Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: octubre, 2013

¡Premio!

Lo que son las cosas… pues resulta que me han dado un premio por el blog un Liebster award. Toma ya. Sin duda estoy en una época de grandes cambios, vamos que por cambiar he cambiado hasta de ciudad, bueno de país, vamos que de continente. Y quizá en esa dinámica de cambios, de sorpresas, de brindis al sol medio escondido bajo el paraguas el hecho de que alguien haya decidido que soy merecedor de una medallita por esta que es mi página me resulta agradable, interesante y estimulante. Gracias.

Y os preguntaréis ¿eso de un Liebster award qué es lo que es? Bien, yo tampoco tenía ni puñetera idea, menos mal que en su día me enseñaron a leer y eso ayuda mucho (de verdad). Se trata de un premio para blogs pequeños, que están empezando con la idea de que vayan a más, de que tengan más difusión y vaya creciendo. La gracia del tema es que son los blogueros, los que están igual de locos que yo, los que deciden a quién se lo conceden.

Pues me gusta, me encanta, me apasiona, me enamora, me fascina (vamos que me pone). Al recibir este premio hay una serie de pasos que has de seguir, así que voy raudo y presto a por ellos. Los pasos son los siguientes, debo reconocer que en la línea de optimización de recursos (lo que comúnmente se llama pereza) he copiado los pasos de un post (vamos del tuyo Diego).

1. Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió.

2. Contestar las preguntas que haya formulado quien lo otorga.

3. Conceder el premio a otros blogs que te gusten, que estén empezando o que tengan menos de doscientos seguidores.
4. Elaborar 11 nuevas preguntas para los blogs que premias. (Leed hasta abajo, estarán vuestras preguntas)
5. Informar del premio a cada uno de los premiados.
6. Visitar los blogs que han sido premiados junto al tuyo.
7. Para no romper la cadena, evitar mandar el premio al blog que te lo envió.

Agradecimientos

Tiremos de un tópico. La vida es aquello que te sucede mientras haces planes. Quién me iba a decir a mí cuando me lancé a la locura de soltar mis neuronas y ponerlas a escribir que una de las personas con quien más feed back iba a tener es alguien que no está dentro de mi entorno. Curioso. Pero la cosa ha ido a más, es que gracias a ello he podido disfrutar de muchos buenos momentos asomándome a la vida de alguien que desde su blog Caminantes que no zombies pretende enseñar, entretener y humanizar. Gracias Diego, en serio.

Preguntas y respuestas

1.- Cuando empezaste el blog ¿querías hacerte millonario, o buscabas reconocimiento para satisfacer tu ego? (cualquier otra respuesta será considerada falsa)

El ego, siempre el ego. Bueno para ser sinceros, que de eso se trata, fue una interpretación libre de la frase que nos pierde a todos los hombres… “no hay cojones”.

Todo empezó con una apuesta. Una amiga no me creía capaz de arrancar un blog y mantenerlo. Y claro, mi obligación era llevarle la contraria, darle un palmo en las narices y demostrar que yes I can.

Luego la cosa cambió. Descubrí que me gustaba hacerlo, que disfruto contando mis pequeñas batallas y mis cruzadas de cables. Así que, simplemente, seguí haciéndolo.

2.- ¿Cómo haces para elegir el tema de un nuevo post?

Pues depende de muchas cosas. Normalmente suelo elegir la primera idea que viene a la cabeza. Apuesto por eso, por dejarme llevar, por no darle muchas vueltas, por publicar lo que me sale sin ni siquiera revisarlo. Es lo que ofrezco, espontaneidad.

3.- ¿Qué es lo que más te cuesta de ser un blogger?

Lo que más me gusta es lo que me comentan los que me leen. Me gusta saber que les he alegrado el día, que me echan de menos si desapareco unos días, que no grito en un desierto y que alguien ha usado en su día a día alguna frase mía.

4.- ¿Qué post tuyo te hubiera gustado que hubiera salido hasta en la tele?

Mmmmm pues no lo sé. Difícil pregunta. Tengo claro que me daría mucho apuro si esto llegara a suceder. Cada post es diferente, trato de no repetir los temas. Me apetece más que los comenten la gente tomando una caña a que hable de ellos Matías Prats. Soy más de bar.

5.- ¿Y qué post te gustaría no haber escrito?

Muchos. No todos los días el sol brilla y tu vida se parece a la casa de la pradera. No me arrepiento de haberlos escrito, pero no me gusta recordar que ha habido momentos malos. Pero precisamente por eso están ahí, por la espontaneidad de la que hablaba antes. Por vender verdad a precio de saldo al que se quiera asomar a leer. Si tengo un mal día, se nota.

6.- ¿Qué le dirías a alguien para que te leyera?

Pasa sin llamar

7.- ¿Cuánto tiempo le dedicas a leer otros blogs?

No demasiado. Pero es que tampoco dedico mucho tiempo a escribir el mío. Lo hago en unos diez minutos al día. Y si al publicarlo veo algo que me llama la atención en otros blogs me asomo a leerlo.

8.- Sinceramente, ¿crees que tu blog merece la pena?

Para mí sí. Yo disfruto haciéndolo. A fin de cuentas es mi blog, y si perdemos esa perspectiva creo que no tendría sentido. Sería como dar una fiesta de cumpleaños y olvidarte de ir. Una chorrada vamos.

9.- ¿Pensabas que te iba a leer muchas más gente, o por el contrario estás altamente sorprendido con tu espectacular repercusión?

Esto sorprendido, y mucho la verdad. No pensaba que iba a tener una respuesta tan positiva. No digo que tenga millones de visitas porque no es así, pero teniendo en cuenta que no lo tengo dado de alta en ningún buscador, el hecho de que una media de 30 personas al día se asomen a leer mis cosas me resulta curioso a la par que halagador.

10.- ¿Qué estrategias te funcionan al respecto y cuáles no?

No hago nada especial, simplemente cuelgo en fb mis posts. Nada más. No busco perseguir a la gente para que me lea. Es sólo una pequeña ventana que abro a todo el mundo. Feel free to get in.

11.- Tres cosas que le dirías a alguien que está pensando meterse en esto.

Hazlo, hazlo y hazlo

 

Mis galardonados son:

–          El blog de When and Where: Genial agencia de comunicación y eventos con sede en Gijón. Grandes amigas, grandes profesionales y grandes personas.

–          Detalles sin importancia: Un blog profundo de una persona especial.

–          De Madrid a Madrid: Un viaje, una aventur

 

Las preguntas:

1-      ¿Qué fue lo que te hizo abrir tu blog?

2-      ¿Cómo crees que lo está recibiendo la gente que lo lee?

3-      ¿Qué es lo que más te ha costado publicar?

4-      ¿Lo que más te ha gustado publicar?

5-      ¿Quién te gustaría que te leyera?

6-      ¿Quién esperas que no te lea nunca?

7-      ¿Satisfecha con los seguidores que tienes, esperabas más, menos…?

8-      ¿Cuál crees que es el punto fuerte y lo más flojo de tu blog?

9-      ¿Alguna anécdota divertida que haya surgido de escribir?

10-   ¿Piensas mantener el blog mucho tiempo?

11-   ¿Crees que tu blog debería evolucionar o te gusta tal y como es?

Bueno amigos, agradecido y emocionado, solamente puedo decir, gracias por venir.

Dibujos animados: mentiras y más mentiras

Paremos un momento. Pensemos que nos educáramos sólo con la información que hemos recibido de los dibujos animados que vimos de pequeños, que nadie puede negar que muchos han estado más tiempo viendo la tele que leyendo algo (que ya no digo un libro, digo algo). La cantidad de cosas que habría que explicarnos con los años. La de decepciones que nos íbamos a llevar. Pero cienes y ciene oye.

Lo primero y principal sería dejarnos muy claro que los animales no hablan. Sería un trauma, pero es así. No hablan. Las abejas no hablan (los insectos en general), los perros no hablan, los caballos no hablan… en serio. Es duro, pero es así. Pero es que la cosa no queda ahí, es que tampoco llevan ropa. Bueno ropa por partes, que es como salen en los dibujos, que estamos hartos de ver animales con pajarita, camisa, corbata… pero pocas veces podemos ver en dibujos un animal totalmente vestido. ¿Es esto una apología del nudismo? ¿Es un complot de los diseñadores para abrir el mercado de la ropa para animales?

Por desgracia debo decir que veo prosperar el mundo de la ropa para perros. Ridículo. Y es más existe una norma no escrita, pero real como la vida misma y es que cuando más pequeño es el perro más opciones tiene de llevar alguna prenda ridícula. Y es que esto es una prueba evidente de que los perros no hablan. Si pudieran hablar las “cosas bonitas” que dirían a sus amigos iban a hacer saltar hasta el antivirus del ordenador cercano… eso entra hasta por wi fi.

Los animales no hablan y la gente no vuela. Que no, que no vuela. Si la gente volara vaya ridículos que somos gastando dinero a lo loco en escaleras, ascensores, rampas… pero es que no volamos. Vale que puede dar la sensación que alguien vuela al oír que se ofrece algo gratis, pero no es más que una ilusión, de verdad. No es cierto todo lo que vemos, la prueba evidente de esto la tenemos en las mujeres antes y después de maquillarse. La gente no vuela y las mujeres no son tan guapas como en las fotos que publican.

Los buenos no ganan siempre. Lo siento, pero no. Es más suelen ganar los malos. Mi abuelo solía decir “vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios protege a los malos cuando son más que los buenos”. Pues eso. Los buenos suelen ser aquellas personas que nos sorprenden, que soñamos ser como ellos, que ponemos en un pedestal… y luego nos despertamos, dejamos de mirar hacia arriba al pedestal ese y seguimos con nuestra vida tan campantes.

Los dibujos nos han hecho mucho daño, pero mucho. Tanto que ahora nos desfogamos y nos sentimos cómodos con Padre de familia, Padre made in USA o hasta los Simpsons… si Disney levantara la cabeza (bueno primero se daría con la tapa de la nevera) fijo que la enterraba de nuevo.

 

Nuevo país, nuevos retos

Tengo algo que contaros. Sé que a muchos os va a sorprender y puede que incluso llegue a asustaros. Tranquilos, pese a que estamos en pleno Halloween no es una historia irreal, ni de fantasmas, ni busco como objetivo asustaros. Pues bien, ahora que ya os he avisado ahí va la revelación… no todo el mundo hace las cosas como en España. Asusta eh.

Una de las primeras cosas que me han sorprendido es el tema de las propinas. Con lo cómodo que es hacerlo al estilo español, es decir tú dejas lo que te parezca (si es que te parece bien dejar algo) y te vas… sin alardes ni reproches. El camarero ve lo que les has dejado cuando ya no estás. Sólo tienes que afrontar las consecuencias de tu propina si es que decides volver, pero, y dado que es una decisión, siempre puedes decidir no hacerlo.

Pues no, aquí tienes que pagar incluyendo la propina. Si eres un tacaño redomado tienes que sufrir la mirada reprobatoria (de asco, vamos) de la persona que te ha servido. Nada de intimidad. Queda bien clarito en la nota la propina que has dejado que suele ser el 10% del total. Es cierto que tiene una ventaja y es que todos conocemos personas que no saben nunca cuánto deben dejar. Aquí lo tienes clarísimo.

Y si seguimos con el tema comida, debo confesar que la mayoría de las veces que me dan una carta de restaurante no entiendo ni la mitad, pero nada de nada. Vamos a ver… ¿no hablamos todos en español? y ¿por qué no me entero entonces? Puedes recurrir a pedir lo mismo que alguien que esté cerca, confesar tu torpeza y pedir que te expliquen la carta como si tuvieras cinco años o arriesgarte a pedir sin saber y rezar al patrón de los milagros y al de las digestiones pesadas.

Para aquellos que pensáis que la opción correcta es la de pedir sin saber dejadme que os cuente una anécdota de mi abuelo Fernando. Y es que mi abuelo en uno de sus muchos viajes, concretamente en un país árabe (no recuerdo con exactitud) se fue a un restaurante donde, oh sorpresa, nadie hablaba nada más que árabe (manías que tiene la gente del país de hablar su idioma oye). Bien pues limitó a señalar dos platos de la carta al azar ante la sorpresa del camarero. A mi abuelo le sirvieron un cuenco de salsa de tomate y otro de mayonesa (me estoy acordando de alguien que suele visitar Irlanda).

Hasta la carta de los restaurantes chinos me resulta imposible, ¿dónde está el arroz tres delicias por dios? Me es más sencillo leer la carta en inglés que en español. Tiene truco, trampa… y encima, como ya os dije, en Chile no se cena.

Todo empezó con una plancha

En realidad no es cierto. Todo empezó con unas sábanas. Os cuento. Hace cosa de unos diez días mi casera (que explico que tiene del orden de 32 años) me comentó que quería pasarse por casa a dejarme unas sábanas del piso que estaban en la lavandería. Margarita (si mi padre estuviera leyendo esto ya estaría pensando en la casnción de “Margarita se llama mi amor” y nada más lejos de la realidad) que así se llama mi casera, comentó que a qué hora pasaba a darme las sábanas y yo, con pocas ganas de verla, comenté que mejor las dejara en portería y asunto concluído.

El caso es que pasados unos días envío mail a Margarita porque la plancha estaba rota. Ella me comenta que se pasa el sábado por la tarde con una nueva. Comienzo a sospechar que lo que quiere es meter la nariz en el piso para comprobar que no he destrozado nada (no me ha dado tiempo!!), así que decido que es más sencillo dejarla pasar y quitarme eso de encima,

Bien, pues quedamos a las cinco. Llega a las siete y es que Margarita entiende las horas al estilo Frank Sinatra, a su manera. Lo que yo pensaba que iba a ser una entrega de plancha y tres miradas furtivas a base de forzar el cuello se me viene abajo. Toma posesión del sofá y me pregunta qué tal me va. La charla se prolongo por una hora.

Pasado dos días me envía un whatsapp y me invita a almorzar ayer, domingo. Y aquí es donde realmente empieza el post de hoy, pero había que dejaros claro que todo empezó con una plancha.

Bien tras pasarme a recoger, ya que decide irnos a un viñedo que está como a 40 km de la ciudad nos ponemos en camino al sitio en cuestión. Lo primero que se pasa por la cabeza es que no le veo mucho el sentido el ir a una bodega si llevas coche y no puedes beber vino, pero mira, es una de las ventajas de no conducir.

La cosa se empieza a torcer cuando en el coche me comenta que los españoles tenemos voz de actor porno. Que las pelis porno llegan aquí con doblaje de actores españoles y al oir a un español hablar se les va la imaginación para esos términos. Y a mí en ese momento me surgen dos ideas… una es que cuántas pelis porno habrá visto esa mujer para tener tan fijo eso en la cabeza. Otra que es la primera vez que eso de “a cincuenta metros tome la salida de la izquierda” como instrucciones para masturbarse. Cosas que pasan.

Pero la cosa no queda ahí. La verdad es que durante la comida la charla fue más o menos normal… y yo pensé, bueno ha sido un bache, olvidémoslo. Qué ingenuo soy.

En el coche de vuelta yo cuento una de mis anécdotas y ella me dice que si quiero saber algo que a ella le hizo pasar mucha vergüenza de pequeña. Claro. Bien… Margarita tenía unos 16 años y fue con unos amigos a un cayo para pasar el día en laplaya… el caso es que al faltar poco para llegar se tira al mar para llegar nadando. Problema: medusa. Una cariñosa y amable, a la par que un poco hija de puta, medusa se pega a su muslo. Por lo que dicen eso duele horrores. Así que allí estaba Margarita en la playa con unos dolores que flipas. En esto que uno de los hombres que alquilan barcas para llevar a gente, más en concreto un negro de dos por dos, la ve. El buen hombre comenta que la única solución para para el dolor es mearle encima. No hay otra, Los amigos en shock no se animan a sacar la cosita y el buen negro se ofrece a sacar su manguera (nunca mejor dicho) y apagar ese dolor. Delante de todos los amigos.

Situación incómoda para mí que ya estaba deseando que el coche tuviera turbo y me dejara en casa ayer. La mujer, lejos de incomodarse, se viene arriba y me comenta que peor fue el día que perdió la virginidad. Fue en este momento en el que olvidé una de las reglas del periodismo “si no quieres saber no preguntes”… pues eso, que pregunté. Según la teoría margaritesca pierdes la virginidad (siendo mujer claro) cuando eres penetrada, se rompe el himen y hay sangre. Bien, ella la perdió con una verdura. Ahí sí que no quise saber más y comencé a rezar a San Fernando Alonso…

El coche se rompió en el peaje a 20 km, tuvimos que coger un bus y tardamos 2 horas. Fin.

La búsqueda del carro

Pobre Manolo… ha muerto a los 82 años sin ser capaz de encotrar su carro. Una pena. Y yo ya no sé si es que el carro se lo afanaron unos rumanos y lo han vendido por piezas en Rusia y le han borrado el número de bastidor, que el carro es más difícil de encontrar que wally en el frente atlético o que Manolo tiene la vista peor que rompetechos sin gafas. Todo puede ser.

Y es que querido Diego las cosas hay que decirlas con algo más de tacto. Ha sido despertarme, rascarme los “colgantes” (lo hacemos todos, así que nada de escandalizarse) y leer en el móvil ” Ha muerto Manolo Escobar”. El mismo tacto que tocar el piano con manoplas, que sacar muelas con alicates o depilarse con soplete. Me recuerda un chiste. Un hombre recibe una carta donde un amigo le dice que su gato a muerto. El hombre triste y compungido le llama y le dice… hombre Paco qué poco tacto. Así de sopetón… estas cosas se dicen poco a poco, para que me vaya preparando… primero me mandas una carta y me comentas que el gato se ha subido un árbol, luego otra que el gato se cayó del árbol, otra que se rompió el cuello… y así yo lo voy asumiendo y me duele menos. A las pocas semanas recibe una carta… tu abuela se subió a un árbol. Puyes eso Diego, que Manolo se subió a un árbol.

Se van marchando los grandes representantes de la España de antaño. Flamenco, pandereta, toros… los signos que nos han representado años y que de un tiempo a esta parte están tan denostados. Se va un grande. Puede gustarte más o menos su música, pero nadie puede dudar que era un señor.

Querido Manolo, espero que ahí arriba encuentres tu carro, las mujeres vayan con vestido largo a los toros y nunca tengas que derramar una lágrima, aunque vaya a caer en la arena.

Grandes cosas difíciles de ver

Hay algo curioso que me lleva pasando desde que llegué a Santiago de Chile. Puede que a vosotros si venís por aquí os pase lo mismo, por eso os lo voy a contar. Como sabéis la ciudad de Santiago está rodeada por la cordillera. Está aquí, al lado, pegadita y os aseguro que es grande. Es tan grande que no la veo. De verdad. Muchas veces se  me olvida que existe, que está por encima de los edificios aguantando el paso del tiempo y poco preocupada de que cambie el gobierno, suban los impuestos o gane la U. Le da igual, porque está desde mucho antes y va a estar mucho después. Pues a mí se me olvida que existe. Mira qué cosas.

Y reconozco que cada vez que la veo me sigo sorprendiendo. Me hace sentir orgulloso de formar parte de este país, de esta ciudad, que a fin de cuentas ahora es la mía. Sin embargo al mismo tiempo me hace sentir pequeño, inseguro, insignificante. Con la certeza de no ser tan importante como me creo. No yo, no es un tema de autoestima. Ninguno de nosotros.

Muchas veces nos pasa lo mismo. Vamos tan encerrados en nosotros, nos empeñamos tanto en mirar el suelo, en asegurar los pasos y tener los pies en la tierra que se nos olvida mirar hacia arriba. Sobrevolar la rutina en un helicóptero para tener un poco de perspectiva (la misma que tuvo que cocinar la rata).

Es curioso como nos cerramos tanto a lo que nos rodea, nos empeñamos tanto en acotar nuestro mundo, que se nos escapan demasiadas cosas. Cosas que son incluso tan grandes como una cordillera. Una pena.

Nota lgia

Sé que el juego de palabras que tengo por título está muy forzado. Está tan forzado que dudo que se entienda, pero para eso estoy yo, para explicaros lo que me pasa por la cabeza, que nunca es sencillo de descifrar, lo reconozco. He intentado juntar dos ideas, la nostalgia y las notas, la música. Y es que es verdad que las canciones tienen un gran poder para hacernos recordar. Creo que todos asociamos una canción a una persona, a un momento, a una época. Y con el mero hecho de escuchar esas notas parece que te transportas en el tiempo y en el espacio. Te plantas en medio de un video en 3d con tu vida como argumento y tu gente como actores. Dos notas y estás ahí. Más barato que Ryanair y, desde luego, mucho más cómodo.

Estas canciones con la clave para abrir el disco duro de tu cabeza y soltar información a raudales. Y puede que hasta te sorprendas recordando momentos y personas que estaban muy escondidos ahí dentro. Sucesos que se han visto enterrados por la avalancha de tu vida, pero que nunca se han ido. Siguen. Y son esas notas las que hacen que emerjan con más o menos fuerza.

Y no tienen que ser grandes canciones. Muchas veces las canciones tontas, fáciles son las que más se nos quedan clavadas en la memoria. Esas canciones que nos da cierta vergüenza confesar que hemos cantado, pero sí, lo hemos hecho, nos hemos divertido y las hemos disfrutado. Con amigos.

Y es verdad que ahora que estoy lejos y que aún no estoy del todo en Chile, a golpe de canciones mantengo el cerebro activo y mis recuerdos en forma. Y es que todos somos en función de lo que fuimos.

Cadáveres en el báño

El cuarto de baño está lleno de cadáveres. Cuerpos inertes que dieron su vida para un bien mayor. Yacen sin vida desparramados por el mármol (o material similar) del lavabo. Se amontonan, se multiplican, se alían en un silencioso grito buscando el descanso eterno, o por el contrario la reencarnación para una nueva vida con un miso destino.

Ahí están. Agotados, con la certeza de haber dado todo lo que tenía en su interior. Ese desodorante que dio su último aliento para que no te oliera la axila. Ese cepillo de dientes con las cerdas más abiertas que las piernas de una mujer de vida alegre. Ese tubo de pasta retorcido con el cuerpo en escorzo y las tripas resacas saliendo por la boca. Ese bote de colonia al que la esencia abandonó meses atrás… cadáveres en el baño.

Y siguen ahí, día tras día. Y los miras, y te miran, y piensas en deshacerte de ellos. En mandarlos a tomar fanta con billete sólo de ida. Y lo harás, pero mañana. Y es que en el fondo nuestra vida se parece a nuestro baño. Con cadáveres de vivencias pasadas que habría que despejar y con la eterna promesa de hacerlo… pero mañana.

Porteros elevados a su máxima categoría

Llevaba ya un par de años protestando de lo inútil que veo el oficio de portero en España. No les veo sentido. En el fondo es una persona que se dedica a, después de hacer el lavado del gato por el portal, pasarse toda la mañana en su cuartito saludando o interrogando a la persona que entre en el edificio. Vamos que con una señora de la limpieza y un felpudo de esos que dice bienvenido se podría prescindir del portero. Venga, ahora alguno estará pensando… hala este lo que quiere es mandar a todos los porteros al paro… pues en cierto modo sí. Que no se trata sólo de estar, sino de aportar, y esto se podría aplicar a muchas situaciones y personas del mundo en el que vivimos, pero eso es otra pelea y hoy es viernes y no tengo tantas ganas de meter en fregados.

El caso es que si los porteros españoles ya me parecían de traca, los de Chile se llevan el nobel de la pas…. de la pas-ividad. Y es que encima no contentos con eso van de dos en dos, como si fueran una pareja de la Guardia Civil, pero sin tricornio claro. Y de remate están 24 horas al día. Para mí que sospechan que el día que ellos abandonen sus puestos el edificio se va a venir abajo o algo así. No lo entiendo. Y la cosa va a más. No contentos con eso tenemos porteros (sí, dos) de mañana, de tarde y de noche, lo que hace un total de… (voz de azafata del un, dos, tres) ¡seis porteros! En la portería de un edificio hay más competencia que en la de la selección española, aunque eso también es otro lío impropio de viernes.

Si Rajoy aplicara este modelo de porteros en España seguro que podría presumir de cifras mejores que 34 parados menos. Pensad en cada edificio con portero que conocéis, multiplicad el número de porteros por seis y veréis como el paro se reduce. ¿Quién lo paga? Ah amigo, eso es otro problema y es la tercera vez que os digo que hoy es viernes.

En Chile no se cena

No, nunca, nada, imposible… en Chile no se cena, en serio. Y no es que no metan nada de comer en el cuerpo por la noche, no, no es eso, es que no lo llaman cenar. Aquí hay tres comidas, sí es verdad que el horario coincide con el español más o menos. Aquí desayunan cuando se despiertan, que ahí ya cada uno, después almuerzan a eso de las dos y luego comen. Sí, lo que para nosotros es cenar para ellos es la comida… a eso de las nueve…

Vamos que si un chileno te invita a comer, es nuestra cenar, podéis imaginar el follón que eso me crea. Lo peor es cuando un español en Chile te dice que si comes con él. Vale. Despacio ¿te refieres a comer como los chilenos? ¿te refieres a comer horario español? porque a fin de cuentas los dos somos españoles, pero los dos estamos en Chile… ¿me dices a qué hora quedamos y nos dejamos de problemas?

Eso sí, comen… vaya que si comen… los platos que te ponen delante son más dignos del qué apostamos que de un menú de guía Michelín. Cuando el camarero te pregunta qué deseas de postre a mí me dan ganas de decirle “Almax, cabrón, Almax”. Pero oye que no soy yo quien vaya en contra de las costumbres de este país, y si hay que zamparse un plato de carne de dos por dos pues… pues dejo la mitad y sonrío.

No hay chileno que se precie que no se maneje en el mundo de los asados (asaos), en concreto mi amigo Jaime, con paño y todo y venga a sacar carne de todas las partes y especies conocidas. Para mí que si el asado se alarga Jaime acaba sacando ornitorrinco, fijo.

Lo dicho que en Chile no se cena, pero se come, vaya si se come.