Mi casa

por Fer Población

No, no voy en plan ET con el dedo hecho un chorizo parrillero gritando por las esquinas y señalando al Atlántico. Echo de menos mi casa, mis cosas, pero no voy por ahí. Me refiero a aquellos sitios donde realmente consigues sentirte como en casa. Agusto, relajado, cómodo. Sin necesidad de tirar de poses o de caretas. Sin tener que medir palabras ni forzar los tiempos. Sólo eres tú, ni más ni menos que eso.

Por supuesto os hablo de bares ¿de qué otra cosa podía hablar yo? Y es triste pensar, ahora que lanzo la vida al pasado, cómo la mayoría de estos lugares ya no existen. Síntoma inequívoco de mi avanzada edad. Recuerdo como primer pseudo-hogar el Medievo. Horas ahí metidos, noches sin fin. Era la primera vez que sentí ese gusanillo de todo chico que empieza a salir… esas frase de conozco a un camarero… nos invitan a la segunda… esa sensación que te hace sentir especial. Pasar de ser cacique cola a Fernando, pues era agradable la verdad.

De ahí pasé a Villanueva y conocí a dos personas muy diferentes, pero con las que he pasado grandes momentos y risas por kilos. El genial David (léase deivid) y el maravilloso Pitu. Ambos con dos bares, ambos los cerraron, cierto que por muy diversos motivos, pero, al menos con Pitu debo decir que tengo el placer de conocerle.

Mi último hogar de adopción, como muchas ya sabéis, fue Los Cubanos (ellos creen que se llama Premium bar, pero es mentira). Y ya no voy a hablar de lo bien que te ponen una copa, eso lo doy por hecho. Hablo de la sensación tan española de gente del bar. De los pequeños lazos que vamos creando a base de horas. De las charlas interminables de lado a lado de la barra. De dos amigos dispuestos a ofrecer momentos de calidad a todos los que pasan por su casa y, desde luego, mi casa.

Yo ya no estoy en Madrid, pero no dudéis que cuando vuelva de visita me encontraréis en Los Cubanos.

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