Bostezos compartidos

por Fer Población

Ayer me pasó algo curioso. De esas pequeñas historias que merecen ser contadas, pero que casi nadie lo hace. Anécdotas que sueltas no son gran cosa y al irlas sumando van creando una vida con un giro diferente.

Iba en el Metro a comer (el con quién no es clave, pero estuve bien acompañado). En el vagón iba un chico con síndrome de Dawn. De repente este chico se estiró sin cortarse y pegó un bostezo que el león de la Metro se habría asustado. A los pocos segundos la mitad del vagón iba bostezando. Nos dimos cuenta, nos miramos y nos echamos a reír. Salimos del Metro algo más felices, algo más sencillos. Por un bostezo, por una risa. Por la capacidad de una persona especial de actuar libremente sin miedo al ridículo. Supongo que casi todos los que estábamos en ese vagón de Metro hemos contado esta historia. Yo a vosotros.

No sé el motivo por el que se contagian los bostezos. Igual hay alguna explicación médica, si es así que alguien me la diga. Pero yo tiendo a pensar que las personas necesitamos de personas. Necesitamos compartir, vivir, construir lazos entre nosotros. No podemos estar aislados en nuestra jaula de oro porque nos ponemos mustios.

Yo ayer he compartido un bostezo.

Y hay otra cosa importante que quiero señalar. Algo que ya sabía, que ya os he dicho, pero quiero repetir. Todo el mundo tiene algo que enseñarte. Nadie somos perfectos. Él tenía síndrome de Dawn y yo esófago de Barret. Ya está. Pero ese chico con síndrome de Dawn, con su espontaneidad y su forma despreocupada de actuar nos hizo más felices a todos los del vagón. Salimos mejor de lo que entramos. Y eso es muy jodido de conseguir.

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