Nostalgia charra

por Fer Población

Tengo nostalgia de mi tierra. Quizá se acrecienta por el hecho de que hoy ya dormiré allí, pero creo que los que me conocéis tenéis muy claro que soy absoluto fan de Salamanca. Me gusta la ciudad, me gustan los salmantinos, me gusta la comida, me gusta la forma en la que ahí se vive. Me gusta. I like it.

Creo que desde que no vivo en Salamanca, que son unos cuántos años ya, más me doy cuenta de las peculiaridades de los charros. Para empezar lo primero que quiero es un montadito de panceta.

Pero en este caso me refiero a pasear por las calles con ese poso de vejez. Con esa sensación de casco antíguo y sentirte pequeño. Con ese color dorado al anochecer que tiene la piedra de villamayor y le da esa luz a la ciudad tan singular.

Perderte por las callejuelas con rumbo, o sin él, para encontrarte en frente de, por ejemplo las catedrales. Perder, mejor invertir, el tiempo en las piedras, las siluetas, los matices. Y grabar a fuego todos esos recuerdos para que el tiempo no te los quite.

Me gusta Salamanca a diario, sin follón de visitantes, sin guías ni cámaras. Me gusta pasear por sus calles y hacernos cómplices de nuestros secretos. Como viejos amigos que hace tiempo que no se ven y tienen mucho que contarse.

No sé si seguiré en Madrid, o en otro lado. Lo que sí sé es que Salamanca vendrá conmigo donde quiera que yo vaya.

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