Arena

por Fer Población

Los días se escapan entre mis didos como granos de arena en un reloj. Uno, otro, otro. La sensación agridulce de ya no queda nada marca y rasga cada una de mis neuronas. Sensación de vértigo, sensación de vivir al filo del abismo con certeza de tener que saltar. Certeza no es sinónimo de ganas. Antónimo tampoco.

Te asomas a los desconocido soñando con media vuelta y planeando una retirada a tiempo. Tarde, ya es tarde, ya hay que saltar. ¿Mirar o no mirar? Qué sé yo. Sólo saltar.

Veo por delante mío una línea de meta catorce días más tarde. Figo la vista en ella apartando aquellas cosas que no me permiten cruzarla. Tengo que llegar, no queda otra. Vamos. Un paso, otro… marco los pasos sobre los granos de arena y respiro con dificultad, hace mucho que no tenía que moverme así.

Las personas vamos dejando un poco de nosotras en cada sitio que vivimos. Vas perdiendo algo de ti. Cierras la puerta una última vez. Coges la maleta y te vas. Conozco el proceso, lo he vivido ya varias veces. Sigo sin acostumbrarme.

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