Me siento funcionario

por Fer Población

Ahora que el frío arrecia, que los villancicos campan a sus anchas y las luces cuelgan de las calles (quizá con algo menos brillo que en años pasados), ahora precisamente que hay cenas, regalos, amigos que visitar… justo ahora han dejado de pagarme la extra de Navidad. Como a los funcionarios. Sí que es verdad que yo no trabajo ocho horas diarias, ni se me puede caer el boli a la hora de salir, ni puedo hacer pausas para el café, el pincho o la merienda. Tampoco tengo garantizado mi puesto de trabajo de por vida ni puedo soltar con orgullo la manida frase de “vuelva usted mañana”.

Bien pensado sólo me parezco a los funcionarios en eso de no cobrar la extra de Navidad. Y leo que es posible que les acaben dando ese dinero en los primeros meses del año. Creo que no me parezco en nada a un funcionario.

Ante esta tesitura no queda otra que planear la Navidad low cost. Empecemos por los desplazamientos. Me llama la atención que se vuelva a poner de moda el compartir coches para viajes. Hasta hay páginas webs para eso con el riesgo de que te toque viajar con un fan de Fernando Alonso, un muy poco fan de la ducha, o un fan de Sálvame (o programas diversos). Pequeños riesgos que hay que correr en pro del ahorro.

El tema del alojamiento (en mi caso al menos) está resuelto. Papá, mamá, voy del 29 al 7… así sí. Y en el caso de acudir al hogar paterno siempre podremos recurrir a un deporte maravilloso que nos anima física y mentalmente: el nevering. La nevera de tus padres, comparada con la tuya, es como viajar en turista o en primera. Si tú tienes chopped, ellos tienen ibérico. Si tú tienes palometa ahumada, ellos salmón. Si tú tienes don Simón, ellos Vegasicilia. Así que por unos días tienes ahí un cofre de los tesoros que, por arte de magia, nunca se vacía. Y gratis.

Pero habrá que ver a los amigos. Recomiendo hacer una lista de los amigos con casa propia. La estrategia de “si quieres me paso por tu casa y así me la enseñas” suele dar buenos resultados. Es importante hacer coincidir la visita con algún horario de comida para evitar tentaciones de que te lleven a tomar algo fuera después. De todos es conocido el sopor post ingesta. Se recomienda llevar un detallito por aquello de camuflar el gorronismo. Ese mismo detalle puede ser obtenido al módico precio de cero euros en la ya mencionada nevera de los progenitores (o patrocinadores como decía un amigo).

En el tema de los regalos es donde hay que hilar más fino. Algunos privilegiados siguen pudiendo usar los trucos de antaño. Me refiero a eso de regalar un dibujo… pero para eso hay que saber pintar. No es mi caso. Ni por asomo. Por lo tanto hay que acudir al maravilloso mundo de las cosas “casi iguales”… las zapatillas Keebook, las camisas Molo, pantalones Lovi´s, muñecas Tarbey… total es una letrita de nada. Cierto es que una letra es la diferencia entre fallo y follo (aunque algunos lo consideren sinónimos, pobres).

Lo dicho, que hay que tener la cartera bien guardadita en el bolsillo que sino la pobre se resfría… y si se puede quedar tranquila en casa ¡mejor!

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