Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: enero, 2014

Las envidias del armario

Si alguien está pensando en que voy a hablar de salir del armario, de los que no salen, de lo que dicen los que salen de los que no han salido, de los que dicen que salen, pero no lo hacen, de los que viven encerrados en su armario… pues no, nada más lejos de la realidad.

No van por ahí los tiros. Por donde voy es por lo injustos que somos con nuestra ropa. En serio. Y es que nos portamos mal, fatal. El pobre abrigo aparece por el armario y ya lo miramos con cara de asco. Porque nos recuerda al frío, al trabajo, a los días grises, a madrugar sin ganas. El pobre abrigo entra con recelo en nuestro armario rescatado de alguna caja oscura. Entra de puntillas, sin querer hacer ruido, con miedo a los reproches, a las miradas sesgadas. Y él no tiene la culpa. Él sólo trata de arroparnos, de mantenernos sanos, de hacer nuestro día a día más agradable. ¿Se lo agradecemos? no.

Pero claro… ¿qué pasa con el bañador? lo contrario. Llega orgulloso (sacando pecho si es bikini) y seguro. Se recrea en nuestra sonrisa y alegría, se viene arriba, se crece. El bañador es verano, son vacaciones, son días de despertador en off, de más horas de sol, pero de noches más largas, de amigos de hace tiempo y pocos días. Días de cargar las pilas.

En los armarios de hombres, aquellos que no tienen tanta cantidad de ropa y que no es necesario el cambio estacional de ocupantes, se convierten en pequeños institutos americanos donde los bañadores son los jugadores de los equipos deportivos y los abrigos los frikis del club de debate. Yo soy un abrigo. Ser abrigo mola. Los abrigos somos más.

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La tortilla gran señora

Que sé que ya he hablado de esto, lo sé. Antes de que Aina me regañe lo admito yo, pero es que no me puedo resistir. La tortilla… qué gran invento por favor. Ni la rueda, ni el teléfono, ni la bombilla… me quedo con la tortilla (y sin haberlo pensado me ha salido un pareado). Que vale, que esos tres son grandes inventos, que la rueda hace falta para traer los ingredientes para hacer tortilla, que el teléfono viene genial para llamar a teletortilla (¿existe teletortilla?… oportunidad de negocio eh) y que sin la bombilla la tortilla a oscuras sería más difícil hacerla y comerla.

El mundo por montera… no, mi mundo por la tortilla. Con cebolla (que de lo que se come se cría) poco cuajada y con su trocito de pan. Ole y ole. Baberos para todos. Buena, rica, barata, saludable… remedio anticrisis donde los haya y generadora de kilos de felicidad.

La tortilla debe ser nuestra gran embajadora por el mundo, abrirnos fronteras a base de huevos (y patatas) y fijar la marca España con su puntito de sal. Tortilla de España, de la parte de España que os dé la gana.

Hoy he invitado a mis compañeros a tortilla. Me quieren más. Los he conquistado por el estómago claramente, pero conquistado a fin de cuentas. Alzad vuestros tenedores y gritad conmigo… ¡ole la madre que te inventó tortilla!

Que cierren ya la puerta

En serio, que la cierren. Madre mía el frío que hace, el viento que hace, el mal tiempo que hace. Lo malo que hace vamos. Que el otro día cuando iba a casa a comer casi me salgo volando. Vale he exagerado, que estoy de buen ver y uno no sale volando así como así, pero casi me voy al suelo, lo que es más creíble porque soy algo de “tobillos distraídos”, vamos que ellos se distraen de trabajar y el resto del cuerpo acabamos padeciendo la gravedad (la ley, no la del asunto) y besando son fuerza, pero sin ganas el suelo.

Un viento que si conectas a una turbina eólica a un conejito le da una paliza al de Duracell como España a Malta en tan glorioso día. El pobre conejo de Duracell fijo que acabaría en tratamiento por depresión… una humillación así, acostumbrado a ser el number juan, el que parte el bacalo, el que lo peta y mola… Me imagino ya “proyecto conejo” con todos los que han sido gloriosos conejos de duracell llorando juntos sus penas y pensando en los días felices. Viento malo, Eolo cabrón.

Y según iba yo protestando, aferrándome al suelo con las uñas de los pies (¿será por eso que más de uno tiene poca afición a cortárselas?) y tratando de llegar a mi pequeño cofre del tesoro (cuando la nevera se llena de comida se llama así)… cuando estaba inmerso en todas esas cosas… la vi.

Ahí estaba ella. Contoneándose con gracia mecida por el viento. Mostrando sus curvas. Sonrojada, elegante, orgullosa. Ah qué bonita es la bandera de Colón. Que vale, que no les gusta a todos, pero a mí sí. Yo propondría una por cada ciudad de España, se iba a liar parda.

Lo dicho, que hace frío y protesto. Cuando haga calor protestaré, y entre protesta y protesta os voy contando mi vida.

Chicote ha vuelto

Un personaje donde los haya. Especial, diferente, curioso… con pinta de labriego y chaquetillas de corazones. Lo dicho, curioso. De esas cosas que uno ve y tiene que mirar de nuevo. Pero vamos que a mí me cae bien. Y creo que me cae mejor desde que mi hermana Maca se estuvo ayer metiendo con él. Meterse con Maca siempre ha sido una de las aficiones de la familia.

Estoy hablando del programa “Pesadilla en la cocina”. Los que somos frikis de estas cosas (y yo lo soy de muchas) somos más de la versión original, de Gordon Ramsey, una especie de lord inglés con la mala leche de una manada de caniches. Ejemplo: has puesto tanto aceite en este plato que EEUU está pensando invidarlo. Ole. Que Chicote lo intenta, que saca su carácter de mastín para pegar dos ladridos, pero un mastín nunca podrá ser un chihuahua (y yo conocí a la auténtica chihuahua cabreada). Chicote es más de acudir a los clásicos españoles en vez de tirar de ingenio (esto es una puta mierda).

La estructura del programa… pues muy parecida todos los capítulos… Chicote llega, come fatal, se saca la comida de la boca (detalle esencial ya que no percibimos lo puta mierda que es lo que está comiendo), se caga en todo viendo cómo trabajan con los cocineros orbitan alrededor de él ya que al señor es más sencillo saltarlo que rodearlo y al día siguiente…. una manita de pintura, unas lágrimas de compromiso tipo programa de Telecinco y la puta mierda se convierte en producto de El Celler de Can Roca (iba a poner El Bulli, pero ya no…).

Insisto que el programa me gusta. Sólo le veo un problema… miedo me da pensar que salga alguno de los sitios donde yo he comido, quién sabe lo que podemos adivinar. Los estómagos españoles, forjados a base de chorizo, sangría y panceta aguantan casi todo. Pero casi.

Vestigios del pasado

No lo entiendo. De verdad que no lo entiendo. ¿No estamos en el siglo 21? ¿No se supone que hemos avanzado, evolucionado y esas cosas? Pues nada que todos seguimos llevando nuestras llaves para casa y demás.

Y es que son las casas las únicas que se aferran a sus trocitos de metal. Porque ya existen otras opciones. Hay lectura de huellas, reconocimiento de voz, reconocimiento de pupila, claves, tarjetas magnéticas… pues nada, nos empeñamos en seguir jugando a ver si el trocito de metal entra y funciona. Que todas las llaves tienen su truquito, no es tan sencillo. El tener la llave no quiere decir que vayas a ser capaz de abrir, es tan cierto como que el hecho de cenar con una chica no quiere decir que no vayas a dormir solo. Ayuda, pero no tienes nada seguro.

Cada vez son menos los coches que tienes que usar la llave… te acercas y se abre. Punto. No con tu casa, o con la casa de otro. Porque esto es lo importante… cuando vas a casa ajena con llaves ajenas tienden a darte los truquillos para abrir la puerta de marras. Es muy sencillo, metes la llave, haces el pino puente, recitas el génesis al revés, aciertas la lotería y listo. Vamos que te ves con la llave en la mano dándole vueltas y la sensación de que todos creen que quieres entrar a robar.

Ahora que podemos encender la calefacción desde Australia con el móvil ¿de verdad que a nadie se le ha ocurrido algo mejor que la llave? Aunque por otro lado… ¿seremos capaces de separarnos de nuestras queridas llaves? ¿de dejar de ser serenos de nosotros mismos? Me temo que no. Los experimentos con gaseosa.

Españoles de palo

Vamos, al menos es lo que yo pienso, es lo que opino, y como es mi blog… pues es lo que digo y punto. Si miras la imagen que desde fuera de nuestras fronteras tienen de nosotros me da que lo de español de pura cepa nos lo pasamos por todo el arco del triunfo. Un serio.

Vale que en eso de la fiesta, y las tapas todos nos ponemos de acuerdo. Oye ¿de verdad que nadie se ha dado cuenta que un castellano, un madrileño, un andaluz, un catalán y un vasco para irse de cañas siempre van a estar de acuerdo? Explícale a un ruso, sueco, chino o peruano el concepto ir de cañas, que en lo que lo consigues ya se te ha pasado la hora. Que somos mucho más parecidos de lo que algunos nos hacen creer, de verdad, y si alguno tiene dudas se lo explico con una cañita.

Pero bueno, a lo que iba. Que somos bastante poco respetuosos con la imagen del español. Y es que un buen español tiene que:

– Bailar y cantar flamenco. A ver señores, para mí que (con algunas excepciones) de despeñaperros para arriba con tres sevillanas seguidas y dos vasos de rebujito estamos saturados. Ole, ole pase, pero al tercer ole quieres que la guitarra se parta en dos y que de tanto quejío acabe el hombre en urgencias afónico.

– Hacer paella y tortilla de patatas. Mire usted pues no. Que nos gusta está claro, es más a la caña de antes con cualquiera de otra comunidad sumo pincho de tortilla y verás como en eso también estamos de acuerdo. Algunos casos de gente especial, extraordinaria y muy guapa (como yo jejeje) sí que somos capaces de preparar estas viandas. Pero vamos que sé de buena tinta que hace poco un grupito apostó a ver quién hacía la mejor tortilla (no hay cojones de…) al menos uno confirmado la compró. Déjate a ver si fueron todos…

– Torear. Qué daño ha hecho la imagen de Raúl con el capote celebrando títulos… ahora cualquiera piensa que sabe y en vez de dar un pase, más bien pasa de darlo. Triste, en serio. España y olé… y claro es bien sabido que todos los españoles vamos por la calle con montera y ella con peineta. Que no digo yo que ahora que hace fresco, y dado que soy de pelo distraído, no me vendría bien una buena montera para tapar la ideas.

– Vivir en la playa. En España hay playa, en toda España. La playa de Salamanca, la de Badajoz, la de Burgos… y todos morenitos.

Somos españoles de palo… de palooooooooo

Noche de puertas cerradas

“Hay gente pa to” Seguro que esta expresión la habéis oído más de una vez, a más de una persona, en más de un contexto. A veces se dice para bien, pero la mayoría de las veces se dice para mal. Como en este caso, que hay gente pa to y algunos son para echarlos de comer aparte (otra expresión).

Pero bueno, os cuento, que no se trata sólo de protestar, sino el explicar el porqué de mi desasosiego y desapego continuado hacia especímenes concretos de la especie humana (vamos que estoy hasta los huevos de cuatro gilipollas). Pues bien ayer a eso de las ocho y media la portera de mi casa (cosas curiosas, en Chile tenía seis hombres que ejercían de portero y en España sólo una y mujer… ¿mejor o peor? no sé) subió a informarnos que le habían robado su juego de llaves de todos los pisos del portal.

Bien no pintaba el tema, no creo que exista ningún coleccionista de llaves, ningún fetichista de llaves (llaverofilia) que las quiera para mirarlas, disfrutar de sus formas, deleitarse con su tacto. Para mí que lo que querían era robar. Ya lo dijo Ockam al cortarse con su navaja… lo más sencillo suele ser cierto. Pues nada que un malecho, un golfo apandador (qué gracia me hizo que Miguel Ángel padre se acordara de este nombre) quería pasar nuestras pertenencias a sus sucios bolsillos.

Muy mal, que uno ya va teniendo años y no está para sustos. En el fondo estamos tan metido en nuestra rutina que cuando algo cambia vamos correteando como pollos sin cabeza. La puerta de tu casa es como Gandalg con el Balrog… no puedes pasar. Y punto. Tu hogar, tu castillo, tu refugio… y miras la puerta con cara de pena y piensas ¿pero no éramos amigos? ¿por qué te vas con otro? ¡Tu puerta te quiere ser infiel!

¡Cómo duelen las rupturas! Y es que claro… lo tuyo con tu puerta era en la salud y en la enfermedad hasta que la llave nos separe. Y la llave la tiene otro. El amante bandido, o golfo apandador (me encanta el nombre).

Querida puerta, lamentándolo mucho yo presento demanda de divorcio cerrajero por medio. Esta noche quiero estar seguro que mi puerta está cerrada.

Regalos de San Valentín

Que sí, que ya sé que queda cosa de un mes para el díita de marras, y precisamente por eso quiero hablar de este tema hoy. Porque hoy es cuando se gestan los buenos regalos para ese día, con tiempo. A ver queridOs amigOs, o el grupo de vosotros que podéis pedir el menú para dos, lo primero que debo deciros es… que no os engañen. Eso de “mejor no nos compramos nada que tenemos que ahorrar” es mentira. Lo que realmente te están diciendo es “espero que me sorprendas con algo original, que te hayas currado y me encante”.

A estas alturas de la vida creo que ya todOs nos hemos dado cuenta de que lo que ellAs dicen no tiene nada que ver con lo que ellAs piensan o lo que ellAs quieren decir. Ni bueno ni malo, simplemente diferente. Porque tened muy claro que el caso de que alguno de vosotrOs, ingenuos de vosotrOs se os ocurra hacer caso omiso a eso de “así ahorramos” y pongáis un riñón de garantía para poder pagar en dos cientos cómodos plazos el bolso “ideal” que vio en el escaparate… os la ganáis… el bolso se lo queda… pero os la ganáis.

Para encontrar el regalo perfecto en estas fechas hay que ser ingenioso, romántico, economista, artista, innovador, atrevido, respetuoso, tradicional, apasionado, correcto… las tesis doctorales tienen menos dificultad. El regalo de San Valentín perfecto es un rumor, un mito urbano, como las tetas explosivas de la Obregón o la nocilla del señor Martin… que por cierto ahora que Ricky ha salido del armario me da a mí que la nocilla la pondría en otro sitio… cosas que piensa uno oye.

Y claro, ya entramos en los subjetivo que es todo esto. Que cada pareja es un mundo (hacer turismo en este caso no es recomendable por el bien de tu salud genital) que algo que a ti te parece horroroso puede ser el sueño de otra persona (igual así entendemos que la Duquesa de Alba se haya casado), pero vamos que hoy, mi compañera de trabajo me ha dicho que en ese día tan odiado para nosotros los solteros, me va a regalar… ¡una patata! Casi me caigo de la silla de la emoción, se me ha encogido el pecho, saltado las lágrimas, partido el alma… una patata… ays es el colmen del romanticismo, no volveré a mirar una tortilla igual. De patatas claro.

Curados de espanto

En serio, yo creo que a fuerza de ver las cosas ya nos vamos haciendo impermeables, ya las cosas no nos impresionan ni nos impactan ni nada de nada. Somos unos insensibles (insincero, dónde está mi mochila), unos desencantados y unos sosos. Y tú y tú y tú también… hala ya me he quedado agusto.

Pero es que es verdad, que ya no me impresiono ni me ilusiono, que voy por la vida con el precinto de garantía sin abrir y con el plástico de cobertura encima estilo teléfono de señor mayor que no sabe que eso se quita. Que me da a mí que si veo un elefante corriendo por la Castellana ya ni le hago una foto. Qué mal.

Y es que uno ya ha visto cosas, bastantes que no muchas, que tengo años pero tampoco como para jubilarme de sustos e impactos. Me da rabia, en serio. Y no voy a soltaros la cursilada de la inocencia de los niños. Paso, para cursis ya hay otros, los niños lo que pasa es que son ignorantes y punto. Que en cuanto aprenden a la mierda la inocencia. Inocente somos los que seguimos iendo a votar en las elecciones, los que tenemos la vista puesta años por delante y los que siguen sacando de la manga el jesusito de mi vida.

Que vale, que hay que ser abierto de mente, que hay que estar preparado para comerte la vida con lo que tengas a mano. A falta de tenedor bien valen palillos (y eso que los uso fatal), pero vamos… que pocas personas son capaces de soprenderme, y se echa de menos.

Fútbol con fatatas

Hasta Telepizza se suma al carro. Todo es fútbol. Fútbol hasta en la sopa. Fútbol con fatatas. Y digo lo de Telepizza por el famoso tweet de “desmentimos la noticia, no hemos fichado a Messi de repartidor” Vamos que si el año que viene al angelito (de gusto dudoso) le da por vestirse de naranja les va a faltar tiempo a los de Repsol para soltar algo en plan “no señora, aunque Messi parezca un butanero no le va a llevar las bombonas a casa”.

La gala del balón de oro (y sí, lo pongo con minúsculas porque para mí que la cosa no es para tanto) se parece cada vez más a la ceremonia de los óscars (también con minúsculas). Con su alfombra roja, con la gente de inteligencia “especial” paseando por la alfombra roja, con sus trajes horteras, con sus discursos aburridos, sus momentos emocionantes y emocionados y sus minutos de relleno interminables. Por cierto en España somos tan… mmmm… cómo decirlo… cutres vamos que nuestra alfombra roja la de los goya (rima fea) la pintamos de verde. Cosas de Heineken, pero vamos que hay que tomarse unas cuentas de esas para aguantar ese tostón.

Pero volvamos al fútbol que me voy por las ramas (como Tarzán) que a mí el fútbol me gusta, pero me empieza a pasar como con el queso de cabra, la cebolla caramelizada y el fuá (sí Iodia lo escribo así porque me da la gana), que me canso. Que lo ponen hasta en la sopa, que dentro de nada tendremos medicinas con sabor a cebolla caramelizada, fijo que alguna de estas tan de moda ahora para la tos, mocos o similares. Ya no preguntamos cuándo juega tu equipo, sino quién juega hoy. Vamos que el acomodamiento de atributos de Di María ha sido más comentado que el proceso soberanista de Cataluña. Conclusión señor Mas, si quieres tener más cuota de pantalla dedicate a tocarte los huevos y dejar de tocar los de los demás.

En fin que espero hoy desmarcarme pronto del trabajo, regatear a los jefes y lástima que no sea verano (en España) que sino pegaría un buen piscinazo. Ojo con las bodas de penalty.