Cuarto y mitad de “glamur”

por Fer Población

Yo creo que cada vez estamos peor. De verdad. Cómo está la gente que dice mi amigo Ramón. En época de chonismo los hay que apuestan por el glamur. Son razas diferentes que se miran, pero no se mezclan. Y lo curioso, o al menos así lo pienso yo, es que al final es algo cíclico, vamos que cuanto más intentan vender glamur, demostrar glamur, respirar glamur, más chonis se vuelven.

Al final la clave es la sencillez, la naturalidad. Una mujer pintada como una puerta no es atractiva. Ese momento en el que das dos besos y notas cómo te quedas pegado… esos ojos víctimas de malos tratos, y no hablo de violencia de género, hablo de violencia de rimmel. Elegante, pero informal. Chandal y tacones. Bueno tampoco tanto. Pero al final las que de verdad tienen clase (que la propia palabra glamur ya me suena hortera) van estupendas con dos cositas. La que vale, vale. Extensivo a hombres, pero ellas lucen más. En esto no creo que me discuta nadie.

Y muchas veces ese aire casual, espontáneo, desenfadado es mucho más complicado de conseguir y lleva más trabajo, que en el caso femenino se traduce en horas en el espejo y desfile de modelos con varios pases hasta llegar al objetivo. Pero lo bordan. Dos trapitos, un collar del chino y se plantan en una boda rivalizando con la novia. Eso tiene mérito.

Pasa lo mismo con las casas, los restaurantes, la vida. Lo hortera es caro, y hortera, pero caro. Lladró como ejemplo perfecto. Y ves cada cosa que te pone los pelos de punta… y pagado a plazos claro, que sino no hay quien lo asuma.

Menos mal que me rodea gente con clase, a ver si se me pega algo.

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