El poder del uniforme

por Fer Población

No sé qué nos pasa a las personas en general, pero el caso de los uniformes es para estudiarlo. Nos imponen respeto, nos llaman la atención, nos sentimos más intimidados ante alguien que lleva uno puesto. Eso es así, el por qué es otro cantar.

Lo curioso es que no importa el cargo o rango real que tenga la persona, si lleva uniforme ya hasta los tratamos de usted. Y no todos los uniformes son iguales. Esta mañana al venir al trabajo (ya sabéis que en ese paseíto pienso la mayoría de las cosas que luego os cuento) me he cruzado con dos policías, con un barrendero y una controladora de la zona azul. Tres uniformes. Lo curioso es que la que más respeto impone es la de la zona azul. El policía ha hecho unas oposiciones, unas pruebas físicas, un test psicológico para ver si es apto… pero claro como a la de la zona azul le han dado un cacharrito para poner multas… acojona.

La erótica del poder. De toda la vida se ha sabido. Lo malo es que ese poder se va con el traje. El policía liga vestido y ya cuando va a entrar a matar… le falla el atuendo. Gatillazo emocional.

Y todos en cierto modo queremos ir uniformados. De pequeños las equipaciones deportivas, los camareros con sus camisas blancas, los bomberos con sus mangueras, los pijos con su lacoste y los oficinistas con su chaqueta y corbata.

Todos somos unas pequeñas fotocopias y cuanto más igualitos más a gusto. Dejemos de lado el chándal.

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