Grandes cosas difíciles de ver

por Fer Población

Hay algo curioso que me lleva pasando desde que llegué a Santiago de Chile. Puede que a vosotros si venís por aquí os pase lo mismo, por eso os lo voy a contar. Como sabéis la ciudad de Santiago está rodeada por la cordillera. Está aquí, al lado, pegadita y os aseguro que es grande. Es tan grande que no la veo. De verdad. Muchas veces se  me olvida que existe, que está por encima de los edificios aguantando el paso del tiempo y poco preocupada de que cambie el gobierno, suban los impuestos o gane la U. Le da igual, porque está desde mucho antes y va a estar mucho después. Pues a mí se me olvida que existe. Mira qué cosas.

Y reconozco que cada vez que la veo me sigo sorprendiendo. Me hace sentir orgulloso de formar parte de este país, de esta ciudad, que a fin de cuentas ahora es la mía. Sin embargo al mismo tiempo me hace sentir pequeño, inseguro, insignificante. Con la certeza de no ser tan importante como me creo. No yo, no es un tema de autoestima. Ninguno de nosotros.

Muchas veces nos pasa lo mismo. Vamos tan encerrados en nosotros, nos empeñamos tanto en mirar el suelo, en asegurar los pasos y tener los pies en la tierra que se nos olvida mirar hacia arriba. Sobrevolar la rutina en un helicóptero para tener un poco de perspectiva (la misma que tuvo que cocinar la rata).

Es curioso como nos cerramos tanto a lo que nos rodea, nos empeñamos tanto en acotar nuestro mundo, que se nos escapan demasiadas cosas. Cosas que son incluso tan grandes como una cordillera. Una pena.

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