La batalla del gazpacho

por Fer Población

Mi familia es… mmmm… cómo decirlo… especial. Y lo digo con orgullo, que no hay nada que me pueda aburrir más, ni dar más pereza que la rutina, los estereotipos y las cosas previsibles. Pues eso que mi familia es especial. Y el gazpacho en mi casa es una cosa muy seria. Adoramos el gazpacho, el gazpacho es nuestro amigo.

Con el gazpacho pasa como con las tortillas de patatas… por rica que esté siempre alguien suelta el comentario de “como la de mi madre ninguna”. Pues es lo mismo. Los que somos de verdad adictos al gazpacho lo tomamos como si fuera una bebida. ¿Una coca cola? Mejor un gazpacho.

El caso es que el domingo comiendo mi madre informó que había traído algo de gazpacho para nosotros. Ahí comenzó la batalla. Yo traté de hacer valer mis galones de hermano mayor. Estrategia inútil. Mi hermana Maca defendía que le han cambiado los gustos y ahora le gusta (Maca y sus gustos nos daría para muchos posts). Todos sabíamos que Maca peleaba para aplacar la sed gazpachil de su novio Emilio. Reyes y Juan exigían ración doble, ya que Juan ya es de la familia, lo que ellos llaman el poder del anillo.

El caso es que hubo un divertido enfrentamiento verbal buscando razones y motivos para salir favorecidos en el reparto. Gazpacho para todos sí, pero ¿en qué proporción? Finalmente, tras unas negociaciones que ni en la ONU todos fuimos con nuestro tupper de gazpacho.

Y estaba rico, y me lo he tomado, y quiero más. El verano se basa en tinto del mismo, gazpacho y ensaladilla rusa.

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