Especias invasoras

por Fer Población

No, no voy a hablar de aliens, ni de naves espaciales, ni de cosas de esas. Es verdad que me dió el sol en la cabeza durante este fin de semana, pero aparte del colorcito rojo pasión, que se está transformando en marrón moreno, no me ha dejado otras secuelas. Mi cerebro sigue igual que antes, lo que no quiere decir que antes funcionara bien.

Hablo de una especie que comienza a salir de su letargo invernal, que ha estado escondida esperando los 30 grados para hacer su aparición en escena. Estaban ahí, dormidas, expectantes, ansiosas de sus meses de protagonismo y libertad. Hablo, por supuesto, de las chanclas.

Cierto que muchos pensamos en las chanclas como el calzado que usamos para bajar a la playa (en mi lenguaje eso significa tocar en la arena, saludar e ir a tomar una caña) por aquello de que el material del que están confeccionadas permite la fácil eliminación de la arena. Vamos que como son de plástico (la goma es el plástico pijo) es darles un golpe de manguera y listo. Pero la cosa no es así. El modelo vaquero y chancla se multiplica, se expande, va a más, se crece, se hace fuerte… Hace años este modelo estaba asociado al que te pedia un “leuro” a la vuelta de la esquina (¿tendrá el leuro el mismo valor que el euro? ¿será la misma moneda? ¿existirá Leuropa? ¿será Leuropa el sitio al que se han ido los euros hartos del maltrato que viven en Europa?), pues ya no. Las nuevas tendencias sacan las uñas a relucir, no por arañar a nadie, sino por enseñar esta parte de nuestros maltratados pies. Callos del mundo echaos a temblar… os queda poco, muy poco.

Los sonidos de las calles cambian. Los sensuales taconeos femeninos, que de tan buen humor nos ponen a nosotros por lo que pueda llegar, o más bien por la que pueda llegar, se transforman en patosos sonidos, por aquello que la chancla se parece más a un pie de pato que a un zapato real.

Chanclas de diseño, de mercadillo, infantiles, de colores, de tamaños… chanclas por doquier, chanclas en la piscina y en el teatro. Es tiempo de chancla. Pues yo, hasta que no vea a alguien con traje de vestir y chanclas no pensaré que la chancla es un zapato digno. Queda dicho.

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