Homicidios caloríficos

por Fer Población

Dormir el 9 de enero destapado encima de la cama y en calzoncillos no es normal. Se pongan como se pongan no es normal. Yo entiendo que en el edificio donde yo vivo la media de edad es avanzada (vamos que está lleno de viejos) y de siempre se ha dicho que a las personas mayores se les mete el frío en los huesos, pero como sigan con estos calores vamos a tener viejecillos confitados y mire usted, que ahora los cocineros preparan cosas raras, pero este plato no lo veo. De verdad que no.

Dicen que el contraste frío-calor es bueno para el cutis… pues yo debo tener la cara sanísima (que no es lo mismo que tener mucha cara). Salgo a la calle con calores menopáusicos y me pega una bofetada de frío igual que si metiera los mismísimos en agua con hielo. Conclusión lógica: atchís. Normal.

Lo que me sorprende es el modelo secador de pelo gigante de los centros comerciales, como uno que anuncia las estaciones mejor que la marmota, vamos que todos sabemos que no es primavera hasta que al Corte Inglés no le da la gana. Entras por la puerta y te pegan un soplido de aire caliente que si llevas gafas se te empañan fijo… Y corriendo a quitarte ropa, que fijo que más de uno se ha emocionado y ha terminado en ropa interior por la sección de perfumería. Distinto es el caso de Abercrombie… el chico de la puerta no es que tenga calor, es que las calienta a ellas, pero oye si fuera una tía nos llamarían machistas. Qué cosas.

Es época donde la cuchara sale a escena. Cocido, fabada, lentejas, garbanzos… todas esas comidas ligeras que si te enfrentan a ellas en verano acabas pidiendo el comodín (o el comilón) del público y te las convalidas con todo tu arte. Te permites unos excesos que quedan disimulados por las copas de ropa, ya que sales a la calle enburcado y sólo dejas ver de ti la rendijilla justa para no tragarte una farola (a veces ni con esas evitas la farola, pero es que van como locas).

Frío y calor conviven estos días como la noche y el día, la sal y la pimienta, Cristiano y Messi. Pues a mí me gustan las cosas templadas. Dicho queda.

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