Cuernos

por Fer Población

Vaya susto que me he dado esta mañana. No os lo podéis imaginar. He dado saltito muy poco masculino y todo. El caso es que al ir a entra en el portal de mi oficina (cuando digo mi oficina me refiero a la cárcel pistacho en la que trabajo) me he encontrado de frente con una cabeza de toro. Con sus cuernos y todo por supuesto.

Y mira que tengo sangre taurina corriendo por mis venas… pues en ese preciso momento se me ha bajado la sangre a las piernas para salir disparado a lo correcaminos (mec mec). Oye qué susto. De remate el operario, currito, albañil, peón… o como se le quiera llamar que portaba tan linda testamenta (ojalá también la lleve puesta él por la bromita que me hizo) soltó frase lapidaria: tranquilo hombre que está muerto. Muerto… en tus muertos es en lo que me cago yo hombre.

La verdad es que me cuesta imaginar un piso en el centro de Madrid con una cabeza de toro presidiendo el salón. ¿Para colgar los sombreros? ¿Llegada la navidad se le pone espumillón en los cuernos? No lo veo eh.

Cada cosa tiene su sitio. Las cabezas de toro en una tasca, un restaurante, un museo, una finca, un cortijo… vale ¿Un piso en el centro de Madrid? No. De todos modos, por si las moscas, o por venganza, mañana me imprimo una foto del chupacabras y si me vuelvo a cruzar con el sudamericano de la cabeza de toro le asusto yo a él. Hala.

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