Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

En Chile no se cena

No, nunca, nada, imposible… en Chile no se cena, en serio. Y no es que no metan nada de comer en el cuerpo por la noche, no, no es eso, es que no lo llaman cenar. Aquí hay tres comidas, sí es verdad que el horario coincide con el español más o menos. Aquí desayunan cuando se despiertan, que ahí ya cada uno, después almuerzan a eso de las dos y luego comen. Sí, lo que para nosotros es cenar para ellos es la comida… a eso de las nueve…

Vamos que si un chileno te invita a comer, es nuestra cenar, podéis imaginar el follón que eso me crea. Lo peor es cuando un español en Chile te dice que si comes con él. Vale. Despacio ¿te refieres a comer como los chilenos? ¿te refieres a comer horario español? porque a fin de cuentas los dos somos españoles, pero los dos estamos en Chile… ¿me dices a qué hora quedamos y nos dejamos de problemas?

Eso sí, comen… vaya que si comen… los platos que te ponen delante son más dignos del qué apostamos que de un menú de guía Michelín. Cuando el camarero te pregunta qué deseas de postre a mí me dan ganas de decirle “Almax, cabrón, Almax”. Pero oye que no soy yo quien vaya en contra de las costumbres de este país, y si hay que zamparse un plato de carne de dos por dos pues… pues dejo la mitad y sonrío.

No hay chileno que se precie que no se maneje en el mundo de los asados (asaos), en concreto mi amigo Jaime, con paño y todo y venga a sacar carne de todas las partes y especies conocidas. Para mí que si el asado se alarga Jaime acaba sacando ornitorrinco, fijo.

Lo dicho que en Chile no se cena, pero se come, vaya si se come.

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Una meta

Una meta no es un destino, no es un punto final, no es el final de nada. Una meta es una filosofía vida, un motivo para dar un paso más, una fuerza escondida que te empuja y arrastra a sitios que no pensabas que ibas a poder alcanzar.

Todos tenemos metas. Todos deberíamos tener metas. Es un punto en el horizonte al que llegar a golpe de riñón, sudor en la frente y salga el sol por Antequera. Es mi meta, puede que tú tengas la misma, pero esa meta es mía y voy a llegar yo. Voy.

Tener meta articula y da sentido a nuestra vida, pero las metas son caprichosas, a veces ni siquiera sabíamos que estaban ahí. Se escondían en la rutina del día a día, para asomar la patita por debajo de la puerta en ensoñaciones de vidas futuras o ajenas. Pues no, también era tu meta. Persíguela.

Las metas no van marcadas por caminos de baldosas amarillas. Son un punto difuso en algún lugar de la Mancha. Habla con tu meta, localiza tu meta y cuando llegues a tu meta, verás que no es más que la primera etapa de una meta superior. Pues sigue andando.