Fuera de tiempo

por Fer Población

Hoy me he despertado cantando villancicos, fuera de tiempo sin duda, pero oye me ha dado por ahí. Pero eso me ha hecho pensar… la de cosas que hicimos en su día que en este momento no nos hacen sentir precisamente orgullosos. No nos confundamos, que no me refiero a cosas que tuvimos que hacer, que yo llevé aparato tres años en los dientes, digo las cosas que hicimos porque nos dio la gana. Así, a lo loco.

Hemos ido a clase con vaqueros y zapatillas negras, nos hemos hecho un tupé en el pelo al estilo de “Sensación de vivir” (sin bromitas) y nos sentíamos los más importantes y adultos tomando un café en la cafetería de la uni. Bien, todo esto pase.

Lo que de verdad me alucina, me sorprende, me tiene anonadado y me deja sin aliento es el saturday night. La cancioncita. Sé que todos la tenéis ahora en la cabeza. Lo primero que sorprende es ¿os acordáis de quién la cantaba? Algunos diréis Whigfield… vale, pero alguien sabe cómo tenía la cara. Para mí que era musulmana y llevaba burka, o que era fea, pero fea, o que whigfield no existe, son los padres. Ni idea oye.

Como curioso soy un rato… y os tengo aprecio, o mejor dicho cariño (por las consecuencias del aprecio) he hecho yo la búsqueda.

Pues no era tan fea…

Pero realmente lo que me impacta de esta canción era el bailecito. Todos lo hemos bailado. Todos. Hasta los que no bailamos lo hemos bailado. Todos teníamos una amiga (o amigas) que nos “emocionaban” y que se empeñaban en enseñarnos el baile y claro… nosotros que no somos de piedra pues a bailar. Y encima le cogíamos el puntito. Vamos que todos nos hemos lanzado a meter el bailecito en otras canciones. En mi caso en un concierto de country en Wisconsin, pero eso es otra historia.

Ahí estabas tú dando saltitos, palmaditas, moviendo el culito…. yo creo que si ahora ves a alguien haciendo lo mismo le tildas de pagafantas o gay (gay por no decir maricón, claro). Cómo me gustaría poder verme en aquél turbio momento de mi pasado y darme una colleja para que me dejara de chorradas.

Ay Mónica, ay Paola, ay Pilu, ay Bea… qué daño hicisteis… pero se os sigue queriendo.

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