Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: septiembre, 2013

Pues me voy

Ya no queda nada para meterme en el avión. Con mi vida en cajas, la maleta por compañera y más miedo que vergüenza. Quien diga que no le daría miedo este salto sin red o es un insensato o gilipolllas. Creo que tengo un poco de ambas. Pero al final lo que importa es que me voy. Los valientes no es que no sientan miedo, es que no permiten que el miedo les corte las alas, le impida seguir con su vida. Eso es así.

Luego cerraré la puerta de Jorge Juan 21, otra puerta más que cierro y van ya unas cuantas, aunque espero poder abrir una nueva puerta en breve. De momento en vez de llave, tendré una tarjeta de hotel. De un NH Jose, yo siempre mirando por los amigos.

Y os voy a echar de menos a todos. A los que veo más, a los que veo menos, a los que apenas veo. A mis gladiadores de la Cañada y a mis amigos de Salamanca a los que por desgracia no he podido ver antes de irme. Tranquilos todos que amenazo con volver. El día 21 a las cinco de la tarde aterrizo y el día 25 por la tarde iré a Salamanca. Aparte de las tradicionales fiestas navideñas, este año tenéis que celebrar mi visita.

Lo curioso de todo esto es que hay opciones de por fin ver a una tal cerecitas… a ver si hay suerte.

Besos y abrazos a todos, nos vemos por la red!!

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Soy

Soy un niño de pelo escaso. Un golfo muy educado. Una interrogación con patas, una duda perenne, un qué sé yo y yo qué sé que yo no sé. Soy, eso sin duda, pero dudo de qué. Yo soy Población, Población, Población. Soy un eterna promesa que cumple lo que promete.

Soy un brindis al sol, un vuelva usted mañana, el mundo por montera y la luna en el bolsillo. Soy una sonrisa en la oscuridad y una lágrima a escondidas. Soy yo. Ni más ni menos.

Soy lo que no has buscado y puede que no lo que necesitas. Soy una mano en el bolsillo, un eclipse de amistad, un paréntesis de ironía. Soy un doble sentido con kilos de ironía y más locura que sentido común.

Y es que, en este mundo de bien quedismo, de lo politicamente correcto y la fabricación en serie lo difícil, lo realmente difícil es eso: ser.

El martes que viene

El martes que viene subiré en un avión. Cierro una etapa, unos años. No sabría valorar si han sido buenos o malos, porque sinceramente de todo ha habido. Al final el tiempo pasado en un lugar se basa en momentos. En instantes e imágenes que quedan grabados en nuestra memoria. Y al final esas cosas que nos hacen estremecer, en cualquiera de los sentidos, son las que van marcando el cómo somos. Esos momentos son los que nos van definiendo como personas. Y sin duda son los que hacen que tengamos un sentimiento u otro hacia un lugar en concreto.

No nos engañemos, sería absurdo, los años que he pasado en Madrid no han sido los mejores de vida. Seguramente han sido necesarios y han cumplido una función. Quiero pensar que estos años han sido el puente hacia un futuro mejor. Optimismo necesario para encarar el futuro.

Y no todo ha sido malo, no puedo decir eso porque no sería justo. He ampliado el círculo de amigos, consolidado mi yo y sentido y vivido cosas que creí olvidadas o pensé que no sería capaz de sentir. Algunas buenas, otras no.

He sufrido, he reído, he llorado, he soñado y he querido. En Madrid. Ahí me voy otra vez ahí te dejo Madrid… Santiago de Chile se despierta entre montañas.

Fercho el perro

Mi amigo Kike, que es algo cabroncete (dicho con amor) le ha puesto a su perro de nombre Fercho. El animalito tiene ya unos tres años, creo. Y es de esas cosas que uno las piensa y no sabe si sentirse halagado. Dame la patita Fercho… hombre pues no sé cómo decirte…

Lo curioso es que no es la primera vez que me pasa algo así. Hace años regalamos una perrita y le pusieron de nombre Pobla. Si ambos dos tienen cachorros el hijo ¿se llamaría Fercho Pobla? Suena a esos nombres que se pone en fb la gente que no quiere que la encuentren con facilidad, pero que sus amigos quieren que sepan quienes son.

Y encima llevo unos días con la chorrada de quiero un paloooo. Al final alguien me va a lanzar el palo y voy a salir corriendo a por él. Qué felicidad, quiero un palo. Qué vida más sencilla la de perro. Un palo y feliz. Como el niño del anuncio. ¿Será un perro el niño del anuncio? Y si el niño del anuncio es un perro, aunque parece un niño… ¿cuál de los dos ferchos es el perro el que se va a Chile o el que vive en casa de Kike?

Se nota que es lunes. Me acuerdo de Sofía Matagatos (si mata gatos… ¿también es un perro?) que decía aquello de que había que esgrimir las neuronas. Pues yo, esgrimiendo las neuronas cual florete al más puro estilo mosqueperro (qué grande eres Dartacan), decido que lo mejor es no decidir nada, que hoy es lunes.

Guau

Que le den por culo

Lo bien que sienta decir eso eh. No arregla nada, pero nos deja nuevos. El “que le den por culo” es aplicable a todos los ámbitos de la vida. Siempre encaja en cualquier conversación. Es un axioma, un recurso, una liberación.

Y no importa si se trata de temas profesionales, de temas personales, o incluso de temas amorosos. Incluso se puede usar como parte de la noticia negativa que mandamos al receptor o como respuesta a la noticia recibida.

– Mis amigos pasan de mí, pues que les den por culo.

 

– Mi jefe no me sube el sueldo

– ¿No? pues que le den por culo

 

Tiene un poder liberador comparado al de un pedo… está dentro molestando, te sientes genial al soltarlo y luego te da corte haber sido tan poco delicado.

A mí me gustaría conocer al primero que soltó tan gran frase… habría que tenerlo en los altares con un sillón preferente en la RAE. Se comenta que la SGAE lleva años buscando al autor de esta maravilla para convencerle de que registre su invento. Se les hace la boca agua sólo de pensarlo.

Lo que sí sé es el primero que debió decir la frase…. Oye Abraham que dice Dios que mates a tu hijo… ¿si? pues que le den por culo. Si es que Dios cuando se pasa se pasa…

Que le den por culo al COI, que le den por culo a los corruptos, que le den por culo a los que me miran cuando voy por la calle canciones de dibujos animados, que le den por culo a Messi (lo siento, estoy lanzado), que le den por culo a los chilenos pesados que no cierran cosas, que le den por culo a las paredes pistacho, que le den por culo a los que no me pagan, que le den por culo a los vegetarianos (carne rica), que le den por culo a Ana Botella, que le den por culo a Espinete (ese rollo con Don Pimpon era rara), que le den por culo a los porteros con sus mangueras, que le den por culo a los que escupen por la calle (qué asco), que le den por culo a… bueno por hoy ya está bien.

Qué agusto me he quedado. No ha servido para nada, mis problemas son los mismos, pero da un gustirrinín…

Arena

Los días se escapan entre mis didos como granos de arena en un reloj. Uno, otro, otro. La sensación agridulce de ya no queda nada marca y rasga cada una de mis neuronas. Sensación de vértigo, sensación de vivir al filo del abismo con certeza de tener que saltar. Certeza no es sinónimo de ganas. Antónimo tampoco.

Te asomas a los desconocido soñando con media vuelta y planeando una retirada a tiempo. Tarde, ya es tarde, ya hay que saltar. ¿Mirar o no mirar? Qué sé yo. Sólo saltar.

Veo por delante mío una línea de meta catorce días más tarde. Figo la vista en ella apartando aquellas cosas que no me permiten cruzarla. Tengo que llegar, no queda otra. Vamos. Un paso, otro… marco los pasos sobre los granos de arena y respiro con dificultad, hace mucho que no tenía que moverme así.

Las personas vamos dejando un poco de nosotras en cada sitio que vivimos. Vas perdiendo algo de ti. Cierras la puerta una última vez. Coges la maleta y te vas. Conozco el proceso, lo he vivido ya varias veces. Sigo sin acostumbrarme.

Fantasías animadas de ayer y de hoy

Siempre me ha hecho gracia esa frase… con la voz del locutor sudamericano tan seria y tan solemne. Es curioso, me voy a hartar a oír locutores de este tipo en breve. El caso es que me ha venido a la memoria esta frase por dos motivos. Por un lado porque mi cerebro va por libre, y por otro porque me doy cuenta que al final en las líneas que suelto aquí me dedico a dar vueltas sobre los mismos temas. Como diría mi amigo Kike “y vuelta la burra al prao”.

Pero supongo que a todos los pasa un poco lo mismo, que hay cosas que nos llaman más la atención, en las que nos fijamos más, que despiertan algo en nosotros, y es que el día que perdamos la capacidad de sorprendernos será el mismo día que olvidemos la pasión por reinventarnos. Sería una pena la verdad.

Y yo sigo pensando en las mismas cosas. Estas paredes pistacho, de las que tantas horas he hablado, me siguen dando “grimilla”. Me agobian, me deprimen, me miman la moral. El pistachismo, como el pastafarismo, deberían estar prohibidos, castigados y perseguidos. Se aceptan propuestas para nuevos colores a incluir en mi vida, como nota diré que no me gusta el morado.

Mis vecinos siguen con sus cositas. Y cuando digo cositas quiero decir con sus roces. Y cuando digo roces me refiero a caricias. Vamos que se pegan unas maratones de sexo que ya no sé si protestar o aplaudir. Igual me estoy confundiendo de trabajo y lo que debería es hacerme agente de esos dos y moverlos por pelis de mujeres que fuman y webs marranotas… potencial (o potencia) tienen. Se me ocurre la idea de tratar de convencerles de probar nuevas técnicas. Incluso inventar una nueva. Si en el sexo tántrico se eyacula para dentro, a ver si ellos consiguen gemir para dentro. Si les sale bien eso va a sonar como si estuvieran echando un polvo Alvin y las ardillas. Tendría su gracia.

Los porteros cada vez me tiene más intrigado. De verdad. Mira que ahora que estamos en crisis hemos llegado a cometer la osadía de tocar los bemoles a los hasta hace nada intocables funcionarios. Pues con los porteros nada de nada. Ellos con su transistor, su ventanita y saludando al personal. Eso sí, por las mañanas un buen chorro de agua en frente del portal, que todos sabemos que sin ese agua una ciudad no podría funcionar correctamente. No pongamos en riesgo el buen funcionamiento de Madrid que viene el COI y nos da para el pelo…. ah no que eso ya lo han hecho.

Suele decirse que un español con un vaso en la mano lo sabe todo y punto. Esto es cierto a menos que le lleve la contraria un portero (sin distinción de sexos que todos son igual de cotillas) enarbolando una escoba. Los porteros tienen una FP propia: Formación Protescional.

Y ya, y de remate por hoy (y sabiendo que me dejo muchas cosas en el teclado) mi trending topic últimamente, Chile. Trending Topic suena mejor que “temita con el que doy la brasa”, aunque la segunda expresión es más sincera. Si es que ya me voy, no me queda nada, en dos semanas podré observar a diario cómo “Santiago de Chile se despierta entre montañas”. En este momento tengo una mezcla al 50% de ganas, miedo y nervios. Ya sé que eso suma un 150%, pero eso da una idea de que ya no sé ni cómo estoy.

Mañana más, no sé si mejor.

Impermeabilidad emocional

Hace unos días, mientras estaba en Santander me asomé a la playa. Ojo que no digo que bajara, que la playa y yo somos cada vez menos amigos, pero sí que me asomé. El caso es que estando apoyado en la barandilla mirando el mar me di cuenta que había a mi lado una mujer como de unos 40 años. Ella también miraba el mar, pero había una gran diferencia entre los dos, ella estaba llorando. Tenía los ojos cansados, la cara resaca de parir lágrimas y la pena a flor de piel.

La miré como miran las vacas al tren. Sin interés, sin comprenderla, sin ponerme en su lugar y ni tan si quiera intentarlo. La miré, pero no la vi. Simplemente giré la cara hacia el mar de nuevo me puse el mundo por montera y vuelva usted mañana. Nadie le preguntó. Ella llegó, lloró y se fue. Y ya está. Desde ese día no paro de darle vueltas al tema. De qué le pasaría, qué debí decirle. Las cosas sin hacer y las palabras nunca dichas se clavan en la memoria y nos marcan nuestro debe particular mucho más de lo que queremos o nos gustaría. Y te marcas a hierro en la piel de tu memoria esa fecha jurando que nunca mais con tanta fuerza, o más bien tan poca, como la promesa de abstinencia de los domingos de sofá, peli y manta.

Y vuelve a pasar, claro que vuelve a pasar. Nadie lo dudaba. Ha pasado esta mañana sin ir más lejos. De nuevo por la calle, de nuevo una chica, de nuevo llorando. Y todo ha vuelto a pasar. Ella iba andando, con prisa, llegaba tarde o quizá era la vergüenza de sentir el peso de las miradas ajenas en su cara marcada de pena. No sé. La he visto de lejos acercarse, se me han disparado las alarmas, he pensado en las palabras perfectas para conseguir quitarle algo del peso del mundo de sus hombros. Pero me he callado. No he sido capaz de romper la barrera que diferencia a los animales de las personas. Me he colgado la excusa de todo el mundo lo hace. O más bien todo el mundo no lo hace. Unos por otros la casa sin barrer.

He tenido dos oportunidades de marcar una pequeña diferencia. Con dos personas. Dos veces. He rechazado ambas. Dicen que a la tercera va la vencida, o no.

Insisto

Sigo pensando que me gustan las siestas sin hora, los abrazos sinceros, las miradas al alma. Sigo creyendo que no existe una copa, que el mejor plan es no tenerlo, que los amigos de verdad están aunque no los veas. Sigo creyendo que los Reyes Magos existen, que la almohada me escucha, que esa rubia me mira.

Sigo teniendo mi complejo de Peter Pan y mi media sonrisa de enseñar lo que quiero. Sigo. Con mis manías, mis defectos, mis molinos de viento, mis brindis al sol.

Pero sobretodo y ante todo sigo con mis amigos. Mi mejor activo, mi apuesta segura. Un all in sin duda. Y me molesta, y mucho ver que alguno de ellos se mira en el espejo y no ve lo mismo que yo. No ve todo lo bueno que tiene y todo lo que puede aportar.

Y pienso que debería molestarme ver que otros no valoran o no saben descubrir a mis amigos. Pero no, eso me da igual, peor para ellos. Así me queda más de mis amigos para mí, porque, y tenlo muy claro Minerva, como ya he dicho muchas veces, mis amigos sois los mejores.

Dormidos por la calle

Es interesante ver cómo la gente va por la calle por la mañana… muchos suelen ocultarse detrás de las gafas de sol con la idea de esconder las legañas y las ojeras. El truco es viejo, pero sigue funcionando. Puedes deducir los hábitos de transnochancia de una persona en función del tamaño de sus gafas de sol. Cuanto mayores son las gafas, más horas invertidas en la noche tiene su poseedor. Se rumorea que existen casos de personas que directamente se han comprado una escafandra de buzo. Gente del tipo Pocholo o Ronald el Gordito (para Mou the real one).

Otro modelo que cada vez veo más es el (o la) que se pasa todo el camino jugando con el móvil. No nos engañemos, eso no es trabajar, ni informarse… es jugar, es trastear, cotillear… lo malo de estas personas es que tienen riesgo de accidente. Es probable verlos estampados en farolas o pegados al parachoques de algún todoterreno. Van como locos. En ocasiones se han producido enormes colisiones entre personas de gafas de sol grandes y otros mirando el teléfono. Al levantarse del suelo ambos se han sentido perdidos y desubicados y han tenido que llamar un taxi porque fuera de su rutina ya no sabían a dónde tenían que ir.

Pero lo que sin duda más me llama la atención son las mujeres que salen en pijama a la calle. Que a mí no me engañan, que eso no es un pantalón de tela. Es un pijama y punto, si los hay con florecitas y todo. Y es que las mujeres ahora nos quieren colar el gol para poder estar más agusto ellas. No cuela, que a mí me encantaría poder ir el calzoncillos y con camiseta ahora que hace calor y no.

Una mujer en pijama, con gafas de sol y mirando al móvil es lo más parecido a un sonámbulo que puedes ver por la calle. No hay que molestarlas que podrían salir de sus ensoñaciones y no hay nada peor que una mujer cabreada. Bueno sí, dos mujeres cabreadas.