Stop

por Fer Población

No soy muy de ponerme trascendente en este blog. Más bien todo lo contrario. Suelo soltar todas las tonterías que se me pasan por la cabeza con el riesgo evidente de que acabe en algún tipo de centro de salud mental con las paredes color pistacho (mmmmm esto da que pensar). Pero hoy me permito la licencia de hablar un poco en serio, al menos hablar lo en serio que mi cerebro me permita.

Seis millones. Hemos llegado a seis millones de personas que no tienen trabajo. Asusta. A mí al menos me tiene con los genitales masculinos (huevos) de corbata. Y no estaba pensando en las implicaciones económicas que este dato tiene, que las tiene y muchas, más bien estaba pensando en el drama social que representa.

Creo que todos estaremos de acuerdo que la sensación de inutilidad es de las más desagradables y frustrantes que se pueden experimentar. No hacer nada, no aportar nada, no importar nada. Pasar el día como el que oye llover esperando que pasan las horas para poder hacer una cruz en la hoja del calendario. Duele.

Seis millones de personas encerradas en sí mismas con el grito por bandera de un trabajo por favor. Y cuando la gente está frustrada, asustada, tiene el riesgo de huir hacia delante llevándose puesto al que se cruce en su camino. Me asusta, me preocupa.

La palabra “yo” está mucho más de moda en contra del “nosotros”. Los planes a largo plazo se desvanecen y se fija en la mente la necesaria obsesión de llegar al día siguiente. Seis millones, suma y sigue.

Buscar trabajo se ha convertido en un trabajo. No remunerado, pero trabajo. Y ante el sucio manto del paro y la necesidad caen las expectativas, se reducen los requisitos y a río revuelto ganancia de pescadores. El que quiera entender que entienda.

Anuncios