Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: noviembre, 2012

Series que me tomo en serio

Las series son las nuevas pelis, los nuevos libros y ya si me apuras la nueva religión de muchos (uy como lea esto Rouco…). Alguien me dijo alguna vez (no es que no quiera confesar quién, es que no me acuerdo) que a todos los chicos que nos gusta “¿Cómo conocí a vuestra madre?” Nos pasa lo mismo. Todos queremos ser como Barney, todos pensamos que somos Ted, pero en el fondo todos somos Marshall. Ahí donde quiera que estés sabia persona que me dio esta lección, gracias.

Esta mañana me ha apetecido ser Ashton Kutcher en “Dos hombres y medio” y pasar de todo y quedarme en la cama. Además fijo que tendría a mi lado una rubia impresionante (no se me enfaden las morenas que la serie es americana y allí tiran más a pelo pajizo, vamos a rubia, no pensemos mal) y con suerte me habría hecho el desayuno. Pero no, en mi caso soy más vividor follador al estilo gañán. Así que ducha y a la oficina. En cierto modo lo que pasa en este universo de paredes pistacho bien podría ser una serie, aunque de eso ya os he hablado otras veces. Lo único que me indica que esto es real es que no hay risas en lata, eso sí, como por lo que sea se oiga una carcajada a través de la pared os prometo que empiezo a mirar por los rincones a ver si soy Trueman2, que vale no es una serie, pero viene al caso. Por cierto lo que ha evolucionado la industria conservera… mejillones, espaguetis, almejas, risas…

Yo quiero las manos de Hulk de Sheldon Cooper, quiero poder decir Tiri tiri tiri porque a veces me parto y me mondo y quiero saber que debajo de un paraguas amarillo está la madre de mis hijos. Quizá ir con ella a tomar un café al Central Perk, que Resines nos sirva un plato de jamón o irnos a comprar un comic. No sé, me da que al final no va a ser la madre de mis hijos.

Pero entre todos los personajes de series nacionales y extranjeras hay alguien que destaca por encima de todos. Un personaje que tiene mi respeto, admiración. Que me hacía presidente de su club de fans. Chema el de La Colonial. Calvo, ya con sus años, con unos estudios que no le valen de nada en un entorno que se ríe de él por ello. Más inteligente y menos valorado que su antagonista: Mauricio. ¡Pero se acuesta con Soraya!

Y digo yo… yo que ando escaso de pelo, también con una edad ya, también en un entorno que no me valora (el pistachismo es malo)… Yo también quiero una Soraya.

 

Regañadores y regañadoras

Hay gente que tienen auténtica afición por eso de regañar. Casi ni te has movido y ya te está cayendo la bronca. Igual sólo me pasa a mí. Igual que soy muy regañable, no sé. Lo curioso es que muchas veces la misma gente que te regaña hace lo mismo que tú o peor. Ve la paja en el ojo ajeno (aunque esta expresión nunca me ha gustado mucho, manías mías) y la viga se la pasa por el arco del triunfo. Con un par.  Tío que llegas tarde… a ver si siempre te espero yo… por eso para un día que soy puntual… lo dicho con un par.

Las regañinas más curiosas son las que te ganas por favores. Por molestarte en hacer algo por los demás. Que muchas veces nos creamos obligaciones y servilismos nosotros solitos. Igual sólo me pasa a mí.

Y junto con la regañinas viene esa preciosa frase de “yo no quería decirte nada, pero te lo dije”. Vamos por partes, por un lado si no querías decirme nada… cállate. Sé coherente, es más sencillo. Por otro lado si ya me lo dijiste ¿qué necesidad hay de repetirlo? si yo me acuerdo, no se me ha olvidado. No seas repetitivo. Invierte tu tiempo en algo más productivo.

Según nos vamos haciendo mayores somos más de regañar, aunque a veces hay auténticas regañadoras precoces. Juegos olímpicos de regañar ya. Conozco más de una que optaría a podio al menos.

Pues eso que hoy he escrito algo más tarde en el blog y me han regañado.

El animal que llevamos dentro

Hoy he dormido como una marmota, he roncado como un oso, he rugido como un león al levantarme y en vez de hacerme el lavado del gato me he dado una ducha como dios manda. Vamos que he tenido una mañana muy animalizada. Que todos somos un poco animales.

La verdad que tengo un hambre que me comía un ñu y me apetece perrear esta tarde para poder lanzarme a la noche en plan murciélago (es decir ir ciegooooo). Como si fuéramos unos animales, en cualquier lado con un plástico nos vale ¿a alguien le suena esto?

Menos mal que mi cuñado no es nada rata y nos va a invitar a unas copas por su cumpleaños esta noche. Es curioso cómo el alcohol hace que algunos saquen su animal interior sin tapujos. Y lo más curioso es que depende del género el animal cambia. Los hay que se vuelven pulpos y las hay que se vuelven zorras (no generalizo, sólo digo que las hay). En ambos casos lo que dos animales quieren es terminar emulando a otro. Lo que suele llamarse como el salto del tigre. Pulpo y zorra, eso sí que es un tierra y mar y no las fusiones de la cocina de autor.

Normalmente los que tiramos de murciélago por noche (y vamos cieeeeeeeeeeeeegos) solemos imitar al día siguiente al entrañable perezoso. En cierto modo tiene sentido, a fin de cuentas ambos pasan el día colgados. ¿Será culpa de los camellos? Habría que indagar un poco más en este sentido.

Llama la atención que la zorra que se comporta como tal sin necesidad del elemento alcohol por medio es también conocida como víbora e incluso conozco el caso de una hiena que campa a sus anchas por las calles madrileñas.

En fin, que al final los animales van a salir del zoo para vernos a nosotros.

Reflexiones a pie de calle

Una moto aparcada con el manillar torcido parece un perrito que te mira con cara triste girando la cabeza.

La gente que parce que habla sola por la calle es que están con el móvil, pero ¿y los que cantan?

Los que van en moto con las mantas esas me recuerdan a las abuelas con su mesa camilla. ¿Tendrán brasero ahí debajo?

Cuanto más grande sea el charco, más fácil es que metas el pié en él.

Con el semáforo en ámbar el taxista acelera. Si va con pasajero no.

No importa el tiempo que haga, siempre pensarás que debiste coger o dejar algo de ropa de abrigo.

Los policías mandan mucho, los obreros más.

Murphy está presente desde primera hora. Si sales de casa con hambre verás descargar un camión de reparto. El de hoy de bollería.

A veces al cruzar un semáforo tienes que ir esquivando gente como si fueras a marcar un touch down.

Que los bancos están en crisis vale, que el Santander de al lado de mi oficina haya quitado los cajeros me parece pasarse.

Pues este es el tipo de cosas que voy pensando por la calle al venir a la oficina… Tranquilos, no es contagioso. Creo.

Vergüenza adulta

Hoy al venir por la calle he visto algo que me ha dado mucha envidia. Un niño pequeño con sus botas de agua dando saltos en un charco. Lo hemos hecho todos. Con esas botas de goma que como hiciera calor te dejaban el pie como si fuera una pasa… con un aroma a vestuario muy agradable y más cuando llegabas a la edad de los 13 años más o menos que ya empezabas a soltar gallos por la boca y olores por axilas y pies.

Dar saltos en un charco, me han dado ganas de hunirme, pero la verdad es que ni tengo ya botas de agua, ni me atrevería a saltar como un crío. Es vergüenza de señor mayor. Por cierto, es curioso que las botas de agua se han vuelto a poner de moda para las chicas. En forma pija y cara, pero botas de agua a fin de cuentas.

El caso es que eso de los charcos no es lo único de lo que nos privamos por el corte de haber envejecido. ¿Hay algo más liberador que gritar? Poneros en situación, solos, en mitad del campo, y aún así pegar un grito con todas las ganas cuesta.Que tampoco digo que haya que ir berreando por la ciudad eh… que no tenemos el corazón para sustos, que bastante sufre ya al ver los telediarios. Pero el caso es que nos vamos encorsetando con la edad y tenemos que mantener las apariencias. Por cierto, siempre me ha resultado curiosa esa frase, mantener las apariencias. Vamos que lo que tenemos que hacer es mostrar lo que no somos, enseñar algo que no se corresponde con la realidad. Que las apariencias engañan, eso ya lo sabemos. Pues eso, curioso frase.

A la hora de comer fuera de casa es cuando más nos cortamos. Por ejemplo, yo (si desayuno) tomo cola cao, es lo que me gusta. Si estoy con alguien fuera de casa probablemente pediré café o zumo, por aquello del qué dirán. Es una bobada, pero lo hago, lo hacemos. Y si estás con alguien poco conocido sentado a la mesa, lo normal es que comas poco, elijas tópicos nada estridentes y no tomes postre.

Quizá sería más sencillo tirar de infantilidad, ponerse el mundo por montera y resolver los problemas con un tú la llevas. Yo de momento seguiré evitando los charcos.

Mascotas

La definición de mascota es sencilla, es un animal que no nos vamos a comer. Así de simple. Parece una tontería, pero no lo es… no creo que nadie haya visto a un jamonero de Guijuelo jugar con uno de sus cerdos, realmente lo que hace es mirarlo por partes. Que si el jamón, que si la paletilla, que si el lomo… (me ha salido el salmantino interior, perdón). Y yo no sé si es que cada vez estamos más solos y nos da por comprar cariño con patas, o simplemente es el pequeño vínculo que nos queda con la naturaleza en nuestras casas de hormigón.

Hay mascotas de todo tipo, presupuesto y tamaño. Para mí la más absurda son los acuarios. Es como ver la tele, pero de hace 50 años, sólo tiene un canal. Todos hemos dado golpecitos en un acuario a ver si se movían los peces. Olvídate, normalmente te ignoran. Un acuario es como un cuadro o una escultura, pero con una diferencia: los peces comen y por tanto cagan. Hay que limpiarlo.

De ahí pasamos a los reptiles. Serpientes, iguanas, lagartos… a ver que esos bichos dan mucha grima. Que no tienen sentimientos. Que si una serpiente pasa hambre te come de merienda y se queda tan ancha, y nunca mejor dicho por la panza que le sale (no, no es un sombrero, es una serpiente que se ha comido un elefante). Vamos serpientita tráeme las zapatillas… olvídate. Y claro encima los que tienen serpientes ven como comida lo que otros ven como mascotas, los ratones. ¿Podrán una denuncia los segundos por ratonicidio? ¿Los criaderos de ratones para uso alimentario reptil son los nuevos campos de concentración? Amantes de los ratones, alzaos. Que mucho rollo con los toros, pero no he oído a nadie protestar por esto. En fin.

No nos engañemos, un hamster es un ratón, sin cola, pero un ratón. Quizá lo divertido de los hamster es asustar a las hermanas soltándolo por su cuarto, pero cuando ellas crecen ¿dónde está la gracia? ¿verlos dar vueltas en la ruedecita? Pues mira para eso te vas a un gimnasio y miras a gente correr, igual así te animas y haces algo de ejercicio, aunque sólo sea por aquello de allá donde fueres… Si lo que te hace gracia es ver cómo comen pipas los bichos, entonces vete al fútbol. Los hay igual de listos y que tienen la misma gracia que un hamster comiendo pipas. De verdad.

¿Y un hurón? Cuando era pequeño los hurones se metían en las madrigueras de los conejos para cazarlos… y ahora son mascotas. Pues no lo entiendo la verdad. Un bicho que por instinto entraba a matar lo que pillaba ahora quieren que le haga mimitos. Creo que paso.

Digan lo que digan, hagan lo que hagan una mascota es un perro. Así de claro. De los gatos no hablo, no son mascotas, son okupas.

Encierro domiciliario

Este fin de semana he estado encerrado en casa, sin salir, sin mirar por la ventana, sin hablar por el móvil. Yo en mi casa conmigo. Y nadie más. Y la verdad es que no ha estado mal. Hay veces que necesitas estar contigo. Pensar en lo que tienes, lo que quieres, a lo que aspiras y lo que crees que puedes conseguir. Cuando te das cuenta que eso que he mencionado antes no coincide es cuando empiezas a detectar que tienes un problema, aunque eso ya lo sabía.

Estar solo, vivir solo y tener la certeza de que nadie va a venir a visitarte te permite ciertas licencias. La comodidad se convierte en tu único elemento a tener en cuenta. Unos calzoncillos y una camiseta (ambos viejos, por supuesto) son una indumentaria perfectamente válida, más si tenemos en cuenta el afán nudista de mis vecinos que ponen la calefacción para pasar más calor que en agosto. Para mí que esos adorables ancianitos se montan unas orgías de escándalo y claro, a cierta edad, uno no puede dejar que el frío afecte a la “cosa”. O eso me ha dado por pensar a mí.

Otra ventaja de estar solo, puedes ver varias cosas a la vez, a tu ritmo, lo que te apetezca. Suelen decirte, es que así realmente no ves nada. ¿Y? a mí me gusta. Este fin de semana he visto cuatro partidos de fútbol, uno de fútbol sala, cuatro partidos de tenis, un gran premio de F1, un partido de baloncesto además de series y películas varias. En el sector películas podemos incluir Grease y El Gato con Botas. Vivo solo y veo lo que quiero.

Además las comidas no tienen que ser algo ordenado. Pasan a ser un “a ver qué me apetece ahora” donde el dulce y el salado se combinan sin orden alguno. Puedes comer un cola cao con galletas con una empanadilla de chorizo de postre. Vamos, no es que puedas, es que yo lo he hecho.

Y vas paseando tu cuerpo de la cama al sofá sin orden ni horario alguno, en mi caso, en mi casa, ya en plan profesional, incluyo en la ecuación un nuevo sofá por lo que me fui decantando por tres elementos sin orden ni concierto.

En todo este caos sólo me ha dado por hacer una pequeña reflexión. Si yo estoy en arresto domiciliario, pero del de verdad, el que dicta un juez, tendría que moverme en unos 40 metros cuadrados, pero si el arrestado es Cayetano… ¿él puede moverse en 400 metros (por decir algo)? Pues no me parece justo.

Lo dicho, que el finde que viene puedo volver a encerrarme, o no.

Medicamentos gourmet

Hoy estoy a base de couldinas. En realidad llevo un par de días ya, cosas del invierno. Bueno para ser sinceros cosas del invierno y del loco que pone la calefacción en mi casa. No es normal. No es normal dormir en calzancillos encima de la cama y sudar. No es normal irse desnudando en el ascensor para la bofetada de calor. No es normal tener la ventana abierta todo el día a ver si entra algo de aire. Conclusión: llevo una semana a base de couldinas. Mira, eso sí es normal.

Siempre me pasa lo mismo. Pongo la couldina en el vaso, espero a que se disuelva, me lo bebo rápido y… por dios qué asco. Pero vamos a ver, si hemos conseguido hacer patatas fritas sabor jamón serrano ¿cómo es que nadie se ha currado un poco los sabores de los medicamentos? Venga hombre, eso ya es pereza. Es que parece que cuanto más malo está más efecto te hace. ¿Alguno se ha bebido una ampolla de Nolotil? Eso es un crimen. Vamos que a veces casi prefieres que te duela lo que sea por no tomarte eso.

De verdad que hay sabores de medicamentos que te marcan. Seguro que alguna vez os ha pasado que al probar algo que no os ha gustado habéis comentado… sabe a jarabe. Si hasta Mary Poppins se dió cuenta del problema… con un poco de azúcar esa píldora que os dan pasará mejor. Vale que Mary Poppins hablaba con su paraguas y se subía por el techo (ésa iba puesta fijo), pero vamos a hacerle caso al menos en eso.

Que no pido alardes. No quiero una aspirina con sabor a tortilla de patata, ni un ibuprofeno que sepa a jamón de joselito, me conformo con algo que no me haga poner cara de estreñido al tomarlo. Que no es mucho pedir hombre.

 

¿Huelga o botellón?

Que quede claro que no voy a meterme en charcos. No voy a opinar si la huelga tenía sentido o no, si era necesaria o no. No es por ahí por donde quiero ir. Pero hay una cosa que sí que me ha llamado la atención y es lo que quiero comentaros. Esta mañana al pasar por la plaza de Colón al venir a la oficina, como todos los días, me he parado a mirar un poco en cómo había quedado la plaza después de los actos de ayer. Empezaré comentando que cuando he pasado ya eran alrededor de las nueve y media, por lo que supongo que la labor de limpieza ya estaba bastante avanzada. Y no busco dar la idea de que los sindicalistas y afines sean personas sucias. Habrá de todo, como en todos lados. Es evidente que en cuanto se junta un número alto de personas se generan desperdicios (vamos que lo llenan todo de mierda), comprobarlo es tan sencillo como invitar a tus amigos a cenar un día en tu casa.

Lo curioso es que el suelo estaba lleno de latas de cerveza. De coca cola sólo he visto una, pero cervezas las que quisieras. Si no fuera por los carteles aún colgados y los panfletos por el suelo, más parecía el día después de un botellón que de una reivindicación de derechos sociales. Pues no lo entiendo. ¿Es necesario ir algo “tocado” para protestar por lo que consideras injusto? Igual tiene algo que ver el alto número de cervezas que he visto en el suelo con el deterioro del mobiliario urbano, vamos digo yo.

Siempre estaré a favor de que la gente pueda reivindicar y expresarse libremente, esté o no de acuerdo con lo que expresan. Pero hay formas y maneras de hacer las cosas y de todos es sabido que con las formas, en muchos casos, se puede perder la razón. No hay más que pensar en Mou y sus salidas de tono. Y claro con un par de cervezas uno tiene más opciones de salirse del tiesto.

Si nos da por exagerar podemos pensar que si convocando una manifestación nos dejan poner música, podemos beber en la calle y amontonar personas cortando el tráfico, lo de ayer fue una rave en toda regla, eso sí, en todo el centro de Madrid. Pues mire usted qué bien.

Pequeños placeres para una gran vida

Hoy se supone que estamos de huelga, que algunos han decidido que hoy el país tiene que pararse. Gastar más, producir menos para protestar por los recortes. Yo no le veo mucho sentido, pero bueno no es de eso de lo que os quería hablar.

Hay pequeñas cosas que nos hacen un poco mejor nuestro día a día. Y no me refiero, por ejemplo, a un billete de lotería premiado, insisto en que me refiero a pequeñas cosas. Siempre me ha gustado abrir un bote nuevo de cola cao…. jugar con ese papel que le ponen como si fuera un tambor para ir poco a poco rompiéndolo. Es una tontería, sí, pero a mí me gusta.

O estrenar una goma de borrar nueva, de esas cuadradas que eran rosas, blancas o verdes de Milan. daba hasta pena tener que borrar nada. Oler las páginas de un libro nuevo. Antes de leerlo, sólo abrirlo y pasar despacio las páginas para recordar un olor que quizá vayamos a perder.

Me gusta el ruidito que hace una lata de coca cola al abrirse, escuchar cómo las burbujas chocan con los hielos. Seguramente por los publicistas de la bebida que nos han insistido hasta la saciedad con esto y ya se nos ha quedado marcado. Pero me gusta.

Me encanta llegar a casa y acostarme en sábanas limpias. Esa noche trato de moverme lo menos posible buscando de conservar la sensación para el día siguiente. Nunca lo consigo, pero no dejo de intentarlo. Y me gusta la sensación de una ducha caliente al venir de un día frío. Salir del baño en pijama y con colonia para niños, vamos Nenuco (segunda marca que menciono hoy ¿me pagarán algo?).

Me encanta el olor a bollería recién hecha por la calle, aunque es verdad que a veces me da hambre y/o envidia. Puedo pasarme horas delante de una chimenea sin hacer nada, sin decir nada.

Pero sobretodo, lo que más me gusta, es ver que alguien se acuerda de mí y me lo hace saber. Y al revés, me apena si se olvidan. Seguro que me dejo mil cosas que me gustan. Fijo que muchas de las que os gustan a vosotros también me gustan a mí. Podemos compartirlas.