Los dentistas… esos sádicos entrañables

por Fer Población

Pues sí… hoy me toca ir al dentista. En serio que hay una serie de profesiones que me cuesta imaginar que sean vocacionales. Una de ellas es dentista. Pero debo reconocer que lo de podólogo me sorprende más. Manolito ¿tú qué quieres hacer de mayor? Pues yo… quiero ver los callos, hongos, uñeros y deformidades que tiene la gente en los pies. No lo pillo eh.

Las consultas de los dentistas están pensadas para acojonar, para que no protestes y aceptes tu castigo. Algo malo has hecho si tienes que ir al dentista. Es la preparación para los que van a ir al infierno o el modo de disuadir a los demás y que empiecen a ser buenos.

Llegas y ya te asusta que vayan todos con la cara tapada. Claro, no queréis que os reconozcamos por la calle ¿verdad? No me extraña, sino más de uno se iba a llevar una paliza… toma esto por la muela, esto por el empaste y esto… esto por la factura. Y es que es algo que no podemos evitar. Nuestro masoca interior. pagamos, y vaya si pagamos, para que nos hagan daño. Somos así.

El caso. Llegas y tras ver a los espectros vestidos de blanco (o verde) con la cara tapada, te pasan a la sala de espera. Una sala donde el ambiente se puede cortar con un cuchillo. El miedo se huele. Los niños se abrazan a sus madres y prometen portarse bien. Las ancianas sacan sus rosarios e imploran piedad y, de fondo, aparte del hilo musical de baladas tocadas con ocarina (para mí que al gremio de los dentistas les hacía el 50% al comprar el dichoso disco) se oye un ruido que pone los pelos de punta (al que los tenga) y la carne de gallina (eso sí tengo): el torno.

Te tumban en el sillón… sólo les falta amarrarte a él. Lo primero es ponerte un babero. Regresión a la infancia, pero es que te recuerdo que has sido niño malo. Tras eso emplean un sistema de control basado en una mezcla físico-mental para que no puedas moverte, te llenan la tripa de objetos y no se te ocurra menearte que los tiras todos.

Y empieza lo malo. Abre por favor. Un poco más. Señores dentistas… somos personas no besugos. Nuestra boca tiene un límite de apertura. Si no entra no fuerces (que nadie piense raro). Y, por si nadie os lo ha dicho, dos horas con la boca abierta cansa duele y molesta. ¿No calientan los futbolistas para jugar? Pues habría que dedicar un ratito para prepararse antes del esfuerzo, que nos puede dar un tirón de moflete y estar tres días hablando como si fuéramos un Borbón.

Pero sin duda, lo que más me molesta, es cuando comienzan las conversaciones del tipo… pues ayer Puri vino a cenar a mi casa… ¡Hola! ¡Estoy aquí! Aunque con babero, tres tubos en la boca y casa patas arriba no lo parezca… soy una persona. Es meterte el tubo en la boca y pierdes tu dignidad, como si estuvieran podando un ficus…

Pues eso, que hoy voy al dentista.

Anuncios