Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: enero, 2013

Nunca se segundas partes fueron buenas

Y es verdad. Hay veces en la vida en las que, sin saber muy bien cómo, tenemos un día especial, nos sale un texto estupendo, sabemos decir la palabra justa, los trazos nos salen solos de la mano. Y nosotros, que somos algo capullos, nos empeñamos en repetir aquella experiencia. Pues no, no se puede. No sale. No es lo mismo. Y es que todas las veces posteriores que lo intentemos nos falta un elemento fundamental, o nos sobra otro, según se mire. Ya no será la primera vez, nos sobra la experiencia.

Llevamos a nuestra pareja a cenar al sitio donde nos conocimos; quedamos con los amigos para repetir la comida de verano donde lo pasamos tan bien el año pasado; nos ponemos aquella película que tanto nos gusto. Pues no va a ser lo mismo. Puede que siga siendo agradable, pero lo mismo no.

Y no somos nosotros los único que nos empeñamos en repetir un modelo que nos funcionó. Los diseñadores sacan la misma moda cada x años. Y lo más divertido de todo son los remakes de películas. Si la película ya se hizo, si ya triunfó, si ya gustó… ay Manolete, si no sabes torear ¿”pa” qué te metes?

Ahora mismo estoy esgrimiendo mis neuronas (grandes expresiones que nos han dejado nuestras guapas oficiales) tratando de recordar un remake del que pueda decir ole, ole y ole. No me sale chicos. Puede que mis neuronas estén ya algo embotadas por la mezcla entre años cumplidos y botellas vaciadas. Se agradecería ayuda. No me sale.

De repente, así sin avisar, sin anestesia, sin cariño, sin caramelo después, sin un ea ea ea que llevarse al oído… van y me sueltan que están pensando en hacer un remake de Los Goonies. Ya me han jodido el jueves. Qué vergüenza.

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Los matices de los años

No nos engañemos, en el fondo por más que nos hagamos mayores nos siguen gustando las mismas cosas. Lo que sucede es que ahora, por aquello de quedar bien, por el qué dirán, buscamos camuflar nuestros actos. Un amigo te comenta “oye si quieres vente el viernes a casa y tomamos una copa mientras te enseño el cuadro que me regaló mi tío” pues bien, el cuadro te da igual. Lo que quieres es la copa. Y eso, de toda la vida, por más que pasen años, se ha llamado botellón. Es así.

Que vale que ahora el alcohol viene en botella y no en brick, que vale que ahora se enciende la tele conectada al disco duro y no una cassette para oír música, que vale que ahora los vasos son de cristal y no de plástico (con el riesgo que eso conlleva), pero sigue siendo un botellón. Y punto.

¿Alguien quiere ver mis cuadros?

¿Qué opinas?

¿Piensas igual que yo? Me alegro. Eso quiere decir que tenemos cosas que compartir, que disfrutar. Que juntos podemos desarrollar una idea, realizar un proyecto, emprender un camino. Que tenemos nuestros puntos de encuentro y nuestros lazos de unión. Que no estoy solo, aislado y encerrado en una habitación oscura con mis ideas y mis pensamientos.

¿Piensas algo diferente a mí?Me alegro. Eso quiere decir que puedes ayudarme a crecer, a contrastar mis ideas. A ver la cara b de lo que estoy pensando. Construir mi pensamiento en base a tus matices. Buscar los pequeños oasis donde podamos compartir ratos y ganar en experiencias jugando a ser tú.

Y es que todos somos diferentes. Todos tenemos algo. Nadie lo tiene todo. Puedes pasar años buscando la verdad absoluta cuando lo único que tienes que hacer es preguntar al que tienes al lado. Sencillo.

Invierte tiempo en preguntar, en escuchar, en aprender. Busca la sapiencia de cada uno y ten como dogma de fe que todos pueden darte una valiosa lección. Cuando el alumno está preparado el maestro aparece.

Usa el freno de mano en tu día a día. Respira, observa, valora. Sólo es un consejo.

Los prófugos del hogar

Todos los que tenemos casa (por desgracia como se están poniendo las cosas ya no todo el mundo tiene una), sabemos que hay una serie de elementos, de utensilios, de enseres, que viven con nosotros, pero que a la mínima se esconden por más que intentemos buscarlos. ¿Debido a su timidez? Pues puede ser, qué quiere usted que le diga.

Sin duda los reyes del escapismo son los calcetines. Mucho se ha dicho, escrito, escuchado y leído acerca de los abandonos de estos insumisos de tela que pasan de sus servicios para su nación pédica.  Pero no son los únicos, ni mucho menos. ¿La garantía de la nevera? ¿dónde está cuando se la necesita? Pues de copas con los calcetines, claro está.

El libro que te prestaron y han pedido su extradición no aparece, está agachado pidiendo asilo político. Tus zapatillas calentitas ahora que empieza el invierno se han ido de vacaciones a las Bahamas. La sal se ha ido a casa de la vecina. Puede que simplemente es que esa sal no sea tuya, pero a fin de cuentas el resultado es el mismo.

El caso es, que te pongas como te pongas, los que viven en tu casa están en tu contra. A ver si me voy a poner farruco y los desahucio. Ojo que he dicho farruco y no farruquito, que por eso he dicho desahuciar y no atropellar. Que yo al entrar en otro piso viví un tiempo con colchón en el suelo y no había ni puertas en el baño… pero esa es otra historia.

Cosas que no tienen sentido

Hay cosas que no tienen sentido se miren por donde se miren. Eso es así y no hay que darle más vueltas. Ayer un amigo italiano me preguntaba que por qué a las palabrotas se las llama tacos. Oye pues ni idea, pero vamos ni puñetera idea la verdad. Y lo curioso es que hay muchas más cosas que no tienen sentido. Por ejemplo, una anchoa con un boquerón es un matrimonio. ¿Por qué? ¿Porque están los dos avinagrados? ¿Porque están mejor solos? Pues oiga usted no sabría yo decirle.

Pero la cosa no queda ahí. Pides una paloma y te ponen una corteza con ensaladilla rusa. Vale. Pues igual si pido un reno me ponen un pincho de tortilla. Parece que los nombres los ponemos para despistar, para tocar las narices a los extranjeros, aunque a fin de cuentas eso es muy español. Quizá la estrella sea el perrito caliente. Caliente sí, pero perro… quiero pensar que no. Pero vamos que si eso es perro, en los chinos comemos  gato y en el Burger nos dan rata… ¿dónde están los cerdos en España? Pues en el Congreso. ¿Y las vacas? Pues sentada a tu lado si estás en el Burger.

Otro que me descoloca es el tocinillo de cielo. Vamos a ver, tocino dulce, raro. Tocino naranja, raro. ¿Tan mal nos estamos alimentando que hasta el cielo tiene michelines? Oye que me empiezo a preocupar, y encima el que le puso el nombrecito veía el cielo naranja. Daltónico cabrón.

¿Y las criadillas? Filetes de testículo… pero señores si le quitas esa parte al animal ¿cómo va a tener crías? Un mixto en Madrid es un biquini. Oye yo tengo curiosidad en ver a alguna tratando de taparse sus partes pudendas con dos panes jamón y queso, al menos unas risas me iba a echar fijo.

Y es que jugamos al despiste, porque el pobre turista que pida lengua pensando que es uno de nuestros juegos con los nombres con la comida y vea que le sirven eso, lengua, se le van a quitar las ganas de correr riesgo y se limitará a la famosa paella, aunque esté el Zamora. Pues tampoco es mala oye.

 

El concepto Makelele

Vaya por delante que la idea no es mía. La he tomado prestada, copiado, robado… en fin que no es mía. Pero es que es verdad. Nos guste o no todos hemos sido Makeleles alguna vez. No pongáis la mente sucia, nada que ver con desnudeces. A lo que me refiero es que todos hemos tenido que ser peones currando en la sombra para que algún otro que aporta matices se lleve el gran mérito.

Esto en navidades se multiplica. Los makeleles sacan la vajilla buena del sótano, la suben, llevan los platos, vasos, cubiertos a la mesa, van a buscar las viandas… para que luego alguien (que suele ser mujer) ponga dos flores y un lazo y el mérito es suyo. Qué injusto. Todos somos makeleles.

La clave de ser Makelele es llevarlo con orgullo, pensar que de esas felicitaciones que oyes, que van dedicadas a otra persona, una parte es tuya. Y tener siempre presente que Makeleles somos más. Pensemos en la decoración de una casa. El mérito es del decorador o, en caso de no haberlo, de la dueña de la misma. Pero hay que subir muebles, montarlos, pintar, poner suelos, colgar cuadros y mil cosas más de las que me estoy olvidando por no ser experto en la materia (un taladro en mis manos puede ser un arma de destrucción masiva).

Desde aquí quiero hacer un llamamiento. Quiero que surja el espíritu del makelelismo. Que nos sintamos orgullosos pese a ser manejados. Makeleles unidos jamás seremos vencidos.

Homicidios caloríficos

Dormir el 9 de enero destapado encima de la cama y en calzoncillos no es normal. Se pongan como se pongan no es normal. Yo entiendo que en el edificio donde yo vivo la media de edad es avanzada (vamos que está lleno de viejos) y de siempre se ha dicho que a las personas mayores se les mete el frío en los huesos, pero como sigan con estos calores vamos a tener viejecillos confitados y mire usted, que ahora los cocineros preparan cosas raras, pero este plato no lo veo. De verdad que no.

Dicen que el contraste frío-calor es bueno para el cutis… pues yo debo tener la cara sanísima (que no es lo mismo que tener mucha cara). Salgo a la calle con calores menopáusicos y me pega una bofetada de frío igual que si metiera los mismísimos en agua con hielo. Conclusión lógica: atchís. Normal.

Lo que me sorprende es el modelo secador de pelo gigante de los centros comerciales, como uno que anuncia las estaciones mejor que la marmota, vamos que todos sabemos que no es primavera hasta que al Corte Inglés no le da la gana. Entras por la puerta y te pegan un soplido de aire caliente que si llevas gafas se te empañan fijo… Y corriendo a quitarte ropa, que fijo que más de uno se ha emocionado y ha terminado en ropa interior por la sección de perfumería. Distinto es el caso de Abercrombie… el chico de la puerta no es que tenga calor, es que las calienta a ellas, pero oye si fuera una tía nos llamarían machistas. Qué cosas.

Es época donde la cuchara sale a escena. Cocido, fabada, lentejas, garbanzos… todas esas comidas ligeras que si te enfrentan a ellas en verano acabas pidiendo el comodín (o el comilón) del público y te las convalidas con todo tu arte. Te permites unos excesos que quedan disimulados por las copas de ropa, ya que sales a la calle enburcado y sólo dejas ver de ti la rendijilla justa para no tragarte una farola (a veces ni con esas evitas la farola, pero es que van como locas).

Frío y calor conviven estos días como la noche y el día, la sal y la pimienta, Cristiano y Messi. Pues a mí me gustan las cosas templadas. Dicho queda.

El sol brillará mañana

Hola de nuevo a todos. Tras mis merecidas vacaciones (que nadie diga lo contrario que os veo eh) ya estoy aquí de vuelta a contaros mis cosillas. Hoy al venir para acá me he dado cuenta que había algo diferente. Al principio no sabía de qué se trataba… iba andando por la calle, mirando a todo y a todos y no era capaz de darme cuenta de qué era lo que había cambiado.

De pronto parado en el semáforo de la Plaza de Colón entendí lo que pasaba, el que había cambiado era yo. Estaba sonriendo. De camino al trabajo y sonriendo. A volverme a meter en mis paredes pistacho y sonriendo. Y es que lo que se ha asomado de este año de supuesta mala suerte no ha podido gustarme más.

Sí, estoy contento e incluso en el límite de la ñoñería. Yo. Y es que muchas veces el tiempo es lo que separa la noche más oscura de la mañana más radiante. Sé que muchos lo estáis pasando mal. No encontráis vuestro sitio en el mundo o aquél en el que os han encasillado no se amolda a lo que querríais. Seguir intentándolo. Un paso más. Un esfuerzo más. Que como ya dijo Annie cantando (me ahorro cantarlo yo que me dicen que cuando lo hago sangran los oídos) el sol brillará mañana.

El año empieza bien, con buenas noticias. Con sonrisas compartidas, con planes a largo plazo. Dicen que se trata de cómo termina, no de cómo empieza, pero de momento la cosa pinta bien. Os seguiré contando, si es que queréis leerme.