Batalla perdida

por Fer Población

Hoy no he dormido nada bien. Mi estómago ha decidido ponerse en modo montaña rusa y me ha tenido pegando saltos entre las sábanas más horas de las que me habría convenido. La pelea entre el roce de las sábanas y el frío de los pies se ha ido gestionando por capítulos y, set a set, hemos llegado a un final de partido donde, sinceramente, no sé (o no quiero recordar) quién ha ganado.

La ducha y yo no hemos sido capaces de coordinarnos. Demasiado caliente, demasiado frío, demasiado caliente… me he duchado a sustitos en más tiempo del que me apetecía, pero menos del que necesitaba para despertarme. Después la primera camisa, el primer jersey, los primeros pantalones. No pensar. Cerebro en modo off.

Sin desayuno, como siempre. Pues deberías tomar algo, que el desayuno es la comida más importante del día, diréis algunos. Lo sé, pero yo me la suelo saltar. Se me da bien eso de saltarme comida, aunque es cierto que ahora lo hago mucho menos.

Abrigo, llaves, cartera y sensación de que algo se me olvida. Cierro la puerta pensando que me da igual. Veo cómo el portero de mi casa se queda dentro de su cuarto y pasa de salir a saludarme, es un alarde de simpatía ¿aguinaldo? Mi no comprende.

Y en la calle hace frío. Quizá debería haber desayunado, tengo hambre. Voy andando pensando qué puedo comprarme. Llego a la oficina sin nada pensando que luego saldré a tomarme algo a media mañana. Sé que es mentira.

Mi ordenador va más lento que nunca. No han encendido la calefacción esta mañana y tengo el abrigo puesto y por más que empujo el reloj, los minutos no pasan más rápido. Batalla perdida.

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