Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: noviembre, 2013

Escribir y no disimular

Fito en una de sus canciones dice que “puedo escribir y no disimular, es la vantaja de irse haciendo viejo” y es verdad. Es lo bueno que nos da el paso de lo años, que nos permite aceptarnos, querernos y enseñarnos. Y cuesta, vaya que si cuesta. El mundo crea unos moldes rígidos en los que casi nadie encaja pero todo el mundo lo intenta. No, no quiero, fuera moldes.

Me estoy haciendo viejo, es verdad, canas en la barba, resacas dolorosas, miras más al pasado que al futuro y mil síntomas más de los que he hablado otras veces. Me hago viejo sí, pero me quiero más. No siempre ha sido así, no siempre he encajado, no siempre he sido capaz de decir este soy yo. Muchas veces nos escondemos en esterotipos para tratar de sacar lo que llevamos de verdad dentro.

Fito también dice en la misma canción “y no volveré a sentirme extraño, aunque no me llegue a conocer”. Qué grande es Fito. Porque en cierto modo nunca llegamos a conocernos de todo, porque muchas veces llevamos puesto el corsé del bienquedismo y de las normas de lo correcto. Y no somos, no expresamos, no vivimos. No. Si quiere conocerte simplemente deja que salga lo que llevas. Puede que te sorprenda, puede que haya cosas que no te gusten, pero a lo mejor sí.

Desde que trato de sacar lo que soy, con mis millones de rarezas, desde que no dejo que Fernando se coma a Fer, desde que los años, las canas me dieron mi pequeña autoconfianza noto cómo recibo un cariño y una atención que nunca antes había pensado.

Tienes un fondo de armario precioso, lo sé, te conozco, seas quien seas la persona que me lee ahora. Y si lo que hay dentro es tan valioso, tan bonito… abre la puerta. Deja que lo vea, que lo comparta, que lo aprecie, que te aprecie.

Hay mucha gente que quiere entrar en tu vida, pero está en tus manos abrir la puerta.

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Vuelve a casa vuelve

Auuuuu como el turrón El Lobo, que vuelvo a casa por Navidad. Venga todos a cantar vuelveeeeeeeeeeeeeeee a casa vuelveeeeeeeeeee vuelve al hogaaaaaaaaaaaar ¿Alguno sabe cómo sigue? Oye años oyendo la canción y no me la he aprendido. Si es que hay que hacer anuncio con mensaje, de esos que se fijan en la mente, que dejan todo claro, que entendemos… vamos como busco a Jacq´s.

Y sí, ya me queda menos para volver a poner los pies en mi tierra. Que ganas me sobran. El hecho de estar lejos hace que eches de menos cosas que antes simplemente dabas por hecho. Cosas que estaban ahí y apenas le dabas importancia. Y como siempre no hablo de cosas enormes, no me refiero a la bandera de Colón, al Bernabéu ni a la Castellana.

Echo de menos la caña con tapa, echo de menos los policías bordes y pasotas, echo de menos la gente borde y seca y los bares donde todo se pide a gritos. Pongamos un ejemplo.

Chile: Hola buenas noches me llamo Alfredo  voy a ser su camarero esta noche ¿desean tomar algo de beber en lo que miran la carta? ¿puedo sugerirles algo de fondo?

España: Venga ¿qué va a ser?

Lo confieso y reconozco, los españoles somos masocas de la restauración. Nos gusta estar de pie, nos gusta hacer cola, nos gusta la música alta y los bares no muy limpios, la gente que pide las cosas a gritos. Nos agobia tener un camarero encima, que nos sirvan hasta el agua, que cada cosa vaya floreada.

Lo echo de menos. Echo de menos al amante cocido (no dudes que tendremos edición navideña), echo de menos la cabra de Manolo, los abrizos, las demás cosas, las maldades compartidas, las escaleras para ir al fondo a la derecha, los quitagujetas con alma de niño, los partidos de fútbol, los viajes al cine que terminan en ronda, las vascas con corazón para repartir, las rubias en paro que no paran, los guiños en público y los abrazos que llenan.

Echo muchas cosas de menos. Nos vemos pronto.

300

Así, en plan la peli… esto es Esparta, o Madrid, o Santiago, o un mundo de paredes pistachos, o un cerebro con verborrea, o una persona que cuenta lo que quiere que a veces es lo que piensa. Pero es. Es algo, está aquí, lo tienes delante. Son ya 300 los posts que llevo escritos en mi blog. Diría que es nuestro blog porque está muy de moda eso de es para todos… lo hago por vosotros… pero no, es mío. Lo escribo yo y cuento yo mis cosas. Casi siempre.

Ya cuando el marcador llegaba a 200 cedí mi espacio a una buena amiga, Aina. El caso es que me ha gustado y pienso seguir repitiéndolo cuando sean mis centenarios (prepárate Cecilia, el 400 es tuyo).

Os dejo ahora en manos de dos buenas amigas y mejores personas, frase que no por manida deja de ser real en este caso. Dos chicas jóvenes, guapas, emprendedoras y guapas (sé que lo he puesto dos veces, pero con una sola no queda claro lo mucho que lo son). Dos chicas a las que quiero, respeto y admiro. Geno y Helena… las chicas de When&Where.

Eternos chicos malos del teletodo

Ha pasado ya la friolera de 14 años desde que Salamanca nos vio llegar. Fuimos víctimas del desenfreno, la noche, y los 2X1. Ni el frío ni las aulas fueron capaces de robarnos las ganas de libertad, incluso de rozar el libertinaje, siempre a partir de las 00:00 horas, claro.

Pues sí, un día Salamanca fue nuestra casa y el núcleo de nuestro particular universo. Un universo que hoy nos expande hacia otros lugares, pero que apuesto a que sigue siendo el centro de todo y de todos. Aquellos días de lujuria abséntica, de amores rápidos y sobre todo, de días del teletodo: telebotellón, telecomida, teletabaco, incluso hubo quien montó un telecondón pero me imagino que fracasó, por lo de la falta de inmediatez, digo.

Telecreíamos en todo: nos telecomunicábamos con el mundo y nos teleconvertimos, casi sin pretenderlo en teleamigos que telequedábamos en cualquier momento. De aquella no había ni euros ni wassup ni nada de nada. Había telemóviles de primera generación… la generación de los mensajes de texto del tipo “a las 23:00 en el reloj” o “te espero en libreros, tienes mesa”

Desde entonces, cada vez que hago una llamada para pedir algo, sea lo que sea, recuerdo aquellos pluscuamperfectos días de telecachondeo. Absurdos, geniales, perfectos! Y cada vez que vuelvo a aquella ciudad me invade una sensación de adicción por telepedir algo, cualquier cosa… ¿Quizá veros? Sí, eso haría… encontraros por allí, en cualquier esquina, como antes, como siempre.

Hoy estamos telerepartidos por el mundo, pero seguimos teniendo ese punto en común que no nos separará jamás. Y como ya dijo Unamuno, hay que soñar la vida que perdura siempre sin morir nunca… No moriremos jamás. Allí estaremos!

P.D Bienvenido al mundo Fabio García Romero… tú eres el ejemplo de que no todo lo hicimos tan mal…

Mi embajada española en Chile

Ya está, lo he conseguido, la he encontrado. Y todos sabéis que no hablo de un edificio solemne con retrato del Rey. Ni de lejos. Es más estoy seguro que muchos ya estáis intuyendo que me refiero a un bar. Pues sí, es un bar. Tenía que ser un bar. ¿Cómo no iba a ser un bar? Tomarse una cerveza alhambra (había Mahou tammbién que por cierto aquí la pronuncian majou, pero soy más de alhambra) y un plato de jamón ibérico ha sido un mmento mágico, épico, fantástico. Con las lágrimas llamando a la puerta, la sonrisa marcada a fuego y el paladar en plena orgía de satisfacción.

Un sitio cutrecillo, con fotos por las paredes, banderas de equipos de fútbol, la música demasiado alta y los camareros que pasan de ti. Lo que es un bar vamos. El nombre ya prometía “El Ibérico” y el lugar iba en consonancia. Flamenco, cerveza y jamón. La España cañí a todo trapo y los españoles amontonados en el local atraídos por la esencia de la piel de toro como moscas a la miel.

Un bar señores, en Chile hay un bar. Igual hay otros no sé, pero de momento a mí, que soy de ideas fijas y cliente habitual de lugares cocretos, con un bar me vale. Vamos que al salir pedí tarjeta del sitio y como no la tenían me apuntaron la dirección en un papel. Y volveré, vamos que si volveré. Con chilenos, con españoles, con un perro o yo solo, pero que vuelvo es fijo.

La vida es mucho más bonita con un bar. Era una de las necesidades básicas para decir que me voy asentando en este país. Es pronto, pero quizá en un ratito vaya a tomar una cervecita… Saludos desde Chile.

Sí o no o yo qué sé

Una de las primeras cosas de las que me avisaron al llegar a este país, y estoy hablando de temas laborales, fue que había que tener cuidado con los síes. Claro, dicho así queda raro, pero como Fer enseña y divierte (la gracia que le hace esta chorrada a mi primo Jose) os alecciono.

El caso es que entras en una reunión  presentas tu producto, tu movida, tu self speech, tu rollo, vamos que vendes tu moto… y ellos con su cara sonriente mostrándose muy complacidos (comentan que hay uno que da miedo, pero no es tan fiero el león cuando está en su morada) ensalzan las virtudes y maravillas de tu producto, idea o propuesta. Eso es la panacea, la octava maravilla, mejor que la coca cola, la polla vamos (pero dicho a lo español, nada que ver con juegos de azar) y te manifiestan que sí, que están interesados.

Y tú, te vienes arriba. Eres el amo, el crack, la leche en verso, la polla vamos (pero en español, no de sorteos). Pues no. Porque aquí, como lo que más son es educados, dicho esto sin ironía (sé que es raro que escriba aquí algo sin ironía, pero lo juro por la gomina de CR7) te van a decir que sí hasta si les propones hacerse un tacto rectal con un bate de beisbol con pinchos (qué bonita imagen os acabo de crear en la mente eh), pero… ¿quiere eso decir que van a profanar su conducto de salida con tamaño artefacto? Realmente no.

Hay que aprender a leer los síes. Es como los esquimales que tienen un montón de tipos de blanco y nosotros sólo vemos uno (aviso a las mujeres, los tonos beige, blanco roto, blanco crudo… son imperceptibles para el ojo masculino). Pues hay muchos tipos de síes y leerlos es harto complicado (lo de harto es muy chileno por cierto, me voy transformando), pero por el bien de tu empresa mejor que te orientes en eso rápido.

En resumen, si tras una presentación te dicen que sí van a firmar cuidado, y si ya te dicen que sí, que van a firmar al tiro… espera sentado.

Una cama en el salón

Sí, es así, en mi salón hay una cama. Hay dos mesas, seis sillas, una televisión, unos cuadros… y una cama. En realidad para ser sinceros, que a estas alturas ya mentirnos quedaría feo debo decir que realmente hay dos camas en mi salón. Dos por uno, como en las promociones del Pryca (qué mayor soy). Por cierto, es muy importante señalar que de siempre, de toda la vida, desde que el mundo es mundo, siempre, pero siempre ha sido EL Pryca. No Pryca, sino EL Pryca. Aclarado queda.

Pues hay dos camas en mi salón. Y es que el buen español no puede pasar la vida sin tener su sitio para dormir la siestas en el salón. Sofá y tele siempre ha sido la mejor combinación para las siestas, eso es evidente, pero a falta de pan… buenas son dos camas. Tan majas ellas oye (guiño maño a mi amiga Ana a la que echo de menos).

Queda por saber la reacción que van a casusar a los que vengan a verlas. Bueno, espero que más bien sea que vengan a verme a mí y lo de las camas venga en consecuencia. Difícil tengo en esconder dos camas si alguien viene a verme. Pues ahí están. Las dos tan agustito.

Miedo me da lo que puedan generar… camas en el salón y copas puede acabar en fotos ebrios en plan majos, espero que vestidos. La casa acabará siendo hostal de gentes de mal vivir y buen beber (yo los llamo amigos) y las camas pasarán de mano en mano (o culo en culo) como la falsa moneda. La vida de una cama de salón sin duda es muy dura.

Hay dos camas en mi salón… ¿si pongo también una nevera es pasarse?

google translator chileno-español

Hay algunas expresiones en esta tierra que hay que conocer para poder comunicarse con el especimen autóctono. Quizá lo que primero me llamó la atención, es decir con lo primero que hizo un lío de narices (por no decir cojones), fue con eso de que aquí no se cena. Pero como de eso ya hemos hablado paso a tratar otras que pueden ser interesantes. Lo de útiles… pues vaya usted a saber.

Empecemos con algo tan secillo como decir la hora. Pues no, no es tan sencillo, y es que aquí se estila el modelo yanki. Las cuatro menos cuarto es un cuarto para las cuatro. Vamos un lío. Y si ya pretendes quedar a comer, o cenar, o almorzar y quieres arreglarlo poniendo la hora… al final es más sencillo decir yo estoy ahí pasa cuando quieras. Tema aparte es la puntualidad, que salvo honrosas excepciones (estoy pensando en Cecilia y Pablo) es un rumor o un mito… saben que existe, pero nunca la han visto.

Podemos hablar también de una expresión que me vuelve loco. “De todos modos”. A ver, frase normal en España: Mañana hará mal día, de todos modos podemos ir a la playa. Frase en Chile: ¿Debemos ir a la playa mañana? De todos modos. En fin que ellos la usan no como algo tipo sin embargo, no obstante… sino como una afirmación. Lo curioso del caso es que cada vez que oigo la expresión yo me quedo mirando con cara de bobo esperando que rematen la frase. Venga, vamos, ánimo, termina… puedes hacerlo…

Si alguien te pregunta ¿Cachai? te está preguntando si entiendes. Y es muy normal que te llamen webón (más bien pronunciado güeón) y que las cosas sencillas son las wea (güeá).

Pero sin duda la reina de las expresiones, la que más peculiar y simpática me parece es “al tiro”. Aquí todo se hace al tiro. Los informes los mandan al tiro, la comida viene al tiro, las personas llegan al tiro… ¿qué quiere decir? pues ni idea. Porque lo lógico sería pensar que al tiro quiere decir que inmediatamente. Ay iluso, nada más lejos de la verdad. Lo que realmente quiere decir es… tú tranquilo, lo que tú dices va a pasar. En algún momento entre ahora y el día de tu muerte, pero va a pasar, así que sobretodo tú tranquilo.

Y hay más, hay muchas más, pero me las guardo para nuevos posts que escribiré… pues eso, al tiro.

La medida de la vida

Aquí allende los mares hasta las medidas son diferentes. En concreto en este caso estoy hablando de las botellas de coca cola. Vamos de las botellas y de las latas. Y es que he visto todo tipo de cantidades en envases. Todos menos los que tenemos en España claro. Bueno, vale, que estoy exagerando, que sí que existe la botella de dos litros de coca cola aquí, pero ¿alguien ha visto en España una botella de tres litros, o una botella de litro y medio? Pero vamos lo que ya riza el rizo son las botellas de 1.75 litros. No lo entiendo. En qué momento alguien dice… oye vamos a hacer una botella de 1.75 litros… ¿por qué? ¿qué sentido tiene?

La sabiduría popular española marca que en caso de botellón es recomendable llevar una botella de dos litros de coca cola por botella de ron (puede ser whisky, vodka, ginebra… pero yo tiendo a ron, por costumbre ya sabéis). Ok si analizamos la aparición en Chile de estos dos nuevos modelos podemos pensar que la botella de tres litros viene destinada para botellones de verano, puesto que el calor hace que aumente la necesidad de ingerir líquido y los no alcóholicos (esos seres extraños) tienden a beber y descuadrar la sagrada regla dos litros por botella. Por otro lado la botella de 1.75 sería útil para esos botellones de invierno o esos casos en los que realmente lo que buscas es salir de casa pronto. Si bien es cierto que reducir la coca cola aumenta la carga de alcohol en copa, la diferencia casi es imperceptible. Vamos que la botella de 1.75 sólo se me ocurre porque los de coca cola están muy locos.

Pero la cosa no queda aquí. El botellín de coca cola se lanza a la sorprendente cifra de 350 cl. Más grande que las latas españolas. Es verdad que en España estas botellas grandes de cristal ya se están empezando a ver por los supermercados, y que cuando lo que se trata es de comer es una medida que funciona bien. ¿Pero desde cuándo un español piensa en comer? Vayamos al tema que dominamos… beber. Si ya con una botella normal de coca cola siempre sobraba algo en los ahora denostados vasos de tubo, con este monstruo tienes para compartir. Puede quedar en plan… oye tú ven a beberte mis sobras, pero ahí lo dejamos en manos de la sutileza de la persona a la hora de ofrecer el líquido sobrante.

Sí que hay que reconocer que la lata de 20 cl, que la he visto, cumple perfecto el rol de copa y el almacenamiento en los locales nocturnos (yo siempre luchando por ellos) es más sencillo.

En fin, como veis en estos mundos de Yupi siempre hay cosas para sorprenderme. Cosas pequeñas, de las que me gustan.

Viles y crueles: mujeres

Son malas, mucho y crueles, y perversas, y hacen sufrir, y lo disfrutan, y les gusta. Ponen sonrisa de no haber roto un plato, van por la calle flotando en sus delicados pies y se mueven con gestos suaves y ademanes sofisticados, pero son malas. Que no os engañen que lo son.

Son malas porque pueden, porque son listas, porque saben serlo. Un tonto no puede ser malo, puede ser torpe, insensato, inoportuno, pero no malo. Pero ellas sí. Igual que alguien me dijo hace poco que los hombres llevamos en los genes conocimientos de mecánica (yo que lo único que sé hacer en un coche, y con problemas, es poner la radio) ellas llevan incluído primero de crueldad y horas extras de hacersentirmaldismo.

Oye es curioso cómo con una frase sientan cátedra y te hacen sentir pequeño. Es más con una frase te hace sentir que la tienes pequeña… ¿la ha metido ya? A tomar por culo tu hombría, tu moral, tus ganas de vivir, tu dignidad como ser humano. Con una frase. Que son malas lo digo yo.

Y es que incluso cuando podría parecer que tratan de portarse bien… es mentira… frases del estilo haz lo que quieras, como veas, yo preferiría ir a ver la peli de amor, pero elige tú… Saben tener la última palabra, el punto sobre la i, la guinda del pastel, sentar precedente con presunción de inocencia.

Sin duda lo más duro que he oído ultimamente al finalizar un romance algo traumático ha sido… ojalá le hagan algún día esto a tu hija. Malas, muy malas.

Esto no es una cafetería

Que no, que no lo admito, que un Starbucks no es una cafetería y punto. No tratéis de convencerme porque no lo vais a conseguir. Estoy convencido de lo que digo. Vale, sí, se vende café y la gente va a tomarlo. De la calidad del líquido en cuestión no puedo opinar ya que no me gusta demasiado, así estoy muy lejos de ser un experto en la materia. Pero una cafetería es mucho más que eso, de verdad.

Para empezar una cafetería tiene barra. Así de sencillo y lo de Starbucks no es una barra, es un mostrador. No creo que nadie pueda pararse en el mostrador a tomarse su café mientras la gente de la cola le mira mal y hace alusiones a su madre y a su supuesta profesión (vamos a su puta madre). El café se toma en barra. Entras pides un café, lo tomas y te vas. Y punto.

Otro tema importante. El café bueno es de trago. No es para bañarse, no hay que hacer largos en él, no queremos dar de beber a un país africano… vamos que esos tanques, piscinas o estanques que te ponen en Starbucks sólo tienen sentido si todos fuéramos tamaño Gasol. Yo que soy chiquitín si me meto ese chute de cafeína puedo acabar volviendo a España. A nado.

Y ya para rematar. Tengo 34 años. Hace años que en mi cumpleaños no me dan vasos de plástico… pero ahí sí. Café de todo a cien en vaso de juguete y sin barra. Pues no me gusta. Hala.