Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: febrero, 2013

Quien bien te quiere…

Dicen que quien bien te quiere te hará llorar. Curioso. Vamos a pensar que esa frase es cierta. Pues me doy cuenta que hay mucha gente que me quiere y yo no lo sabía.

El primero que me quiso fue el médico en el parto. Su amor incondicional a mi persona le hizo darme esos azotes. Dicen los que no tienen ni idea que es porque el llanto ayuda activar los pulmones. Qué va. Era amor puro y duro. Qué mejor muestra de amor que dos azotes bien dados. Pero de los de verdad eh… de esos que pican y dejan el culo rojo. Nada de cachetitos cariñosos, no no. De los de la España rural a pantalón de pana bajado y ruda mano de labriego como instrumento ejecutor. Amor.

Y a lo largo de tu vida te han amado muchas más personas. Y tú tan desagradecido. Muy mal. La canguro que no te cambiaba los pañales por no comerse el marrón (nunca mejor dicho) no es que fuera una vaga, no es que le diera asco, no es que disimulara hasta que llegaban tus padres y ponía cara de asombro en plan… vaya se lo acaba de hacer. Qué va, era amor. Mucho amor.

El inventor de la alergia que te deja la nariz como un grifo mal cerrado y los ojos con riego por goteo… destilaba amor. Los cocineros mexicanos con sus kilos de picante son los osos amorosos de los cocineros. El mosquito que se lanza a tu ojo se suicida por amor.

Hay amor en todas partes. La chica que te dijo, te quiero como amigo… te quería. El profesor que te suspendió con un 4,9 te amaba. El amigo que te dejó tirado te apreciaba… y tú sin darte cuenta. Qué mal.

Conclusión: si esa frase es verdad, todos somos sádicos y masocas a la vez. Qué cosas.

Tortitas con nata

No suelo ser muy goloso. No soy mucho de postre aunque sí que en ocasiones he sido el postre para algunos, bien por jugar al mus, bien por interés escaso. Pero bueno lo que quería contaros es que ayer cené tortitas con nata. No, no las merendé, las cené. Me apetecía y lo hice. Algunos pensaréis que las tortitas no son una cena. Pues sí que fue la mía. Puede que digáis que lo normal es algo salado para cenar. Paso de lo normal. Igual vais a decirme que parezco un niño pequeño con los antojos, pero eso es por mi complejo de Peter Pan… nada que no sepáis.

Y estaban buenas. En Vips. La clave de las tortitas es que la nata sea buena. Es sencillo. Hay que llegar a la duda si estás tomando tortitas con nata o nata con tortitas… que desaparezca la tortita bajo una capa blanca y jugosa. Y ya en la cumbre un buen caramelo. Riquísimo.

Pero se supone que no es una cena. Me dio igual. Los españoles vamos alternando salado y dulce en las comidas. Desayuno dulce, comida salado, merienda dulce, cena salado. Pues yo a veces he comido un colacao con galletas, desayunado pizza, merendado una lata de sardinas… y muchas veces me he saltado comidas (pero eso es otro tema).

Me gustaron mis tortitas, las disfruté y pienso volver a hacerlo.

se busca inspiración

Hay muchos días que realmente no sé de qué hablaros. Aunque sí que sé que algunos estáis esperando que hable de algo. Hay momentos en los que miro la pantalla y estrujo las neuronas buscando algo que os saque una sonrisa. No aspiro a nada más. Y no siempre es fácil. De momento, con excepciones aunque pocas, mi idea de tener un diálogo con vosotros a partir de mis pequeñas locuras soltadas a vuela pluma aquí ya lo he descartado. No sois muy proactivos que digamos.

Y voy soltando letras, haciendo tiempo, pensando en algo que os pueda gustar. No sale, estoy estancado. La inspiración en esta sala es difícil de sujetar. Huye. Miraría por la ventana a ver si algo enciende esa lucecita en mi cerebro. No hay ventana. No sé.

Veo un libro en frente mío. Se titula “Un punto rojo”. Se me ocurre escribir algo sobre un puto rojo. Lo descarto por no molestar a nadie. Tengo un folleto de descuentos del Burger King. Pienso en hablar de comida basura, que no es lo mismo que fast food. Lo descarto porque no ando muy católico del estómago.

Nada, hoy no viene nada. Quizá el lunes. O no. Nunca se sabe.

La noche matutina

Hoy me ha tocado madrugar. Por motivos ajenos a mi voluntad (bien lo sabéis los que me conocéis bien) he tenido que personarme en la oficina a la imprudente hora de las siete de la mañana. Es de mala educación, debería estar prohibido.

La mezcla a esas cosas por la calle es curiosa. Ya lo era hoy, pero imagino que un viernes mucho más aún. Gente camino al trabajo y gente tomando la penúltima reptando a sus camas. Denominador común: malas cara de todos. Lo tengo dicho que esas no son horas, pero para nada eh.

En contra del mito las calles sí están puestas y ya tiendo a pensar que los españoles somos tan vagos que por las noches las dejamos ahí. Como la bandera de la plaza de Colón que sigue ahí llueve o haga sol por más que les pese a muchos.

Mis desconocidos habituales dormían plácidamente mientras yo guardaba la seguridad en la noche madrileña con ellos. Como Batman, pero sin traje, con sueño, con barriga, sin pelo, sin dinero, con sueño, sin mansión, sin músculos, con canas… vamos nada que ver con Batman.

Sorprende pensar que las desiertas calles que pisas van a tornarse en breve en hervidero de gentes y protestas. Protestas porque somos muy de protestar y además porque, como ya deberíais saber, trabajo al lado de Génova.

El frío se mete un poco más dentro. El sueño se hace algo más presente. Los sonidos se acrecentan ante la ausencia de rivales. Como los olores. Olores de mañana. Olores sólo de mañana… las porras. Recién hechas, calentitas… punto positivo para madrugar. Hay que buscar el lado bueno. Always look at the bright side of life…

Buenos días, aunque yo empecé de noche.

El poder del uniforme

No sé qué nos pasa a las personas en general, pero el caso de los uniformes es para estudiarlo. Nos imponen respeto, nos llaman la atención, nos sentimos más intimidados ante alguien que lleva uno puesto. Eso es así, el por qué es otro cantar.

Lo curioso es que no importa el cargo o rango real que tenga la persona, si lleva uniforme ya hasta los tratamos de usted. Y no todos los uniformes son iguales. Esta mañana al venir al trabajo (ya sabéis que en ese paseíto pienso la mayoría de las cosas que luego os cuento) me he cruzado con dos policías, con un barrendero y una controladora de la zona azul. Tres uniformes. Lo curioso es que la que más respeto impone es la de la zona azul. El policía ha hecho unas oposiciones, unas pruebas físicas, un test psicológico para ver si es apto… pero claro como a la de la zona azul le han dado un cacharrito para poner multas… acojona.

La erótica del poder. De toda la vida se ha sabido. Lo malo es que ese poder se va con el traje. El policía liga vestido y ya cuando va a entrar a matar… le falla el atuendo. Gatillazo emocional.

Y todos en cierto modo queremos ir uniformados. De pequeños las equipaciones deportivas, los camareros con sus camisas blancas, los bomberos con sus mangueras, los pijos con su lacoste y los oficinistas con su chaqueta y corbata.

Todos somos unas pequeñas fotocopias y cuanto más igualitos más a gusto. Dejemos de lado el chándal.

Dudas de mi infancia

Hay cosas que de pequeño no entendía. Bueno la verdad que hay muchas cosas que aún no entiendo, pero de pequeño había muchas que no acababa yo de pillar. Os lanzo mis dudas a ver si alguno podéis echarme una mano. Por favor.

Si el problema es el dinero para todo… ¿por qué no pedir un cajero a los Reyes Magos? Yo lo hice, nunca me lo trajeron, pero me parecía la mejor idea del mundo.

Si en las ciudades se alquilan bicicletas ¿por qué nadie alquila paragüas cuando llueve?

¿Quién era Epi y quién Blas?

Si Oliver Atom tardaba más de veinte minutos en cruzar un campo de fútbol ¿qué tamaño tienen los campos en Japón? ¿debería Oliver Atom ir a las paraolimpiadas?

¿Qué narices le pasa a la gente de Metrópolis? Unas gafas NO es un disfraz. ¿Entran los atracadores con gafas a los bancos para que no les reconozcan? Es Superman, con gafas, pero Superman.

Si los petit suise (o como se escriba) hay que tomarlos de dos en dos ¿por qué no hacen uno el doble de grande?

¿Por qué nadie les explica a los padres que nos da corte oírles decir la expresión “piripi”?

Mi cuarto está ordenado. A mi estilo. Yo sé dónde están las cosas, lo que pasa es que tú no entiendes mi sistema… ¿es tan difícil de asumir mamá?

Pero sobretodo, lo que me superaba y nunca pude entender era ¿por qué encogemos los hombros cuando llueve? ¿pensamos que nos vamos a esconder dentro del cuello como si fuéramos tortugas?

Respuestas por favor.

 

Beneficios de la crisis

Es verdad que esta crisis es una faena. Que todos estamos apretaditos (o muchos) y algunos lo están pasando realmente mal. Lo siento. De verdad. Pero eso de quejarse, de ver el lado negro, las cosas negativas… se lo dejo a todos los demás. Para ver malas noticias y peores opiniones centrados en la crisis no hay nada más que recurrir a los muchos (demasiados) medios de comunicación que existe.

Yo me he puesto otro reto. Diferente y, creo, que más constructivo. Que la crisis está aquí es evidente, pero chicos al mal tiempo buena cara. Que no todo es tan negro y alguna cosilla positiva también podemos sacar de todo esto.

Lo primero y principal que veo como ventaja es que por fin vamos a poner a examen a toda la clase política. De tanto chupar de la teta del dinero público le han dejado el pezón como una uva pasa. Ya era hora de hacer una buena limpia, de ponerlos en su sitio y quitarnos toda la morralla que no nos sirven. El Congreso y el Senado son un cúmulo de escaños vacíos y dinero prófugo. Apostemos por la productividad, si no van que no cobren. Primera ventaja de la crisis.

También espero que los hosteleros y restauradores se den un poquito cuenta de cómo están las cosas. Dos huevos mareados en una sartén con cuatro patatas fritas, un plato enorme y una ramita de cebollino… lo llamaban tortilla deconstruída te cobraban 20 euros por ración y se quedaban más anchos que largos. Pues no. Ajustemos los precios. Seamos conscientes de cómo están las cosas y no queramos multiplicar nuestro beneficio como si fueran los panes y los peces. Segunda ventaja de la crisis.

Hay que empezar a pensar que no siempre lo más caro es lo que más nos gusta o mejor nos sienta. Propongo un experimento. Junta a tus tres mejores amigos en tu casa. Compra cinco litronas. El precio pueden ser unos 10 euros, pero las risas que te vas a echar… A todos nos gusta lo bueno, eso es evidente, y soy partidario de un capricho de vez en cuando, pero precisamente por eso se le llama capricho, porque es algo excepcional, no algo dentro del día a día. Si un capricho es diario, no es capricho, es rutina. Tercera ventaja de la crisis.

Y estoy seguro que hay muchas más. Animaros a sumar ventajas, ponedlas que todos las lean. La crisis es una putada, cierto, pero si te caes del caballo igual encuentras una moneda en el suelo.

Maletas o baúles

Tengo en mente aquella expresión del baúl de la Piquer. No pongo en duda su tamaño ya que tanto juego ha dado a lo largo de los años (anda si rima). Y en el fondo, aunque no queráis reconocerlo, todas sois un poco imitadoras de la artista. Es pensar que tenéis que hacer una maleta y os entra un ansia por llevaros de todo que no es normal. El abrigo por si hace frío, el biquini por si hace calor, el paraguas por si llueve, medicinas como si se fuera a acabar el mundo y un kit de costura por si las moscas…

Lo malo es que ahora llega Ryanair y te cobra por maleta. Las mujeres, que llevan el gen ancestral de cuidar la economía doméstica, son poco propensas a gastos extra en los viajes. Desafío: meter ropa para un mes (aunque te vas tres días) en un trolley de cabina. Aquello es como el que apostamos, pero sin premio. Más bien con multa si no lo consigues. En este momento observas como tu maleta empieza a ser como tu armario, cada vez hay más cosas de ella dentro y lo tuyo queda aparcado y amargado en un mísero rincón.

Empiezas a ver champús, secadores, planchas de pelo… aparatos casi más grande que la maleta y tu cara de susto va en aumento. Ella apuesta por eso de… tranquilo si esto apretando un poquillo… y ahí es cuando recuerdas las veces que la has visto tumbada en la cama para abrocharse los vaqueros… al menos son coherentes.

Mención aparte tiene el neceser. Hombre: desodorante, colonia, cepillo de dientes. Mujer: catálogo de cosméticos de cualquier perfumería que se precie y con la curiosidad que siempre, siempre, se les ha olvidado algo. Justo lo esencial. Sabes que tendrás que ir a comprarlo tú. sabes que lo comprarás mal y te la ganarás. Asúmelo.

Ahora que hay que reconocer que pese a todo esto… el resultado merece la pena.

Ay Valentín, Valentín

Siempre se ha dicho que lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien. Pues en este sentido el señor Valentín (dicen que santo) tiene una de las mejores campañas de marketing del mundo. Hay varios personajes que sólo les hacemos caso una vez al año. Papá Noel (gordo cabrón americanizado), los Reyes Magos (que no van en dinosaurio) y Valentín el santo. Eso sí, en su día tenemos a estos personajes hasta en la sopa.

Las campañas de las tiendas o negocios para sacarnos el dinero (si es que queda algo) con la excusa del santo son curiosas. El sábado pasado me hicieron en Zara Home un 20% en dos fundas de almohada por promoción valentiniana. ¿Cama?¿amor? ¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Oye pues ni idea. Y es que alguna de estas promociones queda bastante forzada… ya lo estoy viendo. “aviva la llama del amor… dos por uno en revisión de calderas de gas”.

Aunque en este sentido los reyes de la manipulación son los señores de El Corte Inglés. Las estaciones entran cuando ellos quieren, la navidad no empieza hasta que a ellos les da la gana y encima ahora sacan de la chistera el día del padre, la madre, la suegra (vale, este es mentira, pero todo el mundo sabe que regales lo que le regales a tu suegra no le va a gustar) y de San Valentín. Por cierto, debo advertir a más de uno (que la gente es muy bruta) que cupido y San Valentín no son lo mismo. Nada que ver. Para más información wikipedia.

Y es curioso lo que puede ser considerado romántico y lo que no. Ni idea de quién ha marcado las pautas, pero todos nos las sabemos. Ir al teatro bien, ir al fútbol mal. Comprar flores bien, comprar un cactus mal. Regalar bombones bien, regalar chorizo mal. Pues oye que no lo entiendo. A algunas mujeres (léase mi hermana Reyes) les gusta el fútbol, los cactus aguantan más tiempo (prueba de que vuestro amor se prolonga en el tiempo) y el chorizo siempre es buena idea (con macarrones… eso sí que es un matrimonio y no el boquerón con anchoa).

Sí que es cierto que desde hace mucho tiempo es la primera vez que podría celebrar San Valentín y no San Ballantines, pero casi mejor mañana que es viernes y el amor no depende de calendarios. Vamos digo yo.

 

quiero el divorcio

No me he casado nunca (aún) y ya no recuerdo el número de veces que he pedido el divorcio. En serio. Y es que soy de la opinión que el divorcio debería estar más extendido. No sólo de pareja, sino de amigos, de padres, de trabajo, de mascota… el divorcio es un gran invento. El divorcio suele ser lo que sucede después de un “tenemos que hablar”, es la consecuencia de “no eres tú, soy yo”. Divorcio por doquier y en general. Me gusta.

Normalmente con el divorcio viene el chantaje emocional… aquello de “tú sabrás lo que haces” o “haz lo que crees que es mejor para ti”. Sois expertas en esto. Ponéis el balón en nuestro tejado con una facilidad que no me extraña que España sea campeona del mundo de fútbol… llevan vuestros genes. Pues divorcio. Que tu madre te regaña, divorcio. Que tu amigo te falla, divorcio. Que tu perro se hace pis en la alfombra, divorcio. Te vas a quedar más sólo que Laika en su nave, pero no te va a molestar nadie.

Además, todos sabemos que con la práctica se mejora. La primera boda no se disfruta, se cometen fallos, estás tenso. De toda la vida se ha dicho que a la tercera va la vencida. Tres bodas, dos divorcios. Buena media.

Propongo las despedidas de casado, las lunas de hiel, robar el ramo y soltar un no quiero. Viva el divorcio.