Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: diciembre, 2012

Huelo a vacaciones

Me voy unos diítas… pocos por desgracia, vamos que hasta el año que viene no me vuelvo a pasar por aquí y eso… eso suena genial, me arranca la sonrisa, me sube al séptimo cielo, me da una inyección de energía. Unos días en Salamanca son una cura de salud mental (en mi caso sin duda necesaria) para cualquiera que se anime a visitarla. Y claro si alguno pasa por ahí… pues llamadme que nos vemos.

Las vacaciones son aquello que todos queremos, algunos tenemos y los que no envidiamos. A la hora de la verdad no hay nada mejor que romper con la rutina y dejar de lado las paredes pistacho. Esa sensación de oír el despertador y pensar… no, hoy no. Dar media vuelta en la cama y pensar que pasen las horas que yo me quedo aquí.

Sed buenos, portaros bien, nos os castiguéis mucho. Hasta el año que viene. Un abrazo a todos.

Me siento funcionario

Ahora que el frío arrecia, que los villancicos campan a sus anchas y las luces cuelgan de las calles (quizá con algo menos brillo que en años pasados), ahora precisamente que hay cenas, regalos, amigos que visitar… justo ahora han dejado de pagarme la extra de Navidad. Como a los funcionarios. Sí que es verdad que yo no trabajo ocho horas diarias, ni se me puede caer el boli a la hora de salir, ni puedo hacer pausas para el café, el pincho o la merienda. Tampoco tengo garantizado mi puesto de trabajo de por vida ni puedo soltar con orgullo la manida frase de “vuelva usted mañana”.

Bien pensado sólo me parezco a los funcionarios en eso de no cobrar la extra de Navidad. Y leo que es posible que les acaben dando ese dinero en los primeros meses del año. Creo que no me parezco en nada a un funcionario.

Ante esta tesitura no queda otra que planear la Navidad low cost. Empecemos por los desplazamientos. Me llama la atención que se vuelva a poner de moda el compartir coches para viajes. Hasta hay páginas webs para eso con el riesgo de que te toque viajar con un fan de Fernando Alonso, un muy poco fan de la ducha, o un fan de Sálvame (o programas diversos). Pequeños riesgos que hay que correr en pro del ahorro.

El tema del alojamiento (en mi caso al menos) está resuelto. Papá, mamá, voy del 29 al 7… así sí. Y en el caso de acudir al hogar paterno siempre podremos recurrir a un deporte maravilloso que nos anima física y mentalmente: el nevering. La nevera de tus padres, comparada con la tuya, es como viajar en turista o en primera. Si tú tienes chopped, ellos tienen ibérico. Si tú tienes palometa ahumada, ellos salmón. Si tú tienes don Simón, ellos Vegasicilia. Así que por unos días tienes ahí un cofre de los tesoros que, por arte de magia, nunca se vacía. Y gratis.

Pero habrá que ver a los amigos. Recomiendo hacer una lista de los amigos con casa propia. La estrategia de “si quieres me paso por tu casa y así me la enseñas” suele dar buenos resultados. Es importante hacer coincidir la visita con algún horario de comida para evitar tentaciones de que te lleven a tomar algo fuera después. De todos es conocido el sopor post ingesta. Se recomienda llevar un detallito por aquello de camuflar el gorronismo. Ese mismo detalle puede ser obtenido al módico precio de cero euros en la ya mencionada nevera de los progenitores (o patrocinadores como decía un amigo).

En el tema de los regalos es donde hay que hilar más fino. Algunos privilegiados siguen pudiendo usar los trucos de antaño. Me refiero a eso de regalar un dibujo… pero para eso hay que saber pintar. No es mi caso. Ni por asomo. Por lo tanto hay que acudir al maravilloso mundo de las cosas “casi iguales”… las zapatillas Keebook, las camisas Molo, pantalones Lovi´s, muñecas Tarbey… total es una letrita de nada. Cierto es que una letra es la diferencia entre fallo y follo (aunque algunos lo consideren sinónimos, pobres).

Lo dicho, que hay que tener la cartera bien guardadita en el bolsillo que sino la pobre se resfría… y si se puede quedar tranquila en casa ¡mejor!

Mi niño interior

El otro día vi que ponían en la tele la peli de Hook y me dió por pensar que en el fondo yo tengo a cuestas mi complejo de Peter Pan. Por eso hay algo de estas fiestas entrañables que ponen en la tele que me tiene encantado: las pelis.

Pelis ñoñas, infantiles, absurdas, sin pretensiones o buscando la risa fácil ¡esas son las mías! y si son de dibujos pues mejor que mejor. Vamos que la última peli que he visto en el cine ha sido Hotel Transilvania (sí, pagué por verla). Al entrar en el cine subimos la media de edad unos cinco años. Las madres nos miraban controlando a sus retoños entre sorprendidas y asustadas de qué hacían dos adultos varones en aquella sala. Pues no, no habíamos perdido ninguna apuesta. No, no nos habíamos confundido de sala. Simplemente nos apetecía ver la peli. No revelaré el nombre de mi acompañante por si él no se atreve a salir del armario de la corrección.

Llevo una maratón de pelis estupendas. Papá Noel no me ha traído ningún pupete, aunque no me puedo quejar de los regalos que he tenido. Código: el gordo cabrón (siempre he sido más de Sus Majestades, Melchor por delante) se ha dado cuenta que me he hecho mayor. Quizá sea que la crisis está sacudiendo duro y que al final los españoles con trabajo seremos especie en extinción (habrá que dar palmas). Igual habría que traer de vuelta a Ruiz Mateos con su abeja y sus colores amarillo y negro (¡me alegro!) para que se liara a golpes con banqueros cambiando puñetazos por sartenazos, sin duda mucho más efectivos. Me temo que sino la prima de riesgo se va a disparar hasta el infinito o más allá.

Creo que estas pelis me afectan, creo que la Navidad me afecta, creo que la crisis me afecta y creo que la dueña del pulgar convaleciente también me tiene algo afectado… ¿alguien sabe algún remedio para todo esto? mmmmmm perdón, especifico ¿alguien sabe algún remedio que no implique alcohol? Os pillé.

Feliz Navidad

Hagamos un pequeño ejercicio de imaginación. Cerrar los ojos e imaginaros que estamos reunidos todos con una copa de champagne en la mano ¿habéis cerrado los ojos?¿¡Entonces cómo estáis leyendo? jejeej Venga, en serio. Quiero hacer un brindis por vosotros.

No nos vamos a engañar, el 2012 no ha sido el mejor año de mi vida, pero no quiero lamentarme porque tampoco creo que sirva de mucho. En este año ha habido momentos buenos, que son en los que me quiero centrar. Ha sido un año marcado por la boda de Reyes, hasta ahora ha sido uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Salvando el incidente copa de vino todo salió estupendo. He podido hacer nuevos amigos como Marta e Idoia (qué tías más grandes), como Carlos (que es mucho más de lo que aparenta,  y lo que enseña ya es mucho), como Sergio y Yuri siempre con una sonrisa en Da Gavino (al que no he conocido es al propio Gavino). He retomado el contacto con mi primo Josina y me he reído, y mucho, comiendo con Clau. Muchas personas, grandes personas que me han dado grandes momentos.

Y he tenido tiempo de echar de menos a otros, que ya no están tan cerca como mis malos de La Cañada, que en breve serán un más uno (Nico te esperamos!), el desastre de Chemari, mis amigos de Georgia (el embajador irá a conocer su país de adopción, lo sabéis). Mi maravilloso grupo de la Pontipandi que os veo poco, pero os quiero mucho.

Mi hermano Gruisi siempre listo para echar una mano en lo que haga falta, cerecitas y la rompe-botones con su amistad allende los mares, Verónica que pasó por Madrid y tuvo ganas de verme… muchos. Imposible poner todos así que no se me enfade nadie.

Cierro el año con la sensación, o más bien la certeza, de que si un día necesito algo, tengo mucha gente a la que llamar. Poder decir esto es cojonudo. Señores el año que viene seguro que podré decir lo mismo. Un abrazo y Feliz Navidad.

P.D. Felicidades también a Maca, Juan y Dieguín para que no se sientan ignorados.

Comida fea marina

Está claro que las cosas que salen del mar bonitas, lo que se dice bonitas no son. Que siempre he pensado que el primero que se comió una langosta tenía que tener un hambre terrible. Y acertó plenamente, eso es verdad, pero el hombre le echó un valor que no es ni medio normal. Yo si no sé lo bueno que es eso antes me como una estrella de mar, por ejemplo, que son mucho más bonitas.

Pero vamos que que la familia de la langosta (de la cual ella es la reina) va por el mismo camino. Las cigalas, bogavantes, gambas, quisquillas… tienen el mismo perfil griego y cara de alien cabreado. Siguen estando bien ricas.

No es lo único feo que sale del mar. Un rape… feo con dolor. Por algo le llaman el pez sapo. Y es que en el fondo los feos tenemos cositas buenas por dentro.

La mesa de las navidades, para el que no conozca los productos del mar, se parece más al museo de los horrores. Pinzas, cáscaras, antenas, ojos saltones… y nosotros, tranquilamente nos lo comemos. Pues oye que nos quiten lo bailado, o en este caso lo comido.

Americanización

Cuando vengo de camino a la oficina por las mañanas me voy fijando en lo que pasa a mi alrededor. Creo que de eso ya os habéis dado cuenta. Hoy me he fijado en que había varias personas con cafés por la calle tomándolo mientras andaban. Y sinceramente eso es muy americano. El comer mientras se va de un lado a otro es algo que estamos hartos de ver en las películas. Es cierto que tendemos a pensar que todos los americanos tienen ese estilo de vida cosmopolita y urbano tipo neoyorquino, cuando la realidad es que la mayoría viven en chalets de madera con un centro comercial cada ciertos kilómetros que se convierten en el centro de su vida social.

A lo que íbamos. Eso de ir por la calle tomando café nos viene de fuera. Con lo bonito que es pararse en el bar de debajo de casa a tomar un café con churros (aquí en Madrid se estilan más las porras), una barrita con aceite y tomate… que estamos perdiendo las buenas costumbres y eso no puede ser.

El rojo y verde son oficialmente los colores de la Navidad, y eso también nos viene de fuera. Y si alguien hace un recuento no creo que pueda ver un rey mago por cada diez papá noeles que hay por las calles. Pues muy mal.

Nos hemos apuntado al brunch, al afterwork, al casual friday… y lo curioso es que, sin darnos nosotros cuenta, cuanto más nos americanizamos (o agilipollamos según se mire), más triunfa el estilo de vida español fuera de nuestras fronteras. Las grandes embajadoras españolas ya no son las paellas, sino las tapas y la siesta (grandes inventos donde los haya).

Curiosamente a todas las que he visto con su café por la calle son mujeres… no sé si es que es fashion, trendy o simplemente que está de moda… Cosas veredes.

Se va terminando

Pues parece que poco a poco el 2012 se va terminando. Ya le quedan días, dos semanas escasas que no creo que realmente vayan a marcar la diferencia en lo que ha sido el año en general. Dicen que es en estos días en los que nos da por pensar, por hacer un resumen de cómo han ido los 365 días y hacer balance de éxitos y derrotas. Pensamos en nuevos objetivos, prometemos no repetir errores, planteamos sueños de difícil consecución. A fin de cuentas hacemos un pequeño paréntesis con el fin de saber dónde estamos, con quién estamos y a dónde queremos llegar.

Hay ocasiones (espero que para muchos sea éste el caso) donde lo mejor que puede pasar es que no pase nada. Que todo continúe como está. Seguro que pese a estar en ese caso tendréis sueños pendientes. Que la edad y la apatía no os impidan dejar de soñar. El primer paso para conseguir cualquier cosa es siempre imaginarlo, visualizarlo. Sino es imposible que llegue a hacerse realidad.

En mi caso el año ha sido extraño. Ha tenido momentos que han merecido mucho la pena, pero no es un año que quiera repetir. Y si hay algo que no te gusta es inútil sentarse y esperar a que las cosas cambien solas. Eso no va a suceder. Si pretendes llegar a un punto distinto al que te encuentras ahora debes comenzar con la dinámica de prueba y error con el fin de encaminarte a otro lado.

El 2013 va a ser un año de cambios. Tiene que serlo.

Hoy no me apetece

Hoy no tengo ganas de escribir. Quizá mañana… ya veremos.

Batalla perdida

Hoy no he dormido nada bien. Mi estómago ha decidido ponerse en modo montaña rusa y me ha tenido pegando saltos entre las sábanas más horas de las que me habría convenido. La pelea entre el roce de las sábanas y el frío de los pies se ha ido gestionando por capítulos y, set a set, hemos llegado a un final de partido donde, sinceramente, no sé (o no quiero recordar) quién ha ganado.

La ducha y yo no hemos sido capaces de coordinarnos. Demasiado caliente, demasiado frío, demasiado caliente… me he duchado a sustitos en más tiempo del que me apetecía, pero menos del que necesitaba para despertarme. Después la primera camisa, el primer jersey, los primeros pantalones. No pensar. Cerebro en modo off.

Sin desayuno, como siempre. Pues deberías tomar algo, que el desayuno es la comida más importante del día, diréis algunos. Lo sé, pero yo me la suelo saltar. Se me da bien eso de saltarme comida, aunque es cierto que ahora lo hago mucho menos.

Abrigo, llaves, cartera y sensación de que algo se me olvida. Cierro la puerta pensando que me da igual. Veo cómo el portero de mi casa se queda dentro de su cuarto y pasa de salir a saludarme, es un alarde de simpatía ¿aguinaldo? Mi no comprende.

Y en la calle hace frío. Quizá debería haber desayunado, tengo hambre. Voy andando pensando qué puedo comprarme. Llego a la oficina sin nada pensando que luego saldré a tomarme algo a media mañana. Sé que es mentira.

Mi ordenador va más lento que nunca. No han encendido la calefacción esta mañana y tengo el abrigo puesto y por más que empujo el reloj, los minutos no pasan más rápido. Batalla perdida.

Los adorables peluches

Vamos a ser sinceros, muchos tenemos muñecos de peluche. Quizá de cuando éramos pequeños, quizá algún regalo reciente o puede que simplemente porque nos gustan, qué sé yo. El caso es que en la mayoría de las habitaciones hay un muñeco de peluche y claro, si uno ha visto Toy Story, pues le da que pensar.

Debo decir que eso no lo pensé yo, sino una amiga con problemas intestinales (aunque eso es otro tema), pero es verdad que si los peluches tienen vida… se están poniendo morados. Vamos que se saben nuestras desnudeces de memoria y fijo que alguno que otro mira con deseo. Sobretodo a vosotras claro. Que también es verdad que la mayoría de los peluches que tenemos son chicos. Y oye cuando el peluche era un tierno infante de tres años no pasaba nada… pero pasearse en tanga delante del muñeco con sus quince años ya… es cruel.

Los peluches lo pasan mal, hay que tenerlo en cuenta. En su caso el proceso de “te quiero, pero como amigo” es su día a día y eso al final pasa factura. Numerosos son los casos de peluches en clínicas mentales y tantos otros adscritos al “proyecto peluche” para tratar de equilibrar su vida. Si tu peluche desaparece una temporada no es que te lo haya quitad tu hermano, está en una clínica en Marina D´or (los que tienen menos fondos acaban en Torremolinos).

El infierno de las drogas se lanza sobre los peluches y ellos, buscando algo que les llene, se dedican a meterse algodón, los más adictos hasta se meten bolas de poliespán… todo un drama.

Los peluches, nuestros grandes y sufridos amigos, un poco de recato con ellos por favor.