Cheque en blanco

por Fer Población

La duda. La duda es enemiga perenne de la certeza. La duda se esparce como un rumor y va creando grietas y sombras en lo que pensábamos que era inquebrantable. Dudamos por dudar, dudamos de pensar, dudamos en seguir dudando y la duda dura tanto como queramos seguir dudando. ¿Sabemos lo que queremos? Lo dudo.

Venimos al mundo con la mente en blanco y vamos perdidos, como esponjas absorbiendo todo lo que nos rodea. Todo. Sin filtrar, sin decidir lo que nos conviene. Sólo pensando en lo que nos han dicho que nos conviene y haciendo oídos sordos, ojos ciegos o narices sin aroma.

Y dudamos en cada paso, cada día, cada decisión que abordamos queda con la sombra de futuros paralelos y las ganas de agarrar la vida como si fuera un juego y volver a tirar. Porque me toca.

Tenemos la duda marcada a fuego en el pecho y las ganas de no dudar. Dudamos de nosotros, de vosotros, de ellos. Dudamos porque sí y sin razón. Y, en pleno alarde de nuestras poco facultades mentales marcamos la duda como atributo innerente al ser humano. Nos quedamos tan ufanos con esta decisión y olvidamos tratar el mal. Asumimos el dolor sin buscar una cura.

Pues bien. Se acabó. Estoy harto. Harto de dudar, de pensar, de no saber. La duda se cimienta en los cables sueltos, las medias verdades, los brindis al sol. La duda, para ser herida de muerte, necesita una verdad absoluta, un peldaño firme desde el que poder dar un primer paso. Un rincón seguro y tan nuestro, que tenemos que compartir. Y yo he encontrado ese peldaño precisamente en los que me rodean aquí o lejos, los que me recuerdan, los que han compartido momentos, los comparten o compartirán. Todos.

Un cheque en blanco de apoyo, de certeza de lo que sois capaces de hacer, de cómo cualquier reto es afrontable. Es lo que os ofrezco. Si la duda os persigue, os recluta, os enamora… pagadle con mi cheque.