Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: abril, 2013

Me acuerdo de vosotros

Hoy me he despertado algo melancólico… pensando en mucha gente que no veo lo que me gustaría. Grandes amigos que tengo demasiado lejos, pero que por más tiempo que pase siempre serán mis amigos.

Y he pensado en el desastre de Chemari asomado en la ventana de mi casa de Villanueva que sólo le faltaba traerme la correa para que lo sacara a pasear. Me he acordado de Seryi en su isla y con su pachorra, normal que sea tan alto, porque es una grandísima persona. Mónica que ya es mamá, en su hogar de sidra y cachopos. Anita (mi dulce galletita de chocolate rellena de tofe… ¡toma empalago!), mi amigo Tuchi cada vez más andorrano y con pocas ganas de volver. Aina, con su peque y su Eurastio, que con sólo decirme hola ya me hace sonreír. Mi hermano ex zoomzonero, y qué orgulloso estoy de lo de ex. Judith y su vida de carreras que no puedes visitar ni con cita previa. Nachete al que vi en su boda y que espero no tener que llegar a su divorcio para volver a verle. Rosita y nuestras espaldas de fraude.

Lo malo de ponerte a enumerar es que sabes que te dejas gente en el tintero. Mis disculpas. Tengo el placer de conocer a todas esas personas, de haber compartido momentos, historias, anécdotas. Y los echo de menos. Quiero, exijo y demando veros. Ahí lo dejo.

¿Calentamiento global?

Ay mi querida Judith, cómo me acuerdo de ti cuando caen estos fríos en estas épocas. Cómo pienso en la lagrimita que se te ha tenido que deslizar por la mejilla al tener que retomar los chaquetones y dejar de nuevo el bikini enterrado en el fondo del armario. Una lástima. Me imagina tu desesperación al ver las temperaturas, tu tristeza al ver cómo amaga nieve y la decepción al pensar que en estos días festivos que se avecinan no vas a poder morenearte.

Diría que lo siento, pero sabes que no es verdad y mentir es feo. El reino del pingüino se prolonga unos diítas más y no se va por mucho que mueva la samsonite de arriba a abajo. El frío se cuela en nuestra vida de nuevo y el cocido (tu amante cocido) vuelve a ser un plato apetecible, diga lo que diga la rubia.

Bufandas, guantes, medias… volvemos a embutirnos en ropajes varios. Hace poco hablé de la guerra de mi cama y cómo el edredón temía por su encierro. Ahora respira tranquilo, sabe que aún le quedan unos días más presente en la cama.

Judith, qué injusto ha sido el tiempo contigo, que mala idea eso de ponerte la miel en los labios con unos rayos de sol, para después quitártelos y condenarte a la trenca. Malo. Y hablan de calentamiento global… pues yo ayer me tuve que calentar con la bomba de calor.

Stop

No soy muy de ponerme trascendente en este blog. Más bien todo lo contrario. Suelo soltar todas las tonterías que se me pasan por la cabeza con el riesgo evidente de que acabe en algún tipo de centro de salud mental con las paredes color pistacho (mmmmm esto da que pensar). Pero hoy me permito la licencia de hablar un poco en serio, al menos hablar lo en serio que mi cerebro me permita.

Seis millones. Hemos llegado a seis millones de personas que no tienen trabajo. Asusta. A mí al menos me tiene con los genitales masculinos (huevos) de corbata. Y no estaba pensando en las implicaciones económicas que este dato tiene, que las tiene y muchas, más bien estaba pensando en el drama social que representa.

Creo que todos estaremos de acuerdo que la sensación de inutilidad es de las más desagradables y frustrantes que se pueden experimentar. No hacer nada, no aportar nada, no importar nada. Pasar el día como el que oye llover esperando que pasan las horas para poder hacer una cruz en la hoja del calendario. Duele.

Seis millones de personas encerradas en sí mismas con el grito por bandera de un trabajo por favor. Y cuando la gente está frustrada, asustada, tiene el riesgo de huir hacia delante llevándose puesto al que se cruce en su camino. Me asusta, me preocupa.

La palabra “yo” está mucho más de moda en contra del “nosotros”. Los planes a largo plazo se desvanecen y se fija en la mente la necesaria obsesión de llegar al día siguiente. Seis millones, suma y sigue.

Buscar trabajo se ha convertido en un trabajo. No remunerado, pero trabajo. Y ante el sucio manto del paro y la necesidad caen las expectativas, se reducen los requisitos y a río revuelto ganancia de pescadores. El que quiera entender que entienda.

Todo fachada

¿Alguna vez habéis visto abierto un ordenador? Pero no de los portátiles, de los trastos de toda la vida, de esos que tenían (y tienen) CPU o también llamada torre. Es un fraude. Uno piensa que ahí dentro habrá piezas de tecnología puntera del siglo XXI con un estilo Men in Black. Nada de eso. Lo que hay es mucho espacio vacío, cuatro tornillos y unos cables de colores más tipo película de serie b de los años 80. Lo miras por fuera y parece que el aparatito es capaz hasta de organizar el tráfico de Madrid, lo abres y te conformas con poder jugar al solitario sin que se quede colgado. Todo fachada.

Pero no son los ordenadores lo único que son todo fachada. Con las películas nos hacen lo mismo. Ves un trialer de una película y parece que es el colmen de la diversión, la acción, el romance o lo que sea que trate la película. Vamos que seguro que a todos os ha pasado eso de estar en el cine y comentar en los trailers “esta tiene buena pinta”. Pues lamento decirte que normalmente te engañan. Recuerdo hace años que fuimos los amigos de Santander a ver “Más allá de la aventura”. La cosa prometía… pues era la historia de Heidi. Todo fachada.

Pero no queda ahí. Todos hemos pensado qué tienen los presentadores de telediario debajo de la mesa. Todos nos los hemos imaginado con chandal y pantuflas, escondiendo la Cuore y un sanwhich de nocilla para los ratos en los que no están ellos en pantalla. Lo mismo pasa en las barras de los bares o las mesas de los caterings. Por delante, de cara al público, todo impoluto y reluciente. Miedo da lo que puede haber ahí detrás. Si Chicote tuviera que revisar estos sitios acababa con Ramsey en alguna institución mental. Tanta pesadilla tiene que acabar pasando factura. Vamos digo yo.

En los hoteles pasa lo mismo. Hasta el hotel más lujoso del mundo tiene esos pasillos grises con luces de neón rancias por donde pasea el personal. Y con moqueta claro, la moqueta no puede faltar. La moqueta es a los pies, lo que un pañuelo de tela a la nariz. Se va llenando de mierda y te sigues frotando con él. Cierto que el pañuelo se lava, cierto que por la moqueta no sueles ir descalzo, pero precisamente es el sueles lo que me preocupa.

Fachada, todo fachada. Nos ponemos nuestro mejor traje con calzoncillos de aquellos maravillosos años. Compramos el macrotelevisor de plasma y usamos leche lidl. Compramos un cochazo, pero le hacemos las revisiones en talleres Manolo. Fachada.

Y, por desgracia, y cada vez más, a mucha gente les pasa eso. Son todo fachada, pero no tienen nada por dentro.

Siempre hay tiempo

Siempre hay tiempo para llamar a un amigo. Siempre es un buen momento para comer jamón ibérico. No hay que perder la ocasión de reírse de uno mismo. Una tarde de cañas con los de toda la vida es buena idea sí o sí. La siesta es un gran invento se pongan como se pongan. Un día con sol apetece salir, un día con lluvia apetece quedarse.

Señores, en estos tiempos que corren donde todo es incertidumbre, donde las dudas nos acechan por las esquinas y el día a día se nos presenta como una escalera que no estamos muy seguros de poder subir. En estos días de sudores fríos y muecas de miedo. De primas de riesgo que ni son rubias ni morenas. De euro, de Merkel y De Guindos… justo en estos días os ofrezco mi apuesta segura.

Un pincho de tortilla y una caña a las doce. Meterte en la cama con las sábanas limpias. Tomarte un cocido sin prisa y amigos. Una buena ducha. Venga, ánimo. Los de cocacola dicen (qué buenos son haciendo anuncios eh) ¿y si nos levantamos? Conmigo es sencillo, llamadme y voy, que me gusta veros.

Vamos que podemos. Tenemos que disfrutar de lo sencillo, de lo de siempre, de lo que ha definido nuestra forma de vida. Somos de terracita. Y cuidado que ahora viene un amigo que echábamos de menos: tinto de verano. Os apetece uno eh.

Tienes tiempo para pensar, para sonreír, para disfrutar, para trabajar, para recordar, para vivir… hay tiempo para todo. Tiempo por bandera. El que te diga que no tiene tiempo de llamarte, lo que no tiene es interés.

Peleas nocturnas

Mi almohada me ha dicho que el edredón la mira mal. La pobre. Y es un follón la verdad. El edredón dice que está triste, que nota que en breve quedará relegado a un armario y pasará unos meses sin que le preste atención. Y yo no quiero que lo sepa, pero la verdad es que tiene razón. La almohada se lo ve venir, y por eso se crece y le hace rabiar. Es difícil poner paz entre ellos.

Me dan unas noches que no son normales. Que si el edredón se revela y escapa por la tangente, que si la almohada se molesta y corre detrás suyo… y yo en medio de todo este follón me veo con el culo al aire y el cuello torcido. No hay derecho.

Y amenazo. Vaya que si amenazo. Son varios los días de exilio al sofá que convive en perfecta relación con la mantita azul. Con ellos da gusto. Sea la hora que sea tienen un guiño y un rato para recibirme con agrado. Pero es raro. Uno que es tradicional es de siesta en sofá y dormir en cama. Manías.

 

El trampolín de la tele

Hasta hace poco cuando alguien decía que la tele era un trampolín se trataba de lenguaje figurado. Se refería a la capacidad que tiene la televisión para lanzar al estrellato a alguien. No todo el mundo sabe ( o supo) gestionar esa fama, y el hecho de conseguir esa popularidad fue en principio del fin para más de uno. Pero era innegable que la televisión suponía ese trampolín que hacía que el más común de los mortales pudiera ser parado y reconocido por la calle.

Esos eran buenos tiempos. Ya no, ya la cosa ha cambiado. Ahora si se habla del trampolín de la tele es uno de verdad. Una estructura desde donde lanzarse a una piscina. Lo que han cambiado las cosas. Y encima, lejos de existir un trampolín podemos “disfrutar” de dos. No lo entiendo.

Da la sensación que a través de realities y prensa rosa calañera hemos creado un perfil de personajismo con los que ya no sabemos qué hacer. O más bien no saben qué hacer lo que deciden qué tenemos que ver en televisión. A estos personajes los hemos aislado en una casa, aislado en una isla, metido en un bus, metido en una granja, puesto a bailar, metido en una cocina… y ahora nos ha dado por hacerles saltar desde un trampolín. Y todos expertos en saltos.

Expertos de envidiable sapiencia casi equiparable al jurado de estos concursos. Guti, Santiago Segura… y demás personajes muestran sus conocimientos clorados en bañadores y zambullidas. Y todos a verlo. Pues no lo entiendo.

No es por ser malo, que lo soy, pero a veces dan ganas de ver a alguno de estos personajes en las noticias más que en el programa. A ver si hay suerte y alguno se ahoga de verdad. No perderíamos mucho.

¿Qué será lo próximo? ¿Famosos haciendo cerámica? ¿Famosos domando leones? ¿Famosos haciendo calceta? Ya creo que sea lo que sea, no nos va a sorprender.

Mala suerte

A veces es divertido poner a la gente nerviosa, sobretodo a los supersticiosos. Y es que lo malo de esta gente no es que ellos tengan sus manías, si no que automaticamente se convierten en las tuyas.

Que si no me pases la sal, déjala en la mesa que la cojo yo, que si no pases por debajo de una escalera (un andamio supongo que también debe dar mala suerte), que si nada de sentarse en la fila trece… oye pues a mí me entretiene ponerles nerviosos.

Basta que vaya con uno de esos para necesite meterme debajo de los andamios. Lo de romper espejos queda feo, que nunca he sido yo muy de destruir, pero vamos que ganas no me faltan eh. Y se ponen rojos, y te regañan, y te llaman de todo. Es muy divertido. Y sí, lo hago simple y llanamente por joder. Soy así, ya lo sabéis.

Pero vamos a ver, si el supersticioso eres tú ¿por qué no puedo hacer yo lo que me dé la gana? Oye es que no lo entiendo. La persona más tranquila y amable como sea supersticiosa y te veo cometiendo una osadía o fechoría te pega un grito que te tiemblan las piernas tres días. Qué genio.

Pues yo hoy por llevar la contraria voy a abrir un paraguas en la oficina, pasar debajo de los andamios, dar la sal en la mano, comerme trece aceitunas, pero nada de gatos negros, que los gatos no me gustan.

Fuera de tiempo

Hoy me he despertado cantando villancicos, fuera de tiempo sin duda, pero oye me ha dado por ahí. Pero eso me ha hecho pensar… la de cosas que hicimos en su día que en este momento no nos hacen sentir precisamente orgullosos. No nos confundamos, que no me refiero a cosas que tuvimos que hacer, que yo llevé aparato tres años en los dientes, digo las cosas que hicimos porque nos dio la gana. Así, a lo loco.

Hemos ido a clase con vaqueros y zapatillas negras, nos hemos hecho un tupé en el pelo al estilo de “Sensación de vivir” (sin bromitas) y nos sentíamos los más importantes y adultos tomando un café en la cafetería de la uni. Bien, todo esto pase.

Lo que de verdad me alucina, me sorprende, me tiene anonadado y me deja sin aliento es el saturday night. La cancioncita. Sé que todos la tenéis ahora en la cabeza. Lo primero que sorprende es ¿os acordáis de quién la cantaba? Algunos diréis Whigfield… vale, pero alguien sabe cómo tenía la cara. Para mí que era musulmana y llevaba burka, o que era fea, pero fea, o que whigfield no existe, son los padres. Ni idea oye.

Como curioso soy un rato… y os tengo aprecio, o mejor dicho cariño (por las consecuencias del aprecio) he hecho yo la búsqueda.

Pues no era tan fea…

Pero realmente lo que me impacta de esta canción era el bailecito. Todos lo hemos bailado. Todos. Hasta los que no bailamos lo hemos bailado. Todos teníamos una amiga (o amigas) que nos “emocionaban” y que se empeñaban en enseñarnos el baile y claro… nosotros que no somos de piedra pues a bailar. Y encima le cogíamos el puntito. Vamos que todos nos hemos lanzado a meter el bailecito en otras canciones. En mi caso en un concierto de country en Wisconsin, pero eso es otra historia.

Ahí estabas tú dando saltitos, palmaditas, moviendo el culito…. yo creo que si ahora ves a alguien haciendo lo mismo le tildas de pagafantas o gay (gay por no decir maricón, claro). Cómo me gustaría poder verme en aquél turbio momento de mi pasado y darme una colleja para que me dejara de chorradas.

Ay Mónica, ay Paola, ay Pilu, ay Bea… qué daño hicisteis… pero se os sigue queriendo.

No lo entiendo

Llevo todo el día pensando si escribir o no. No lo tenía nada claro. Al final he decidido hacerlo, más por dar continuidad al blog que porque realmente tenga ganas. Y es que cuando pasa algo que de verdad te impacta es complicado mirar a otro lado.

Estoy hablando de los atentados de Boston. No lo entiendo. Por más que le doy vueltas no lo puedo entender. Y lamento si hoy voy a perder las formas, pero los responsables son unos auténticos hijos de puta. Sin más.

No lo entiendo. El objetivo son personas que simplemente querían pasar un día practicando algo de deporte. Gente de todos lados del mundo. Matar por matar. Así, porque a mí me sale de los cojones. Sin filtro, sin pensar, sin justificar. Me sale de la polla y planto una bomba. Qué hijo de puta.

Y no sé quién ha muerto, ni de dónde era, ni su edad, ni su nombre… no lo sé. Da igual. Como le ha dado igual a un cerdo cobarde que se ha llevado por delante estas vidas y ha dejado taradas las de tantos otros.

No lo entiendo.