada a ejercitar las patitas, que dicen que eso de hacer deporte es sano.

Y ahí ya empieza el partido y las malas vibraciones del campo se empezaron a notar. Por eso lo llamen el pupas, minuto 9 y ya primer lesionado. Silva, pero vamos que Cazorla se pasó silvando el partido porque ni se le vió ni se le esperaba. Y gol, de rechace, y gol mal anulado a Francia, y penalti que falla Cesc (igual por eso es el falso nueve, porque está pero no marca). Lo dicho… el espíritu de Jesús Gil quiso pegarse unas risas y hacer de las suyas (y tal y tal)

Y ya puestos… pues a lesionar a Arbeloa… Chendo vete calentando que el sábado de lateral juegas tú. Al final fallo de Juanfran (¿en qué equipo juega este chico?) gol de los franceses y con cara de tontos a casa.

Lo dicho ¿quién fue el lumbrera que eligió el Calderón?

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Ruidos y rugidos

Hoy estoy oyendo ruidos. Rugidos que desgarran la quietud de la oficina. Sonidos que perturban el ambiente y crean incomodidad y sonrojo a cantidades iguales. Yo me sonrojo, la secretaria se incomoda. Y es que lo que suena es mi estómago. Tengo hambre.

Mira que he pedido veces que a estas horas de la mañana no se cuelguen fotos ni comentarios de comida en FB, pues nada que no hay manera. Hoy ha sido ver la foto de un pulpo del Castillo del Buen Amor y mi estómago empezar a berrear como un niño al que le han quitado el chupete. Fer Troco eres cruel.

Y es que parece que cuando tenemos hambre la comida nos persigue, bueno corrijo, imágenes de comida, olores de comida, comentarios de comida… vamos referencias a la comida mil, pero nada que realmente te puedas comer. Haced una prueba, un día con mucha hambre encender la tele… fijo que el primer anuncio que veis es de Telepizza, o McDonalds, o Burger King o… que esa es otra, yo cuando voy a un sitio de estos me dan ganas de denunciarlos. Qué mierda me has dado…. yo quiero la de la foto, yo quiero el antes, no ésta que es la de la foto después de que le pasara un camión por encima.

Es más, me he dado cuenta que este acoso de los anuncios no pasa sólo con el hambre. Si tienes sed, ganas de vacaciones o estás algo “cariñoso”… pues lo mismo. Aunque sin duda lo más complicado es eso de estar “cariñoso”. Nuestro cerebro (el de nosotros, hombres) ha desarrollado la extraña virtud de relacionarlo todo con el sexo. Casi cualquier frase sacada de contexto puede ser tomada como algo sensual. Es más, voy a hacer un experimento en directo… voy a entrar en la web del mundo, voy a abrir la tercera noticia y poner la segunda frase del tercer párrafo… a ver qué sale.

el ministro ha afirmado que la Sentencia no será firme hasta que pase un periodo de 10 días, tiempo en que la familia y la defensa deben decir si apelan o no.

Y es que claro… si no tienes la “sentencia” firme… es difícil que te la puedas pelar… lo dicho que al final si todo nos lo llevamos al mismo sitio.

Pero hoy no es mi caso, yo lo que tengo es hambre. Curiosamente ahora que protestan mis tripas, acaba de llegar el hombre para arreglar la nevera de la cocina. No es que yo tuviera nada ahí metido (dudo mucho que de dejar algo llegara a ser yo el que lo consumiera), pero claro, pensar en nevera es pensar en comida… vamos hambre otra vez.

En fin, una de dos, o me voy a comprar algo, o le pongo tapones en los oídos a la secretaria porque mi estómago no parece que tenga intención de dejar de rugir. Roooooooarg.

 

La crisis… culpable de todos los males ¿o no?

La palabra crisis se ha hecho ya parte de nuestro día a día. Ya no hay desaceleraciones económicas, ya es crisis. Decimos crisis como quien da los buenos días. Ya hemos perdido el miedo a la palabra y vivimos con ella de la manos con total naturalidad. La crisis es la gran explicación para todos nuestros males. Pase lo que pase es culpa de la crisis. Si hacemos algunos giros de causalidad la crisis cuela por todo. Se me cae el pelo. El estrés provoca caída del pelo. No encontrar trabajo nuevo genera estrés. Hay pocos trabajos por culpa de la crisis, luego… la crisis tiene la culpa de que se me caiga el pelo. Eso es así.

Pero la crisis es también una excusa muy contundente y sin posibilidad de réplica para cerrar el puño y apretar a los demás. La crisis se ha llevado por delante privilegios como horas extras pagadas, cenas de navidad, plus por objetivos, cestas de navidad… ¿de verdad hay tanta crisis o la excusa es tan buena que permite congelar sueldos sin que nadie proteste por miedo?

Querida crisis, flaco favor te están haciendo los que cargan a tus espaldas mucho de lo que no eres culpable. Flaco favor hacen aquellos que, apoyados en esta idea de crisis, buscan rizar el rizo de sus balances comerciales.

No me gusta la crisis, como a casi ninguno, pero… es la crisis culpable de todos nuestros males ¿o no?

¡Viva los novios!

Mañana se casa mi amigo Josito. Pues que viva los novios. Uno se va haciendo mayor, como ya os he comentado antes, y estas son las cosas que te gustan, te hacen ilusión. Primero porque ves que gente que lleva muchos años formando parte de tu vida se encamina hacia un futuro. Da un paso, un salto y se embarca en una nueva aventura a golpe de sí quiero. Y tendremos corbatas, nervios, comida, alcohol (mucho), risas… a fin de cuentas fabricaremos recuerdos que en unos años, cual abuelitos, nos contaremos unos a otros e iremos llenando las lagunas y reconstruyendo lo que pasó aquél día, aquella noche.

La vida en el fondo está hecha de eso. De momentos claves que nos arrastran en una u otra dirección. No vale la pena darle vueltas al qué habría pasado si… es mejor disfrutar del camino que has elegido, el que estás viviendo. Y si no te gusta, da un golpe de timón y un giro de 180º (ojo que si giras 360º te quedas en el mismo sitio).

Pues eso, que mi amigo Josito se casa, y allí estaré yo luciendo mi chaqué (al final le voy a sacar partido) y mi sonrisa. Pensando en miles de historias que hemos vivido. Rezando porque no tengamos un caso de novio a la fuga (que el chico es miedica jejeje).

Todo el mundo sabemos quién es la que manda en las bodas: la novia (o puede que su madre). El novio es sólo un complemento necesario para que ella pueda tener su gran día y ay como al novio se le ocurra destacar en positivo o negativo… divorcio exprés.

Mañana me voy de boda. Pasado de cañas. Ambos planes me apetecen. Os veo el lunes.

A martillazos

No hay manera, no hay derecho, no es justo, no lo aguanto. Justo en la pared de detrás mío en la oficina están de obras. Golpes, ruidos y más golpes y más ruidos. Algo muy malo tuve que hacer en la otra vida para que me lo paguen así…. Yo creo que en la otra vida yo inventé los lunes. Yo he sido el que ha diseñado los abre fáciles, yo le pegué a Murphy su mala leche, yo era el que daba la vuelta a las tostadas en el aire para que cayeran del lado de la mantequilla. Yo gastaba las pilas de los mandos, escondía los papeles, animé a los franceses a que se dieran esos aires. Yo tuve la idea de los guiñoles dopándose, escondía los calcetines (uno por para, claro) y hasta inventé Sálvame. Vamos lo que se conoce como un cabrón.

Y es que sino no me lo explico. Paredes pistacho, jaula de locos, calor o frío a rabiar (según estación), sueldo de locos y ahora encima obras. Ya valeeeee. Como esto siga así tiro de Colombine y se van a cagar…

He pensado en la opción de ponerme cascos y música y ver si así se hace más soportable… pero el volumen que tendría que poner no lo tienen ni en Kapital. Sé que algunos (Coli) pueden dormirse abrazados a un altavoz de esa sala (sonando eh), pero los que somos normales (o algo así) terminamos con un dolor de cabeza que preferimos amputar directamente.

Hoy estoy que muerdo. Mucho. Cuidado conmigo.

Accidentes por teléfono

Si es que vamos como locos, en serio. Cada día más deprisa, cada vez queremos todo antes. Y tenemos la manía de ir mirando cosas con el teléfono al ir de un sitio a otro, y claro eso tiene sus accidentes. Lo curioso es que no me refiero a los conductores, hablo de los peatones. De verdad. Vas por la calle y ves cómo la mayoría de la gente va jugando con sus aparatitos (que nadie piense mal) y más de uno da quiebros a farolas a escasos centímetros. Nunca he visto ningún chichón, pero soy consciente de que los hay.

Estamos creando una generación de chepudos, encorvados y con dedos deformes… siempre alrededor de nuestro móvil, mi tesoro. Tenemos dependencia, mono y hasta nos dan los siete males si vemos que la batería se está agotando. Me confieso culpable de todos esos pecados. Es por eso, por el bien de los ciudadanos que desde aquí propongo una medida de interés público: farolas acolchadas ya.

Señora Botella, piénselo usted bien. La salud de los que vivimos en Madrid está en sus manos. Sin duda esta medida reducirá las bajas laborales, las visitas a urgencias y ya de paso mejorará el humor general. Que a todo el mundo le divierte darse un golpecito, pero hacerse una nariz nueva es otro cantar.

En esta línea de mejoras propongo la aparición de un nuevo funcionario público, el avisador de obstáculos. Persona dedicada a darnos un grito (muy español sin duda) en caso de guarrazo inminente. Además con esta medida estamos ayudando a reducir el paro. Todo son ventajas.

Los oculistas son los que de verdad están encantados con todo este asunto… estamos mutando a hombres topo y las gafas empiezan a ser tan habituales como el reloj, lo raro es la gente que no las usamos. Y todo por ver un whatsapp.

¿Os habéis dado cuenta de cuántos whatsapp que recibes al día son importantes, trascendentes, aportan algo… ? Yo la semana que recibo uno de estos, me sorprendo. Cierto es que el que espere que sea yo el que mande uno de estos… pues eso, que espere. El whatsapp, versión 2.0 de bbm, nació para decir chorradas. Por estas chorradas vamos por la calle medio ciegos, embobados y encorvados. Y por estas chorradas será mejor que alguien me pegue un grito de vez en cuando, o al final me comeré una farola.

Carta al lunes

Los dos sabemos que nos llevamos mal. No vamos a esconderlo. Sería absurdo. por mucho que trato de evitarte siempre me acabas encontrando, y eso de desespera y me desalienta. Me caes mal. Muy mal. Mira que nos hemos visto veces a lo largo de mi vida, pero sigo sin verte la gracia. Sin pillarte el puntito. No sé para qué sirves, por qué te inventaron o qué razón tienes. Eso, que me caes mal.

Eres el odiado, el insultado. Tu nombre suele ir precedido de la palabra maldito. Pero no te cansas de seguir viniendo, de seguir apareciendo cada siete días. No te entiendo. Nos ignoras y nos haces sufrir. Parece que disfrutas, y nos da que pensar que en el fondo te regodeas en el mal ajeno. Te repito que me caes mal.

Porque tus demás hermanos van teniendo su gracia, los martes de champions, los miércoles de mitad de semana, los juernes, los viernes de pre fin de semana y el sábado y domingo es obvio que nos llegan y llenan ¿pero tú? ¿qué tienes tú?

Lo único bueno que tienes es que sólo duras 24 horas. Por mucho que nos veamos cada siete días no dejas de caerme mal.

Y van 100

Pues sí, cien. Ni más ni menos que cien. Son ya cien los posts que he colgado en este blog. No me lo creo. Ha pasado volando. Sin darme cuenta he llegado hasta aquí. Todo empezó por envidia y reto, como suelen empezar estas cosas. Envidia de Alba que me demostró que se puede hacer un blog para contar tus experiencias de un modo ameno, relajado, divertido. Y reto por mi amiga Aina que me picó lo justo para que me lanzara y no lo dejara a medias como he hecho con tantas cosas en la vida. Gracias a ambas.

Y en estos cien blogs he ido hablando de lo divino y de lo humano. De las paredes pistacho, de los desconocidos habituales, de los mundos de Yupi… He estado de buen humor, de mal humor, triste, alegre, esperanzado e hasta encabronado. De todo ha habido, pero es que cien son muchos. Y veo que se asoma gente a mi ventana de sitios muy diferentes. Españoles por supuesto, pero gente de Indonesia, de Chile, de Perú, de Georgia… pues me sorprende la verdad. Y me halaga por supuesto.

Debo reconocer que no todos los días me apetece escribir, la mayoría sí eh, pero esos días en los que no estoy con ganas de contaros nada y me surge una obligación hacia vosotros para asomarme de nuevo a mi ventana. Obligación que me habéis impuesto, que me la gano si no escribo. Pero mi ventana está abierta, cualquiera puede saltar dentro, asomarse, hablar, opinar, definir o criticar. Es una ventana porque es transparente, se ve lo que hay. Yo soy así, no lo puedo esconder. Uno de los mejores comentarios que me han hecho de mi blog fue de mi amigo Carlos de Salamanca, me dijo es que se nota que eres tú, te imagino contando esas cosas un día tomando algo. Pues me gusta. Era mi idea.

El comentario de mi amigo Josito fue menos “bonito”. Mi blog ha sustituido al periódico cuando le llama la naturaleza. Hombre, me gusta que me lean, pero que me asocien con ir al baño no sé si es un piropo eh.

El caso es que ya van cien posts. No lo parece, pero ahí están. Uno por uno. Con sus cosas. Los hay mejores y peores. Espero que los cien primeros os hayan gustado ¿va a haber cien más? pues no lo sé. De momento ciento uno sí.

Tiempo

Los días tienen 24 horas. Las horas 60 minutos. Los minutos 60 segundos. Nos pongamos como nos pongamos eso es así. No hay quien lo cambie. Y a base de encadenar esos segundos, esos minutos, esas horas, esos días nos va pasando lo que venimos en llamar vida. Es así de sencillo. Aunque nos empeñemos en no exprimirla la vida sigue pasando. Los segundos caen como granos de arena del reloj.

La clave, lo bueno, la diferencia es invertir ese tiempo. Darle un valor a lo que haces sin esperar y aspirar a que pasen las horas. El tiempo es un bien precioso y no sabemos si escaso. Nadie sabe el tiempo que tiene. Nos volvería locos saberlo.

Gestionamos a diario nuestro tiempo con mayor o menor acierto. Invertimos segundos a plazo fijo en depósitos que no siempre nos son rentables. Y, tras unas horas regaladas a Morfeo, volvemos a empezar cada mañana la actividad de broker de calendario.

El tiempo pasa en un suspiro, y un suspiro cuesta tiempo. El tiempo nos lleva de la mano por más que queramos dominarlo. Y yo, todos los días, os dedico un poco de mi tiempo.

De mayor quiero ser pequeño

Y no me refiero a eso de irme encogiendo, arrugando, convirtiéndome en el reflejo de una pasa que en su día fue una tersa y brillante uva (por cierto Pilu mucha suerte con la vendimia) aunque me temo que ese proceso ya ha empezado. Lo que me refiero es que era más sencilla nuestra forma de pensar de pequeños, más directa. No digo que tuviéramos razón, pero en nuestros errores estaba la grandeza de nuestras sentencias.

Pongamos un ejemplo. Yo de pequeño pensé en pedirle a los Reyes Magos (nada de Papá Noel eh… defendamos el producto nacional) un cajero automático. Y es que estaba harta de que los mayores tuvieran el tema del dinero como excusa para no poder hacer nada. Para ir al cine dinero, para ir de vacaciones dinero, para comprar chucherías dinero, para tener juguetes dinero… pues un cajero en casa, por la mañana sacas unos billetes y a vivir feliz. Como idea no era mala eh.

Y es que cuando eres pequeño te crees que eres un genio (yo estaba seguro que nadie más pediría un cajero a los Reyes Magos) y piensas que las cosas que te rodean a ti son especiales y diferentes a todas las demás. Pongamos otro ejemplo. Hace años yo iba algunos fines de semana a la finca de mi abuelo a estar con él. Recuerdo la sopa de la finca… tenía unas hierbitas que sólo tenían ahí que daban un olor intenso y especial. Años más tarde descubrí que simplemente era hierbabuena. Qué decepción.

Es lo que os digo. Cuando eres pequeño puedes irte a casa feliz porque has encontrado el palo perfecto para usar de espada, puedes salir a la calle con un sombrero de vaquero y pensar que todos te envidian porque no tienen uno igual e incluso saber (no opinar eh) que la casa del pueblo es la más chula del mundo. Luego creces. El palo perfecto lo pisas sin ni siquiera mirarlo (los adultos pisamos muchos cosas, a veces mucha gente, sin ni siquiera mirarlos), el sombrero de vaquero no te lo pones porque te ves ridículo y a la casa del pueblo no quieres ir ni atado, pero quieres comprarte un chalet en una urbanización de las afueras. Nos volvemos gilipollas.

Quizá por eso tengo este pequeño complejo de Peter Pan. Puede que por eso siga buscando la parte sencilla de las cosas grandes de la vida. No sé si lo he conseguido, pero eso, mis queridos amigos, no soy yo el que debe judgarlo.