Los adorables peluches

por Fer Población

Vamos a ser sinceros, muchos tenemos muñecos de peluche. Quizá de cuando éramos pequeños, quizá algún regalo reciente o puede que simplemente porque nos gustan, qué sé yo. El caso es que en la mayoría de las habitaciones hay un muñeco de peluche y claro, si uno ha visto Toy Story, pues le da que pensar.

Debo decir que eso no lo pensé yo, sino una amiga con problemas intestinales (aunque eso es otro tema), pero es verdad que si los peluches tienen vida… se están poniendo morados. Vamos que se saben nuestras desnudeces de memoria y fijo que alguno que otro mira con deseo. Sobretodo a vosotras claro. Que también es verdad que la mayoría de los peluches que tenemos son chicos. Y oye cuando el peluche era un tierno infante de tres años no pasaba nada… pero pasearse en tanga delante del muñeco con sus quince años ya… es cruel.

Los peluches lo pasan mal, hay que tenerlo en cuenta. En su caso el proceso de “te quiero, pero como amigo” es su día a día y eso al final pasa factura. Numerosos son los casos de peluches en clínicas mentales y tantos otros adscritos al “proyecto peluche” para tratar de equilibrar su vida. Si tu peluche desaparece una temporada no es que te lo haya quitad tu hermano, está en una clínica en Marina D´or (los que tienen menos fondos acaban en Torremolinos).

El infierno de las drogas se lanza sobre los peluches y ellos, buscando algo que les llene, se dedican a meterse algodón, los más adictos hasta se meten bolas de poliespán… todo un drama.

Los peluches, nuestros grandes y sufridos amigos, un poco de recato con ellos por favor.

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