Todo empezó con una plancha

por Fer Población

En realidad no es cierto. Todo empezó con unas sábanas. Os cuento. Hace cosa de unos diez días mi casera (que explico que tiene del orden de 32 años) me comentó que quería pasarse por casa a dejarme unas sábanas del piso que estaban en la lavandería. Margarita (si mi padre estuviera leyendo esto ya estaría pensando en la casnción de “Margarita se llama mi amor” y nada más lejos de la realidad) que así se llama mi casera, comentó que a qué hora pasaba a darme las sábanas y yo, con pocas ganas de verla, comenté que mejor las dejara en portería y asunto concluído.

El caso es que pasados unos días envío mail a Margarita porque la plancha estaba rota. Ella me comenta que se pasa el sábado por la tarde con una nueva. Comienzo a sospechar que lo que quiere es meter la nariz en el piso para comprobar que no he destrozado nada (no me ha dado tiempo!!), así que decido que es más sencillo dejarla pasar y quitarme eso de encima,

Bien, pues quedamos a las cinco. Llega a las siete y es que Margarita entiende las horas al estilo Frank Sinatra, a su manera. Lo que yo pensaba que iba a ser una entrega de plancha y tres miradas furtivas a base de forzar el cuello se me viene abajo. Toma posesión del sofá y me pregunta qué tal me va. La charla se prolongo por una hora.

Pasado dos días me envía un whatsapp y me invita a almorzar ayer, domingo. Y aquí es donde realmente empieza el post de hoy, pero había que dejaros claro que todo empezó con una plancha.

Bien tras pasarme a recoger, ya que decide irnos a un viñedo que está como a 40 km de la ciudad nos ponemos en camino al sitio en cuestión. Lo primero que se pasa por la cabeza es que no le veo mucho el sentido el ir a una bodega si llevas coche y no puedes beber vino, pero mira, es una de las ventajas de no conducir.

La cosa se empieza a torcer cuando en el coche me comenta que los españoles tenemos voz de actor porno. Que las pelis porno llegan aquí con doblaje de actores españoles y al oir a un español hablar se les va la imaginación para esos términos. Y a mí en ese momento me surgen dos ideas… una es que cuántas pelis porno habrá visto esa mujer para tener tan fijo eso en la cabeza. Otra que es la primera vez que eso de “a cincuenta metros tome la salida de la izquierda” como instrucciones para masturbarse. Cosas que pasan.

Pero la cosa no queda ahí. La verdad es que durante la comida la charla fue más o menos normal… y yo pensé, bueno ha sido un bache, olvidémoslo. Qué ingenuo soy.

En el coche de vuelta yo cuento una de mis anécdotas y ella me dice que si quiero saber algo que a ella le hizo pasar mucha vergüenza de pequeña. Claro. Bien… Margarita tenía unos 16 años y fue con unos amigos a un cayo para pasar el día en laplaya… el caso es que al faltar poco para llegar se tira al mar para llegar nadando. Problema: medusa. Una cariñosa y amable, a la par que un poco hija de puta, medusa se pega a su muslo. Por lo que dicen eso duele horrores. Así que allí estaba Margarita en la playa con unos dolores que flipas. En esto que uno de los hombres que alquilan barcas para llevar a gente, más en concreto un negro de dos por dos, la ve. El buen hombre comenta que la única solución para para el dolor es mearle encima. No hay otra, Los amigos en shock no se animan a sacar la cosita y el buen negro se ofrece a sacar su manguera (nunca mejor dicho) y apagar ese dolor. Delante de todos los amigos.

Situación incómoda para mí que ya estaba deseando que el coche tuviera turbo y me dejara en casa ayer. La mujer, lejos de incomodarse, se viene arriba y me comenta que peor fue el día que perdió la virginidad. Fue en este momento en el que olvidé una de las reglas del periodismo “si no quieres saber no preguntes”… pues eso, que pregunté. Según la teoría margaritesca pierdes la virginidad (siendo mujer claro) cuando eres penetrada, se rompe el himen y hay sangre. Bien, ella la perdió con una verdura. Ahí sí que no quise saber más y comencé a rezar a San Fernando Alonso…

El coche se rompió en el peaje a 20 km, tuvimos que coger un bus y tardamos 2 horas. Fin.

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