Nuevo país, nuevos retos

por Fer Población

Tengo algo que contaros. Sé que a muchos os va a sorprender y puede que incluso llegue a asustaros. Tranquilos, pese a que estamos en pleno Halloween no es una historia irreal, ni de fantasmas, ni busco como objetivo asustaros. Pues bien, ahora que ya os he avisado ahí va la revelación… no todo el mundo hace las cosas como en España. Asusta eh.

Una de las primeras cosas que me han sorprendido es el tema de las propinas. Con lo cómodo que es hacerlo al estilo español, es decir tú dejas lo que te parezca (si es que te parece bien dejar algo) y te vas… sin alardes ni reproches. El camarero ve lo que les has dejado cuando ya no estás. Sólo tienes que afrontar las consecuencias de tu propina si es que decides volver, pero, y dado que es una decisión, siempre puedes decidir no hacerlo.

Pues no, aquí tienes que pagar incluyendo la propina. Si eres un tacaño redomado tienes que sufrir la mirada reprobatoria (de asco, vamos) de la persona que te ha servido. Nada de intimidad. Queda bien clarito en la nota la propina que has dejado que suele ser el 10% del total. Es cierto que tiene una ventaja y es que todos conocemos personas que no saben nunca cuánto deben dejar. Aquí lo tienes clarísimo.

Y si seguimos con el tema comida, debo confesar que la mayoría de las veces que me dan una carta de restaurante no entiendo ni la mitad, pero nada de nada. Vamos a ver… ¿no hablamos todos en español? y ¿por qué no me entero entonces? Puedes recurrir a pedir lo mismo que alguien que esté cerca, confesar tu torpeza y pedir que te expliquen la carta como si tuvieras cinco años o arriesgarte a pedir sin saber y rezar al patrón de los milagros y al de las digestiones pesadas.

Para aquellos que pensáis que la opción correcta es la de pedir sin saber dejadme que os cuente una anécdota de mi abuelo Fernando. Y es que mi abuelo en uno de sus muchos viajes, concretamente en un país árabe (no recuerdo con exactitud) se fue a un restaurante donde, oh sorpresa, nadie hablaba nada más que árabe (manías que tiene la gente del país de hablar su idioma oye). Bien pues limitó a señalar dos platos de la carta al azar ante la sorpresa del camarero. A mi abuelo le sirvieron un cuenco de salsa de tomate y otro de mayonesa (me estoy acordando de alguien que suele visitar Irlanda).

Hasta la carta de los restaurantes chinos me resulta imposible, ¿dónde está el arroz tres delicias por dios? Me es más sencillo leer la carta en inglés que en español. Tiene truco, trampa… y encima, como ya os dije, en Chile no se cena.

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