300

por Fer Población

Así, en plan la peli… esto es Esparta, o Madrid, o Santiago, o un mundo de paredes pistachos, o un cerebro con verborrea, o una persona que cuenta lo que quiere que a veces es lo que piensa. Pero es. Es algo, está aquí, lo tienes delante. Son ya 300 los posts que llevo escritos en mi blog. Diría que es nuestro blog porque está muy de moda eso de es para todos… lo hago por vosotros… pero no, es mío. Lo escribo yo y cuento yo mis cosas. Casi siempre.

Ya cuando el marcador llegaba a 200 cedí mi espacio a una buena amiga, Aina. El caso es que me ha gustado y pienso seguir repitiéndolo cuando sean mis centenarios (prepárate Cecilia, el 400 es tuyo).

Os dejo ahora en manos de dos buenas amigas y mejores personas, frase que no por manida deja de ser real en este caso. Dos chicas jóvenes, guapas, emprendedoras y guapas (sé que lo he puesto dos veces, pero con una sola no queda claro lo mucho que lo son). Dos chicas a las que quiero, respeto y admiro. Geno y Helena… las chicas de When&Where.

Eternos chicos malos del teletodo

Ha pasado ya la friolera de 14 años desde que Salamanca nos vio llegar. Fuimos víctimas del desenfreno, la noche, y los 2X1. Ni el frío ni las aulas fueron capaces de robarnos las ganas de libertad, incluso de rozar el libertinaje, siempre a partir de las 00:00 horas, claro.

Pues sí, un día Salamanca fue nuestra casa y el núcleo de nuestro particular universo. Un universo que hoy nos expande hacia otros lugares, pero que apuesto a que sigue siendo el centro de todo y de todos. Aquellos días de lujuria abséntica, de amores rápidos y sobre todo, de días del teletodo: telebotellón, telecomida, teletabaco, incluso hubo quien montó un telecondón pero me imagino que fracasó, por lo de la falta de inmediatez, digo.

Telecreíamos en todo: nos telecomunicábamos con el mundo y nos teleconvertimos, casi sin pretenderlo en teleamigos que telequedábamos en cualquier momento. De aquella no había ni euros ni wassup ni nada de nada. Había telemóviles de primera generación… la generación de los mensajes de texto del tipo “a las 23:00 en el reloj” o “te espero en libreros, tienes mesa”

Desde entonces, cada vez que hago una llamada para pedir algo, sea lo que sea, recuerdo aquellos pluscuamperfectos días de telecachondeo. Absurdos, geniales, perfectos! Y cada vez que vuelvo a aquella ciudad me invade una sensación de adicción por telepedir algo, cualquier cosa… ¿Quizá veros? Sí, eso haría… encontraros por allí, en cualquier esquina, como antes, como siempre.

Hoy estamos telerepartidos por el mundo, pero seguimos teniendo ese punto en común que no nos separará jamás. Y como ya dijo Unamuno, hay que soñar la vida que perdura siempre sin morir nunca… No moriremos jamás. Allí estaremos!

P.D Bienvenido al mundo Fabio García Romero… tú eres el ejemplo de que no todo lo hicimos tan mal…

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